lunes, 9 de enero de 2023

Los Robbins

 


Un día cualquiera, en Nueva York, Jaime estaba en su casa. Era un muchacho de veinte
años, muy solitario, tenía una mirada luminosa y solía vestirse de manera aburrida y nada
colorida, al contrario de varios años atrás, antes de aquel accidente…

Ese mismo día, en la madrugada, mientras él leía un libro, tocaron a la puerta. Jaime, algo extrañado por las horas que eran, se dirigió hacia la puerta y la abrió. No vio a nadie, tan solo una carta normal en el suelo, la cogió y cerró la puerta, la dejó encima de la mesa del salón dudando si abrirla o no. Al final decidió irse a dormir sin leerla. Varias semanas estuvo la carta sobre la mesa, hasta que por fin decidió abrirla. Dentro habían dos papeles blancos doblados, al desplegarlos pudo observar un billete de tren para volver a la ciudad donde antes vivía, y una reserva para un hotel en esa misma ciudad.


Se pensó mucho si ir o no, ya que no sabía quién le había mandado ese billete, ni por qué debería volver a aquella ciudad, donde ocurrió ese accidente.

Al final decidió ir, y a la mañana siguiente hizo las maletas y se dirigió rumbo a la estación. Una hora después, tras años de ausencia volvió a la ciudad en la que ocurrió el  accidente que durante tanto tiempo quiso olvidar.

Allí se instaló en el hotel en la habitación 2J, la que tenía reservada.

La habitación era muy oscura, con muebles antiguos y nada coloridos, se dividía en dos partes, el baño, y el dormitorio, con una cama bastante antigua y crujiente, y una mesita redonda con una silla. La habitación no le desagradó ya que iba con su estilo.

Al entrar al baño para ver como era, ¡casi se desmaya del susto!, había manchas de sangre por todo el suelo, en el espejo, otra con la silueta de una mano, y al lado estaba escrita también la palabra “AYUDA”, al ver esto Jaime salió corriendo del baño y cerró la puerta. Se sentó en la cama muy asustado pensando en todo lo que había visto. Cuando de repente, sonó el chirriante sonido de la puerta del baño, giró la cabeza y la puerta estaba abierta. Muy aterrorizado juntó todas sus fuerzas para volver a entrar.


Una vez dentro miró hacia el espejo y vio que estaba escrita la frase: “¿te doy miedo?”, bajó la mirada hacia el lavabo, donde observó que también había una foto de su madre desaparecida en aquella misma ciudad, el accidente que tanto quiso olvidar.

Jaime empezó a llorar desconsoladamente y se dirigió otra vez hacia su cama, pero esta vez con la foto de su madre desaparecida entre sus manos, y en la polvorienta alfombra observó entonces otra carta más, como la que recibió aquella madrugada en su casa, la leyó y vió que ponía: “Hola cariño, soy tu madre, entiendo que en este momento estés muy asustado, pero necesitaba decirte esto, he encontrado la manera de comunicarme con los vivos y sí, eso quiere decir que estoy muerta, se que pensabas que había desaparecido, como mucha otra gente, pero no es así, estoy muerta y necesito que te enteres de la verdad y el por qué, para ello quiero que entres a la antigua casa de los Robbins, nuestros antiguos vecinos, si no recuerdas la ubicación ve hacia la casa donde solíamos vivir y entra a la de la derecha, y no te preocupes en esa casa no vive nadie, lleva abandonada desde el primer día que “desaparecí”, bueno…mejor dicho, que fallecí. Allí encontrarás algo que no podrás imaginar pero para ello tendrás que revisar muy bien todas las habitaciones. La familia Robbins no son lo que crees…”


Al anochecer, Jaime decidió entrar en aquella casa abandonada. Jamás imaginó que en el polvoriento cajón de la mesa encontraría una foto de su madre, en la que estaban dibujados unos cuernos de demonio sobre su cabeza, y al lado una frase en la que ponía: “Mataremos a ese demonio”

Jaime inspeccionó primero el salón donde no encontró nada relevante, solo la foto que había en aquel cajón, luego la cocina, donde tampoco encontró nada más que telarañas, bichos, polvo y suciedad. Al terminar de revisar todas las habitaciones estaba un poco confuso ya que no había encontrado ninguna pista, solo esa foto.

Dirigiéndose a la puerta, observó unas terroríficas escaleras que conducían al sótano, el único lugar de la casa donde no había mirado.

Bajo poco a poco con su linterna, cuando terminó de bajar las escaleras, se encontró en una sala muy oscura y antigua, nunca había visto nada así.

Ya quería irse de aquel lugar, así que se dio prisa en verlo.

No encontró nada que le sirviera para su investigación, eso hasta que llegó al final de la sala.


Ahí se dio cuenta de que había como una especie de caja algo plana, pero muy alargada, estaba cerrada con cinta y con tres cuerdas atadas en diferentes partes. Jaime empezó por desatar las cuerdas, con muchísima curiosidad por lo que podía haber ahí dentro, pero a la vez con algo de miedo por lo que pudiera encontrar. Luego quitó la cinta y por fin abrió la caja, un papel largo tapaba la visión de lo que podía haber dentro, en el momento de ir a quitarlo observó entonces el desagradable nombre escrito con la tinta de un rotulador negro, algo corrido de el tiempo, aquel nombre por el que le entró un escalofrío: “ANA MARTÍNEZ”, el nombre de su madre, para acabar ya con ello, desplego el papel y vio….¡el esqueleto del cuerpo de su madre!


Salió corriendo a su casa lleno de rabia y tristeza. Lloraba muchísimo mientras corría hacia el hotel, lo más rápido que podía. Cuando llegó, aún llorando se dirigió al baño, al espejo en concreto. Se quedó mirándolo fijamente mientras contaba todo lo que había visto en aquella casa, con la fe de que el espíritu de su madre le estuviera escuchando. Minutos después, cuando ya lo había terminado de contar, no había señal de que su madre le hubiera escuchado y se fue del baño abatido, se dirigió a la ventana de su cuarto, reflexionando todo lo que acababa de pasar.

Entonces sonó un fuerte golpe que se dirigía del baño, Jaime corrió hacia allí, para encontrar otra carta de su madre, en la que ponía:


“ Ya sabes el motivo de mi muerte, pero no porque me mataron, y creo que deberías saberlo: una mañana , mientras tu estabas en el colegio, yo fregaba los platos, hasta que algo me tapo la visión, entonces me encontré atrapada en un saco, escuchaba a gente que me transportaban pero yo no sabia quienes eran en ese momento, cuando me quitaron el saco, me vi sentada en una silla, atada con cuerdas, estaba en una sala con la familia Robbins observándome y susurrando entre ellos, escuche que dijeron la palabra demonio, pero yo no sabía a que se referían, hasta que por fin me dijo el señor Robbin:”te hemos estado espiando durante dos años, hemos descubierto que eres un demonio y tenemos que matarte”, yo no entendía nada, el continuó diciendo: ”sabemos que hablas con un espíritu, eres un demonio”.  Así era, yo podía comunicarme con el espíritu de tu padre, así como estamos haciendo ahora mismo tu y yo, pero eso no me convertía en un demonio, sé que nunca te he hablado de tu padre ya que para mi era un tema muy duro hablar de su muerte, pero ya es hora de que sepas toda la verdad, el sufrió un accidente de coche dos semanas antes de que tu nacieras, y falleció, por eso nunca lo llegaste a conocer.

Ahora quiero que huyas y que no cuentes nada de esto, no quiero que acabes como yo por haberte comunicado conmigo. Cuídate.

Mamá."


Jaime decidió tomar justicia para su madre, sin contar que se había comunicado con ella.

Así mismo, se dirigió a la comisaría de policía y contó que su madre llevaba desaparecida mucho tiempo, y que él estaba viviendo en otra ciudad, pero que decidió investigar qué le había ocurrido. Les dijo que habló con los vecinos de alrededor de su antigua casa, y  la que estaba al lado de la suya estaba abandonada, asi que les explicó que se tomó la libertad de entrar a investigar, les dijo todo lo que encontró allí, y un equipo de policías partieron a esa dirección y comprobaron todo lo que les había contado Jaime con sus propios ojos.

Así se abrió la búsqueda de los Robbins para detenerlos, y dos días después los encontraron y finalmente se hizo justicia, los condenaron a 15 años de prisión.


Jaime se dirigió por última vez al hotel, frente al espejo le contó todo lo que había hecho a su madre, y ella se puso muy feliz y estuvo muy orgullosa de él.

Esa misma tarde Jaime partió a Nueva York, a su casa y empezó su vida de cero, dejó de estar encerrado en sí mismo. Comenzó  a juntarse con un grupo de chicos de su edad y su vida se llenó de felicidad y color.


Laura Ariza Peña 2°C


La habitación prohibida




Yo siempre había querido vivir en un castillo. Así que cuando leí en un anuncio que se había puesto un castillo a la venta no lo pude resistir.


Quedaba una semana para acabar las clases, por fin se acabarían los estudios  durante casi un mes y recibiríamos los regalos de Navidad. Como solo quedaban cinco días de clase mis amigos y yo empezamos a planear algo para acabar el trimestre. Como a mí no me alcanzaba el dinero propuse a mis amigos que si querían podríamos entre todos aportar dinero para alquilar el castillo tres días. Dijeron que sí de inmediato. 

Éramos seis amigos: Carolina, Julián, Roberto, Miguel, Sofía y yo, y nos fue fácil recaudar dinero, aunque quien más puso fue Julián, ya que era al que más le había entusiasmado la idea. Así que a mediodía del lunes tras terminar el instituto fuimos a hablar con el dueño del castillo y aceptó el dinero a pesar de que solo teníamos diecisiete años. 

La única prohibición que nos puso fue que no entrásemos a la sala que estaba a la derecha en la planta de arriba. La idea nos asustó un poco, pero de todas maneras ya habíamos decidido que íbamos a ir. Era una cosa bastante extraña porque Miguel era muy miedoso, a pesar de ser un joven de estatura alta para su edad y muy corpulento.

El jueves fue el último día de instituto. Sin demora nos fuimos al castillo y descargamos las mochilas y las maletas en un salón confortable, amueblado con varios sofás, por lo que bien podía ser un salón para pasar el rato. Para ello tuvimos que atravesar un pequeño jardín de estilo inglés con mucha vegetación. 

Había siete habitaciones en el castillo  y una de ellas era la prohibida. Cuatro habitaciones en la planta alta y en la planta baja otras tres. Yo me instalé en una de las de la planta de abajo, porque estaba al lado de la cocina y lo prefería. Como ya eran las ocho y media de la noche fuimos todos a cenar, yo decidí cenar un filete a la plancha. Solo pude cenar eso porque había muy poca comida como era de esperar porque en ese castillo solo vivía una persona. Así que a las diez ya estaban todos durmiendo menos yo, porque a pesar de tener bastante sueño quería aprovechar el silencio que se respiraba para ir escribiendo esta bonita historia.

A la mañana siguiente los chicos querían dar una vuelta por la montaña en la que se encontraba el castillo. Nos dirigimos a la boca del bosque, siguiendo el camino del jardín y vimos que de los árboles colgaban unas extrañas frutas amarillas, las cuales fuimos recogiendo para lavarlas en el castillo y poder comerlas. El bosque era precioso, e incluso  nos encontramos una bonita cascada que caía en un pequeño lago de aguas cristalinas, ¡parecía de película!. 

Una vez volvimos al castillo nos encontramos la puerta estaba entreabierta, lo cual era extraño ya que nosotros la habíamos cerrado incluso con llave. Cuando entramos nos quedamos perplejos por las pisadas que se encontraban en el campo de la gran alfombra roja que se encontraba en la entrada, e intentamos seguir la pista de las huellas, pero estaban un poco borrosas. Aún así se podía ver cómo subían por las escaleras de oscura madera. Sospechamos que eran de alguna cuidadora del castillo, pero sería extraño que no nos hubiese avisado, y además el castillo estaba en completo desorden después de nuestra llegada y no lo  había recogido. 

Decidimos dejar ese asunto a un lado, hasta que de repente unas horas más tarde escuchamos un terrorífico sonido que provenía de la habitación prohibida. Se había escuchado como si alguien se estuviera aporreando el solo contra la pared, nos reunimos todos en la gran sala de estar para averiguar lo que se encontraba en esa habitación, porque quizás otras personas hubiesen decidido llamar a la policía, sin embargo nosotros quisimos investigar lo que allí ocurría por nuestra cuenta. 

Cuando empezamos a organizarnos estábamos aterrorizados y a la vez con enorme curiosidad por saber qué se escondía detrás de esa puerta. 

A Roberto se le ocurrió que podríamos conseguir una cuerda gigante y trepar hasta la ventana, pero esa idea nos pareció descabellada y tras un largo rato reflexionando, Carolina propuso que fuésemos a buscar a la biblioteca que había en el sótano información sobre el pasado de este lúgubre castillo.

Después de bastante rato buscando, nos topamos con un libro que se diferenciaba del resto, era de un rojo deslumbrante y con números romanos dorados que aún medio borrados por el paso del tiempo indicaban que se había escrito en el siglo XIV. 

Decidimos abrirlo y hojearlo. Al leer pudimos descubrir de una vez por todas lo que escondía esa habitación tan tenebrosa. Supimos que en este castillo vivió una importante familia de la nobleza, y que a un conde le ocurrió un suceso muy extraño del que nadie sabía nada.

Había una teoría y era que el conde D. Antonio de Villaviciosa habría estado “jugando” a invocar diablos y una vez no invocó al diablo sino que invocó por error a la muerte.

En el momento en el que lo dijimos en alto las luces se apagaron repentinamente y Julián desapareció… No sin sentir pánico subimos corriendo a la habitación prohibida, y a pesar de que el dueño nos advirtió de que no entrásemos, nosotros decidimos ver qué se ocultaba tras la puerta.

En el momento que entramos nos encontramos con una estancia totalmente diferente al resto: las sábanas eran negras y mugrientas, los cuadros estaban torcidos y había telarañas en las paredes…parecía una habitación abandonada.

Seguimos investigando el lugar. Carolina se percató de que había un gran armario al lado de la puerta, y cuando lo abrió al instante se corrió la pared hacia el lado y se podía ver un pasadizo con unas escaleras que bajaban, nos invadía la intriga y todos quisimos entrar. La puerta secreta nos adentró en unas oscuras escaleras apenas iluminadas  con antorchas.

A medida que íbamos bajando el miedo corría cada vez más por nuestras venas, cuando terminamos de bajar nos encontramos con una jardín precioso lleno de alegría, muy diferente al que nos llevó al bosque. Había animales como ovejas y mariposas. Treinta minutos después encontramos a Julián bañándose en el río que pasaba por aquel hermoso jardín con cara de no saber nada de lo que estaba pasando.

Ya que lo habíamos encontrado decidimos irnos a recoger nuestras cosas e irnos del castillo y volver con nuestras familias.

Toqué la puerta de mi casa  y cuando la abrieron me ignoraron completamente, les hablé pero ni siquiera me miraban fijamente con los ojos, tampoco me escuchaban. Así que decidí llamar a mis amigos. Nos reencontramos todos en una plaza. Me afirmaron lo que yo sospechaba…¡ESTÁBAMOS MUERTOS! Entendimos que nos había ocurrido lo mismo que al malogrado conde. Entonces, para terminar, concluí diciendo:

"Hemos fallecido jóvenes pero hemos vivido la mayor experiencia de nuestras vidas"


Alberto Gómez Jiménez de Cisneros  2ºESO-C

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Regreso al pasado

 


En ocho años nunca había vuelto a aquel pueblo que, sin saber porque, me tenía tan asustada. No tenía ningún mal recuerdo de aquel lugar, o por lo menos, eso pensaba. Un día empecé a conducir y sin saber cómo acabé allí. Volví a aquella vieja y oscura casa que apenas recordaba y, en lo poco que recordaba, no había nada relevante.


Empecé a dar vueltas por el interior de la casa intentando buscar alguna foto o algún objeto que me recordara algo de lo que había pasado en aquel lugar. Lo único que recuerdo, es que estuve en aquella casa por lo menos dieciocho años y que en cuanto pude ahorrar el dinero que necesitaba me fui, dejando atrás a mi familia de acogida ya que lo único que hacían era darme razones para salir de allí. Dejé aquella casa sin mirar atrás y en el momento en el que salí de aquel pueblo deje el miedo entre aquellas paredes blancas y sucias que ya ni recordaba, lo único que recuerdo de ese momento es que fue la primera vez en mucho tiempo que me sentí libre.


Ahora mismo me cuesta creer que no recordara nada de eso ya que estuve en esa casa prácticamente toda mi vida. Fui hasta donde estaba mi antigua habitación por si había algo que recordara lo que había pasado, pero, cuando llegué no había absolutamente nada, solo una vieja estantería con libros viejos y llenos de polvo en los que apenas se distinguía el título. También había una vieja cama, mire debajo de ella pero lo único que encontré fue más y más polvo e incluso telarañas. Fui a la habitación de mis padres adoptivos y al igual que en mi habitación no encontré nada, era como si todo lo de aquella casa hubiese desaparecido por arte de magia.


En ese momento no entendía nada de lo que estaba pasando y decidí salir a la calle para ver si había alguien que me resultara conocido. Cuando salí lo primero que pensé fue en ir a la casa de mi vecina, pero recordé que la vecina se había mudado hace años. Me monté en el coche y fui conduciendo hasta la plaza del pueblo, y cuando llegué me encontré una gran pancarta sucia y llena de barro en la que ponía: “Si estás leyendo esto corre o irá a por ti”.

Cuando terminé de leer esa frase decidí ir al ayuntamiento. Mientras iba hacía allí pensé que era muy extraño no haberme encontrado con nadie. Cuando llegué al ayuntamiento, para mi sorpresa no había nadie. Solo estaba ese viejo edificio medio en ruinas lleno de grietas. Las puertas estaban abiertas y entre. Por dentro estaba aún peor que por fuera, estaba lleno de polvo y de telarañas, el suelo estaba lleno de papeles, las ventanas estaban cerradas y las puertas de los despachos abiertas.



Fui al despacho del alcalde para ver si encontraba alguna prueba de lo que había pasado en el pueblo. Cuando llegué estaba todo muy oscuro y decidí abrir la ventana ya que todavía era de día. Mire en la mesa, en todos los cajones y en los armarios. Lo único que encontré fue una nota que decía: “Si alguien encuentra esto por favor que llame a alguien que nos ayude”. 

En ese momento empecé a asustarme y salí corriendo de allí y me fui andando hasta el  centro de la plaza. Cuando estaba decidida a irme de allí y a no volver nunca, lo ví. Lo reconocí inmediatamente y eché a correr tras él, pero lo perdí al dar la vuelta a una esquina. Era Andrés, el único amigo que recordaba de allí. Volví al coche y empecé a dar vueltas por todo el pueblo pero no lo encontré. Estuve pensando mucho rato donde podía buscarlo, de repente me acordé del lugar al que íbamos cuando queríamos estar solos, la casa del

bosque. Fui corriendo hacia allí y cuando llegué subí las escaleras y allí estaba, en un rincón, fui corriendo hacia él y lo abrace. Él seguía igual que siempre, con su pelo castaño pero también un poco rubio y con sus ojos marrones y  azules.

 

Enseguida después de abrazarlo le pregunté qué había pasado y él me dijo que me lo iba a contar todo pero antes teníamos que salir de allí. Nos metimos en el coche y empezó a contarme todo lo que había pasado.  Me pregunto si recordaba el circo que había al lado del pueblo y le dije que recordaba muy pocas cosas de ese lugar y que no me acordaba de

ningún circo. Me dijo que parara el coche y que le dejara conducir, que me iba a llevar hasta ese sitio. 


Cuando llegamos empecé a recordar cosas, le dije que ya sabía porque le tenía tanto miedo al pueblo. Todo era por aquel circo. Fui recordando día a día todo lo que pasó allí. Andrés me preguntó qué era lo que recordaba. Le dije que recordaba a los integrantes del circo y algunas desapariciones de niños pero, nada más. Andrés me miró sorprendido y me empezó a contar lo que pasó el día que fui con él al circo. Me dijo que durante el espectáculo los integrantes del circo escogieron a ocho personas del público para que salieran a hacer un número especial. Uno de los elegidos era nuestro amigo Julio. Al principio todo iba bien pero de pronto empezó a sonar una música rara. Sacaron un cuchillo y cerraron la carpa del circo. Empezaron a matar a gente, entre ellos a Julio, tú y yo fuimos unos de los únicos supervivientes. Pero la policía no cogió a todos los integrantes del circo, uno de ellos escapó. Después de todo eso me dijo que a los dos días me fui del pueblo.


Yo me quedé sorprendida porque no recordaba nada de aquello hasta que él me lo contó.

Le dije ahora que me contara qué había pasado en el pueblo. Me dijo que hace una semana empezaron otra vez las desapariciones, el alcalde no sabía qué hacer y no podía pedir ayuda ya que habían cortado la línea telefónica. Tampoco podíamos salir del pueblo porque ellos estaban vigilando las salidas. Le corté un momento y le pregunté quiénes eran ellos. Me dijo que uno de ellos era el integrante del circo que escapó y los demás eran gente que él había reclutado para vengarse del pueblo por no haber podido matar a todas las personas de la carpa. Yo puse un cartel en la plaza por si alguien venía por aquí y el alcalde dejó una nota pidiendo ayuda antes de desaparecer. El único que queda soy yo y por eso tenemos que irnos ya. Corrimos hasta el coche y una vez dentro empezamos a escuchar ruidos. Venían detrás nuestra. Pisé el acelerador y nos fuimos de aquel pueblo para no volver nunca más. Cuando llegamos a la ciudad en la que yo vivía intentamos avisar a la policía pero no nos creyeron.


Lo único que podíamos hacer era seguir con nuestras vidas, aunque, cada día me levanté pensando si seguirán allí o si nos estarán buscando. Supongo que nunca lo sabré, a no ser que… un día vengan a buscarnos para acabar lo que empezaron hace años.

                                                                        Claudia Guerrero Juárez 3ºESO-D

Álbum


No escuchas nada. No ves nada. Tratas de abrir los ojos desconcertado, y dejas de ver negro para observar que todo lo que hay a tu alrededor es blanco, menos una bombilla cuyo cable es infinito, una manta, una puerta y un portátil.

Te incorporas y lo primero que te llama la atención es como vas vestido.

-Pantalones cortos con rayas y tirantes negros-. Van a juego con el oscuro color de tu pelo corto.

-No hace frío ni hace calor-.

Es cierto, pero no parece lo suficientemente importante como para preocuparte, de hecho parece que ya estás familiarizado con el entorno en el que te acabas de despertar.

Dejas de ver aquel extenso blanco, que parece no tener final, por un momento para comenzar a investigar los objetos de los que dispones, después de todo son lo único a lo que le puedes dar forma en ese vacío que te rodea.

Primero la manta, después el portátil, que parecía no funcionar, y acto seguido...

-Una puerta blanca-.

Efectivamente, aquel trozo blanco de madera con un redondo pomo es lo que más llama tu atención.

-¿Una puerta blanca?-.

Tras observarla durante unos momentos, te dispones a ir hacia ella dejándolo todo atrás.

Tocas el pomo, y en el instante en el que lo haces te quedas petrificado. No quieres dejar aquel extraño y curioso mundo en el que estabas, pero, ¿y si lo que hay tras la puerta es mejor?

Aquel razonamiento te basta para girar el pomo con determinación y cerrar los ojos antes de pasar por debajo del marco y empezar a escuchar una alegre melodía.

...

La melodía se intensifica mientras tus ojos se acostumbran a ver un enorme cúmulo de colores.

Logras distinguir tres voces familiares que te dan una cálida bienvenida a ese nuevo espacio que había tras la puerta, y parece que el episodio de neutralidad de hace apenas unos minutos es contrastado con emociones de todo tipo.

Tras la puerta hay un cielo de noche clara con estrellas, pero a la vez es una habitación con relojes, flores, y juguetes diversos, como si fuese la habitación de algún niño pequeño.

Las voces proceden de tres niños, que aparentan unos doce años cada uno, menos el más alto, que parece ser algo más mayor. Te hacen señales con los brazos extendidos.

A medida que te acercas, escuchas como hablan entre si, casi a gritos.

-Chicos, ¡Nero ha vuelto!-. Dice el niño más bajito, que parece llevar una camiseta mal cosida de cuadros. Su pelo llama la atención por ser muy despeinado, marrón y de longitud media.

-¿Nero? Menos mal, me comenzaba a preocupar por él-. Contesta inmediatamente el chico mayor. Este resalta por ser notablemente más alto que los otros 2 y tener el pelo bastante más corto, a pesar de ser del mismo color que el anterior chaval. Este modela una especie de pijama de rayas azules claro.

-Pff, ¡por mí como si no hubiese venido nunca!-. Termina de rematar una chica mientras se ajusta el lazo rosa de su largo pelo negro con aires de superioridad. En sus ojos se refleja que en verdad sí esta emocionada por el retorno del chico.

No encajas nada con este lugar, ni tu ropa, ni tu personalidad, ni tú, pero decides darle otra oportunidad.

Te acercas a ellos tratando de levantar la mano para hacer una acción parecida a la de un saludo, pero no lo consigues, y cuando ya estás a punto de llegar a tu destino, el niño de la camiseta a cuadros salta encima tuya, haciendo que caigas instantáneamente.

-¡Venganza por no haber venido antes a visitarnos!-. Ríe mientras te aplasta contra el suelo, dejándote ver el precioso cielo estrellado con más detalle.

-KEL, no le hagas eso a Nero, no creo que sea lo más educado cuando llevamos 2 años sin vernos-. Reclama el más alto.

¿2 años? Eso es mucho más de lo que recuerdo.

Bueno, realmente no recuerdas nada antes del espacio en blanco.

-Venga ya HERO, ¡seguimos siendo amigos de la infancia!-. Resopla KEL, aunque al final cede y se levanta para volver a tirarse a 2 cm de ti.

Cada cosa te resulta más confusa que la anterior.

-Callaros los 2, recordad que aún falta BIANCO por venir para que estemos todos-. Salta la niña del lazo en medio de la pelea entre los dos chicos.

-Oh, ELI tiene razón, Nero, ¿recuerdas a BIANCO?-. HERO te lanza la pregunta directamente, esperando una respuesta por tu parte.

Mueves la cabeza hacia abajo y la subes rápidamente, como para confirmar que recuerdas a BIANCO, aunque realmente no eres capaz de imaginar su cara, solo un vago recuerdo de su personalidad.

Tras responder la pregunta de HERO, miras que un poco más atrás de él se encuentra una oscura puerta, totalmente opuesta a de la que habías salido. Al venirte este pensamiento de similitud, giras hacia la pared detrás de ti, pero no encuentras nada parecido a una puerta. Solo un papel pintado color morado que rodea la habitación.

Logras fusionarte con el ambiente por un par de horas, aunque gracias al contraste entre personalidades, resultas ser bastante invisible en esa habitación, simplemente eres distinto.

-Hmm, ya llevamos aquí un rato, BIANCO debería llegar en no much...-. Suenan 3 toques suaves mientras HERO termina su frase.

-Vaya, eso no me lo esperaba, ¡Ábrele la puerta, ELI!-. KEL, estando aún tirado señala la puerta e inmediatamente ELI deja pasar al desconocido tras de ella.

Tu mirada se desvía inmediatamente a la preciosa corona de flores que rodea la cabeza de aquel chico, los colores rojo y rosa de las plantas combinan muy bien con su pelo rubio. Tiene 2 pequeños mechones que caen en el lugar de las patillas, sin embargo, en la zona de la nuca y parte trasera de la cabeza tiene un simétrico corte, que hace que estos resalten aún más.

Otro dato que te hace desviar la mirada a más abajo es el álbum de fotos que carga consigo, que parece estar bastante lleno.

-BIANCO, ¡mira quién está aquí hoy para acompañarnos!-. Saluda ELI tras cerrar la puerta, señalándote.

BIANCO se ve muy calmado y distraído al entrar, tanto que no parece notar tu presencia, y como es normal cuando llegas a un lugar, saluda a todos los allí presentes con una sonrisa que mueve su cara de forma que casi no se le ven los ojos.

Hasta que llega a ti.

Su cara pasa de ser feliz y calmada a una mezcla entre sonrisa nerviosa y preocupación.

-¿N-Nero...?-. Retrocede un paso, pero sigue con su intento de saludo nervioso.

No entiendes el porqué de esas emociones, pero sí que te fijas en que intenta esconder su álbum de fotos todo lo posible.

-Entonces, ya que estamos todos, ¿podemos comenzar a ver el álbum de BIANCO?-. Dice HERO en el momento más oportuno, logrando cortar un poco de tensión sin darse cuenta.

-C-Creo que he no deberíamos ha-hacerlo... E-es decir, no lo he ordenado antes de venir-. Otra mentira algo difícil de creer, sigues desconcertado con la situación.

-Que más da, como si no fuésemos nosotros los que salimos en las fotos, ¡JA!-. Remata KEL, haciendo que el plan inicial se mantenga a pesar de la sugerencia de BIANCO.

BIANCO parece aceptar su derrota, y decide ir junto a todos a la mesa de una de las esquinas de la habitación. Desafortunadamente, la única silla que quedaba libre era la de tu derecha, obligándole así a sentarse junto a ti.

Una vez el álbum está encima de la mesa, y todos estáis reunidos, comienzas a sentir algo de malestar, pero no dices nada y comienzan a abrir el libro de fotos.

Pasan las páginas.

Todos comienzan a reírse, señalan con el dedo diversos lugares mientras explican anécdotas.

Todos parecen estar pasándolo bien.

Menos tú. Tú y BIANCO.

Tu malestar va aumentando a medida que las páginas pasan. No entiendes nada.

Todas las páginas son negras.

Te levantas rápidamente, los chicos parecen no notarlo pero tu corres hacia una esquina y te quedas paralizado un tiempo.

De repente notas a alguien detrás de ti.

¿Bianco?

-¿Tú también las ves así, Nero?-. Su cara sigue siendo de preocupación, de fobia, de ansiedad, pero a la vez notas que hay algo que le reconforta.

No está solo. No es el único que no ve nada en esas páginas.

Levantas la cabeza y te giras hacia él, ¿puedes intentar preguntarle?, que va, no has dicho una sola palabra hasta ahora, se te dificulta decir apenas una vocal.

Poco a poco la leve música que sonaba de fondo va subiendo de volúmen, el cielo deja de ser estrellado y se convierte en negro, los juguetes desaparecen poco a poco, pero los chicos siguen sentados en la mesa, riendo como si no ocurriese nada.

El malestar sigue aumentando, logras identificar otro sentimiento que ha estado en ti desde que cruzaste la puerta, pero que ha ido incrementando con el tiempo.

El sentimiento de soledad

La única persona que parece sentir lo mismo, algo parecido, una pequeña similitud, es BIANCO.

Pero mientras estabas absorto en tus pensamientos y sentimientos, BIANCO ha llegado hasta la puerta negra por la que había entrado, y estaba a punto de salir.

Hay una última frase que BIANCO alcanza a decirte antes de cruzar la puerta.

-Es difícil explicar lo que es la soledad cuando no tienes a nadie que te escuche, ¿no?-.

BIANCO deja la puerta cerrarse mientras avanza.

Tu cabeza comienza a ver colores en todos lados, no logras identificar nada, ni dónde, ni cuando, ni porqué.

Te acabas desmayando.

...

Cuando despiertas...

No escuchas nada. No ves nada. Tratas de abrir los ojos desconcertado, y dejas de ver negro para observar que todo lo que hay a tu alrededor es blanco, menos una bombilla cuyo cable es infinito, una manta, una puerta y un portátil.

                                                                                        Alfonse Rodríguez Morales 3ºESO-A

El descendiente restringido

Varias semanas estuvo la carta sobre la mesa hasta que por fin me decidí a abrirla. Estaba dentro de un sobre color café, y en su esquina había un sello bastante raro, nunca lo había visto. Al parecer, la carta fue escrita en el sur de Escocia por un anónimo. “Voy a por tí, no trates de esconderte”.

Esa oración me dejó pensativo durante varios minutos. Al principio pensé que sería una broma, pero esa extraña caligrafía y ese sello tan poco habitual, me hacía dudar sobre la intención de este individuo. En el hipotético caso de que esta carta sea real, ¿cuál es la razón que hace a esa persona escribirme tan agresivamente? Justo este último mes ha sido el más tranquilo del año y en ningún momento he tenido problema con algo o alguien. A no ser que… pero no, eso era muy poco probable. No pude sacar conclusión alguna, así que guardé la carta bajo llave y salí afuera a tomar el sol y relajarme un poco.

Todo me volvió a quebrar la mente, Londres, la ciudad más importante del Reino Unido, tan poblada y ruidosa, no tenía ninguna posibilidad de transmitir un profundo silencio. Parecía que todo el mundo había acordado permanecer en casa ese día.

Ya por tercera vez en menos de veinticuatro horas, me asusté de nuevo. Un hombre alto, joven y misterioso permanecía quieto y de pie en la esquina más cercana de donde yo me situaba. Él iba vestido con un traje de chaqueta gris y una elegante corbata burdeos. De repente, empezó a andar hacia mí, y paró a medio metro de distancia, permaneció diez segundos en puro silencio. De cerca, parecía incluso mucho más atractivo y llamativo, poseía unos ojos marrones color café, al igual que el sobre de esa carta…

“¿Perdóneme usted, esto le pertenece?”, fue lo que primero hizo salir de sus labios, luego, sacó de sus bolsillos aquel sobre que yo mismo había guardado bajo llave hacía ya un rato. Quedé asombrado, ¿cómo era esto posible? "Sí, eso es mío", fue lo que respondí. El hombre me dio en las manos la carta y empezó a caminar en dirección contraria. Apenas dobló la esquina, eché a correr hacia casa para volver a meter la carta en el cajón.

Decidí permanecer en casa, aquel día estaba resultando bastante raro. De haber sabido que cosas extrañas iban a suceder, no habría abierto la carta. Unas horas después pensé, ¿y si voy a la oficina de policía e informo lo que me está pasando? Pero de repente un mensaje de texto llegó a mi móvil que decía: "No te vayas demasiado lejos, ya estoy cerca". Entré en pánico, qué es lo que yo había hecho.

Diez segundos después de haber leído el mensaje, me asomé a la ventana y vi otra vez a aquel hombre. Permanecía quieto al otro lado de la calle con una enorme mochila, parecía estar enfadado. Empezó a caminar hasta la puerta de la entrada, en cuanto llegó, gritó: "¡ABRA USTED LA PUERTA WILLIAM BRUCE!" Él sabía mi nombre a la perfección, osea que probablemente ya le habrían hablado de mí y de mi familia…

"¡NO ME OBLIGUE A TIRAR LA PUERTA ABAJO!", gritó. Ni se me ocurriría la idea de dejar pasar a mi casa a ese hombre, ahora mismo parecía estar realmente loco. Fui corriendo hasta la habitación para poder esconderme, y desde allí grité: "¡¿QUÉ ES LO QUE USTED QUIERE DE MÍ!?" Esperé a una respuesta clara y concreta, y así fue, porque lo que este señor quería de mí era acabar con todos los Bruce que quedábamos en el país.

Mi familia paterna, hace varias décadas era una familia muy importante en el Reino Unido. Poseía una de las empresas más notables en el mundo, y tenía una gran relación con la familia real británica. Por ello, mi padre, mi tío y mi abuelo, quisieron hacerse con el poder absoluto en el territorio para hacerse dueños del país. Fallaron, aquel golpe de estado hizo que el resto de la familia debiera ocultar su verdadera identidad para no ser capturados. El país entero nos ve como una amenaza que debe ser censurada y tratan de buscarnos para condenar aquel intento de toma de poder. 

Hace varios años que vivo en Londres y he conseguido falsificar mi nombre, cambiar mi número de teléfono, cambiar el pasaporte por si me viese obligado a salir del país, y he conseguido un trabajo como bibliotecario en una zona algo más apartada de la ciudad. Pero finalmente me han encontrado.

Me parece injusto que por culpa de familiares tengan que venir a por mí y condenarme por el simple hecho de ser un descendiente de este asqueroso apellido. 

"¡SEÑOR WILLIAM BRUCE, ES LA ÚLTIMA VEZ QUE SE LO VOY A REPETIR, ABRA LA PUERTA Y DÉJEME PASAR!" Al parecer no iba a abandonar. Tras unos segundos de un tenso silencio, se escuchó como una bomba reventó la puerta y partes de las paredes, las ventanas y la decoración interior.

El señor entró, me obligó a salir de mi hogar y a subirme a la furgoneta negra que permanecía aparcada en el callejón de al lado de mi casa. Tenía que idealizar un plan para poder escapar o me condenarían a cadena perpetua. 

Sin tener más que elegir, ahorqué y maté a este señor de chaqueta gris. Me puse al volante y volví hacia mi casa para recoger mis posesiones más fundamentales e importantes, entre ellas la carta para no dejar rastro, y dirigirme hacia el aeropuerto.

Allí cogí un vuelo hacia Austria y ya por fin me liberé de la policía de este maldito país. Decidí construir un nuevo estilo de vida, aunque me llevó bastante tiempo poder volver a cambiarme el nombre, hacer un nuevo pasaporte y conseguir un trabajo simple y humilde.

Me fue bastante bien durante un tiempo, espero no volver a tener otro problema relacionado con el pasado de mi asquerosa familia.

                                                                            José Lozano García 3ºESO-B

La carta misteriosa

Al anochecer decidí entrar en aquella casa abandonada. Jamás imaginé que en el polvoriento cajón de la mesa encontraría un sobre cerrado. Tras la desaparición de mi hermano hace tres años, me dijeron que viniese a esta casa porque dejarían un sobre con pistas para saber donde se encontraba mi hermano. La casa estaba abandonada, estaba en mitad del bosque, solo tenía árboles alrededor. Por fuera, se podía observar que en las ventanas había agujeros como si alguien hubiese lanzado piedras o algo parecido y algunas otras tenían el cristal roto completamente, la pintura era horrible y estaba llena de humedad. La casa por dentro tenía muebles, sofás, sillas y mesas rotas, las escaleras crujían al subir y la barandilla de la escalera estaba rota. Quise abrir la carta donde encontraría pistas para encontrar a mi hermano pero no estaba segura de si abrirla o no, Después de unas semanas volví a la casa abandonada decidida a abrir el sobre y buscar a mi hermano. Pero la carta ya no estaba allí. Busqué por todas las partes de la casa, desesperada por encontrar la carta. Después de estar buscando la carta durante una hora, no encontré nada. Volví a mi casa y en el cajón de la mesa de mi habitación encontré una carta, fui corriendo a abrirla, y en la carta decía: “Si has encontrado esta carta es porque la otra la dejaste sobre la mesa y al no querer abrirla la escondimos en otro lugar, ahora con esta otra carta vas a tener que buscar la otra donde están las pista para encontrar a tu hermano. La pista para encontrar la otra carta es la siguiente: Todos los bosques son poderosos, algunos son temibles por profundos, por misteriosos, otros por oscuros y siniestros”.

Me di cuenta que lo que me quería decir la carta es que la otra carta no estaba escondida en la casa abandonada, estaba escondida en los árboles que la rodeaban. Fui en busca de la carta y la encontré entre dos ramas de un árbol justo al lado de la casa abandonada, la abrí y la carta decía: “Si has encontrado la carta, esto quiere decir que has resuelto la pista. Te queda poco para volver a ver a tu hermano, te dejo las pistas para encontrarlo: 1- Dentro de la casa hay unas escaleras y debajo una puerta pequeña, entra por ahí. 2- Después te encontrarás con unas escaleras que bajan a un sótano y allí habrá otra puerta, ábrela”.
 
Entré en la casa y abrí la puerta que había debajo de las escaleras pero tras esa puerta había otra que tenía una contraseña para poder abrirla y en la puerta ponía escrito “Mira abajo”, miré y me encontré con otro sobre, que decía: “Tienes un teléfono antiguo a la izquierda, cógelo pero no marques ningún número, solo escucha”. Miré a la izquierda y allí lo vi, un teléfono que nunca había visto antes, era negro y muy antiguo con una ruedecilla para marcar números, nunca había usado uno de esos pero no debía marcar ningún número así que, lo cogí e hice lo que ponía en la carta, escuchar. No se escuchaba nada pero al cabo de unos segundos escuché una especie de voz que decía: “Abre el cajón de la mesa y encontrarás pintado al revés el código de la puerta” y la voz dejó de hablar. Hice lo que me dijo y el código de la puerta era: 723651, lo puse en la puerta y se abrió, cuando iba a bajar elteléfono sonó y yo lo cogí, escuché la misma voz que decía: “No cometas el mismo error que yo, rompe el cable del teléfono y coge el auricular solamente y llénalo de tierra y cuando bajes mantente a la izquierda de la puerta, y cuando él baje, mátalo”. “¿Quién es el?” Le pregunté. Y la voz me respondió:” el secuestrador, que va detrás tuya a matarte para que no salves a tu hermano”. Le pregunté de nuevo: “¿Dónde está mi hermano? Y la voz me respondió: “hay una alcantarilla, está ahí escondido, ábrela y sácalo”. Y el teléfono se cortó.

Hice lo que me dijo, corte el cable, cogí el auricular y lo llené de arena. Cuando abrí la puerta se encendió la luz, una luz que parpadeaba, las escaleras crujían al bajar y las paredes del alrededor estaban llenas de humedad, cuando llegué abajo había otra puerta de metal, no se escuchaba nada al otro lado de la puerta y en cuanto la abrí, me escondí a la izquierda de la puerta y después de unos segundos, escuché unos pasos bajando por las escaleras. Apareció el secuestrador con una máscara y entero de negro con un hacha, me intentó dar, pero la esquivé y el hacha se le quedo clavada en la pared y yo le di en la cabeza con el auricular del teléfono lleno de arena, lo maté.
 
Después fui a la alcantarilla del suelo para ver si mi hermano estaba allí escondido y allí estaba él con su mirada profunda. No sabía que cambiaría mi vida para siempre. Llevaba tres años sin verme y en cuanto me vio le cambió la cara por completo, se puso a llorar dándome un abrazo y diciéndome: “sabía que volverías a por mí, te quiero”.
 
Tras años de ausencia volvió a la ciudad en la que sucedió el accidente que durante tanto tiempo quiso olvidar. Mi hermano no podía aguantar más tiempo allí donde estaba y nunca iba a olvidar como hace tres años una furgoneta negra se paró y lo metió dentro de ella, ni tampoco el lugar donde estuvo viviendo durante tres años y al secuestrador bajando una vez a la semana para darle algo de comida para que mi hermano aguantara vivo hasta que yo llegara a intentar rescatarle. Mi hermano estará conmigo ahora, pero nunca olvidará esos tres años que estuvo allí.

                                                                             María Catalán Márquez 3ºESO-B