miércoles, 3 de noviembre de 2021

La brújula que marcaba el Sur

Muchas veces creemos que más en nuestras deducciones que en los propios hechos, por esa razón yo sigo en Devon y no sobre las vías del tren de Exeter a Londres.

Pero ahora no os hablaré sobre mí, os hablaré de Richard Perkins, un expolicía y veterano de la segunda Guerra Mundial que reside al norte de Devon en una antigua Mansión de principios de siglo. Vive con su sirvienta Margaret Wilson y un par de perros de caza, sale poco y bebe mucho, por no decir que el alcohol constituye el setenta por ciento de su cuerpo.

Nos situamos en una tarde del verano de 1954, el señor Perkins estaba mirando unas fotos del accidente de 1952 en la estación de Devon. De repente, entró Margaret a la habitación y le dijo que no se hundiese en el pasado y que viviese el presente. Perkins dejó caer la instantánea, se levantó del sillón y le dijo a Margaret: ¨Usted tiene razón, quédese con la casa y el dinero que haya dentro, hoy mismo cogeré el primer tren hacia la estación de Devon City¨.

Tras años de ausencia volvió a la ciudad en la que sucedió el accidente que tanto quiso olvidar.

Dispuesto a averiguar la verdad, se dirigió a su antigua estación de policía donde preguntó por el accidente. El teniente Taylor se ofreció a ayudarle en su investigación. Comenzaron revisando los supervivientes y fallecidos, entre ellos se encontraba la unidad entera de policía de Perkins, todos muertos. No se encontraron restos humanos: una terrible explosión. Perkins empezó a contar la historia:

Un informante anónimo nos dijo que había cincuenta toneladas de explosivos bajo la estación de Devon City, ¿Usted sabe lo que puede hacer esa cantidad de explosivos? Por ese motivo fue todo el cuerpo. Yo iba con mi compañero Alan cuando vimos a un señor sospechoso con un detonador en la estación, le grité, pero no vino, así que fui a por él. Alan se quedó en la estación buscando los explosivos. Yo me dirigí hacia el sujeto, él salió huyendo de la estación y naturalmente, yo le seguí, cruzó un par de esquinas cerca de la plaza Regan y se esfumó. Dejó una nota en la que ponía una dirección, de inmediato fui a comunicarle el hallazgo a Alan, pero de camino explotó la estación llevándose la vida de 128 personas, entre ellos Alan y mi cuerpo de policía. Después de la explosión desperté en el hospital Ashcroft y les pregunté a los médicos qué había pasado y me respondieron que había tenido mucha suerte, que un trozo de hormigón del tamaño de un balón de fútbol me había dado en la cabeza. Entonces metí la mano en mi bolsillo para darme cuenta de que la dirección había desaparecido, solo recordé la calle Tower Street. Fue bastante extraño porque recordé haber visto aún hombre vestido con una gabardina beis a los pies de mi cama justo antes de desmayarme otra vez. Dos días después cuando me recuperé de la conmoción, me dirigí a la casa de Alan inicia a su mujer, Rose .Ella se echó a llorar en mi hombro, le prometí Y al asesino de su marido, ilusa de ella me creyó.

Cuando empecé la investigación Me asignaron un compañero llamado Harry, notoriamente lo primero hicimos fue ir casa por casa por aquella calle del diablo. La mitad de las casas estaban vacías, pero hubo una que nos llamó la atención: era una familia, la familia Wilson. Nos invitaron a entrar a la casa Entonces después nos dijeron que su hijo Steve se juntaba con exmilitares desertores, además nos contaron que su hijo llegó de Londres A la misma estación donde ocurrió el accidente.

Eso le bastó la policía para detenerlo a la soga, pero algo en mí decía que no era él. Después me mudé a una mansión alejada de todo aquello y seguí con mi vida.

El teniente Taylor, le miró Y le dijo: ¿Cuál era el nombre de la familia?

Perkins le respondió: Wilson

Entonces el teniente le dijo a Perkins: ¡Maldita sea¡, Wilson es el apellido de soltera de mi exmujer, Margaret Wilson, fue atropellada en el accidente, Fue un tren que iba directo a Londres.

En ese instante Perkings se quedó petrificado; me había descubierto. Rápidamente volvió a su mansión, solo para verla arder, pero en el suelo le dejé una nota: "Gracias por el dinero. Atentamente, Margaret Wilson".

Contraté a un actor y le especifiqué lo que tenía que hacer para escapar de Perkins; después fingí mi muerte sacándome sangre y colocándola en las vías junto a trozos de carne de cerdo. Después presenté mi currículum para trabajar de sirvienta en la mansión de Perkins. Coloqué una foto del accidente en su mesa y basándome en el sentido del honor de Perkins pude deducir que me dejaría su dinero porque no tendría pensado volver.

                                Jesús Tamayo Jurado (3ºESO-C)

                    

Verdad o reto

¡Riiiing¡¡Riiiing¡-Sonaba el depertador, y automáticamente me levanté como un resorte.

Os pongo en contexto: Me llamo Beth, hoy es mi primer día de universidad y la verdad estoy muy nerviosa, pero no porque tenga que trabajar más y me tenga que ir lejos de casa por mucho tiempo, a eso estoy acostumbrada, es más por el hecho de tener que compartir habitación con alguien. Resulta que yo soy una persona un poco… no sabría cómo decirlo pero me agobio muy fácilmente y que mi compañera de habitación fuese una persona molesta, no ayudaría.

Rápidamente me hice una coleta alta e hice un intento de maquillarme, y digo intento porque con toda la prisa que tenía no es que tuviese mucho tiempo para eso.

Bajé las escaleras intentando no caerme por la velocidad a la que iba, mi madre llegaría dentro de 15 minutos y todavía tenía que desayunar.

                                                     

Cuando llegamos a la Universidad (la cual estaba a unos 20 km más o menos de mi casa) mi madre lo primero que hizo, en vez de ayudarme a llevar las cosas fue correr hacia la habitación que me asignaron para ver si con suerte conseguía visualizar a mi compañera de habitación.

Con un poco de dificultad, conseguí cargar dos cajas en un solo viaje y no fue sino hasta que acomodé estas que pude divisar a tres personas en la habitación, una de ellas mi madre, con la boca abierta de par en par y sus ojos abiertos como platos, otra era una chica con un tatuaje que le llegaba del hombro hasta el codo (genial), y con múltiples piercings en la cara (más genial todavía) … y por último…allí estaba él con su mirada profunda. No sabía que cambiaría mi vida para siempre.

Estaba leyendo un libro cuya portada me resultaba familiar…espera, ¿está leyendo orgullo y prejuicio? Definitivamente tengo que hablar como sea con ese chico…

Estaba tan ocupada idealizando a ese chico cuyo nombre sigue siendo una incógnita hasta que la voz alarmada de mi madre me sacó de mis pensamientos abruptamente haciendo que de un pequeño brinco sobre el sitio debido a asombro.

-¡Nononono de ninguna manera, vamos a ir ahora mismo a reclamar a la universidad que te consiga una nueva habitación ahora mismo!-Exclamaba mi madre mientras jalaba de mi brazo con una fuerza que hasta ahora desconocía.

-Mamá, está bien, no les conocemos de nada, no está bien juzgarles -Mi madre me miraba incrédula con sus ojos azules que normalmente solían transmitirme

paz. - Mamá…- Continué -Dame 1 semana, si resultan ser tan “macarras” como aparentan serlo te juro que te llamaré y haremos todos los trámites que haya que hacer para cambiarme de habitación o incluso de universidad si es necesario.

La miraba de mi madre poco a poco se iba ablandado y la vena que estaba remarcada en su frente desapareciendo.

Sin decir alguna palabra más, se dirigió hacia el coche y me ayudó a descargar el resto de cajas. Quería quedarse a “acomodar la ropa pero sabía perfectamente que lo que quería era quedarse a vigilar a mi compañero cuyo nombre resulta ser, Tessa, y el del chico que la acompañaba era Paul.

Se hizo la noche y Tessa entró muy arreglada; con un vestido rojo vino que deja al descubierto una de sus morenas piernas , con sus ojos amarillos ámbar decorados con máscara de pestañas y un ligero tono rosa sobre sus párpados. Se acercó a mi y me dijo :

-Elisabeth arréglate ahora mismo que nos vamos a la fiesta de inauguración del primer año. -Soltó

-Uhmm pero no han anunciado nada sobre…-Antes de poder terminar la frase se adelantó a mis palabras y dijo:

-Nadie a dicho que la fiesta la organizase la universidad- Le dirigí una mirada incrédula y continuó- La fiesta va a ser en casa de unos colegas, y tú vas a venir porque me caes bien, y aparte si vamos a pasar tanto tiempo juntas tendremos que conocernos mejor. - Dijo guiñándome un ojo.

-Emm, está bien pero aún no he desempacado toda la ropa y no me a parecido sacar ningún vestido y aparte…-Iba a continuar diciendo que tenía que lavar toda la ropa pero nuevamente me interrumpió…

-No te preocupes por la ropa, tengo un vestido con brillos que te vas a caer muerta. – Afirmó y de su armario sacó un vestido grisáceo brillante de tirantes que siento que combinaría perfectamente con mis cabellos negros y mis ojos verdes. Tessa tenía una talla menos que yo lo cual era perfecto porque así el vestido podría ceñirse mejor a mi figura.

Conforme iba entrando, las miradas de todos en la sala se iban fijando en mí; bien sea por que nadie allí me conocía, porque iba acompañada de Tessa, la cual resulta ser bastante popular, o por lo grandiosa que me veía con ese vestido.

Sinceramente el lugar tenía un ambiente un tanto … macarra por así decirlo , o a lo mejor solo eran cosas mías al no haber ido nunca a una fiesta universitaria, la verdad es que se asemeja bastante a las de las películas.

Después de abrirnos paso entre la multitud, llegamos a lo que parece ser una sala de estar en la que pude distinguir a cierto chico rubio de metro ochenta sosteniendo en la mano lo que pude distinguir como un cigarro, ¿estaba fumando?, lo suponía, todo estaba siendo demasiado perfecto.

Su masculina voz me sacó de mis pensamientos cuando dijo:

-Ey…. ¿ Brittany?

-Betty - Corregí.

-Ahhh sí…Bueno a lo que iba, estamos jugando a verdad o reto, ¿te apuntas? -Su pregunta me pilló por sorpresa , pues no conocía a nadie más allí en la sala aparte de él y mi compañera de habitación , pero termine accediendo con un ligero asentimiento de cabeza sin saber porque, supongo que sería la emoción del momento.

- Está bien, parece segura de lo que está haciendo haciendo así que …¿qué tal si empiezas tú…Betty? – La mirada de la chica era desafiante pero ella no era lo que más me preocupaba , sino la clases de retos que me pondrían si escogía reto así que me decanté por verdad.

-De acuerdo, elijo verdad- Dije con más posible firmeza dirigiéndome hacia la hasta ahora desconocida .

-Está bien … ¿Alguna vez has tenido novio?.-Oh oh , me había pillado, para ser sincera nunca había tenido una relación mas allá de la que tuve con mi vecino cuando tenía 6 años , el cual curiosamente me dejó al día siguiente por mi prima. Recuerdo que intenté quemarle el triciclo que tenía pero para mí mala suerte no sabía encender un mechero…

-EHHH , pensándolo mejor elegiré reto…-Dije sin pensármelo dos veces. Error.

-Trinny no te vayas a pasar – Dijo Paul ,en vano puesto que el reto que se venía cambiaría mi vida por completo , creedme.

-Date un beso con Paul. – Dijo la que resultaba llamarse Trinny, por cierto no le pega, es un nombre de anciana. - Con lengua- La mirada de Paul parecía ser neutra , como si no le importase en absoluto.

Paul se levantó del sofá en el que segundos antes había estado sentado y se dirigió a mi , yo estaba estática en el sitio , no sabía que hacer ni cómo salir de allí sin parecer patética.

Su mirada hizo contacto con la mía mientras que mis mejillas se iban ruborizando.

Él se iba acercando mientras que yo seguía inmóvil sin saber como actuar hasta que de mi boca salió inconscientemente un “no pienso hacerlo” y me salí de allí lo más rápido que pude.

Llegué hasta lo que parece ser el jardín de la casa , allí había gente pero nada comparado con lo que había dentro . Paré a respirar hondo y relajar mis latidos lo suficiente como para poder ubicarme y volver a la universidad. Todo iba bien hasta que la voz de alguien me sacó de mi estado de paz.

-¿Qué te ha pasado ahí adentro?¿A sido por mi culpa?-Pregunta Paul a mis espaldas. Iba a contestarle justo cuando mi móvil empezó a vibrar: Mi madre

-Oye otro día hablamos sobre eso, tengo que cogerla-Dije señalando el móvil que estaba vibrando.

Al día siguiente…

La puerta está empezando a sonar … ¿quién demonios es ahora? Todavía es temprano no son ni las… ¡¿11 DE LA MAÑANA?¡ Oh por dios se suponía que hoy me harían un tour por la universidad AARGHH maldita fiesta.

Vuelven a tocar la puerta .

-¡VOOY¡ -Grito mientras intento ponerme los pantalones encima de las zapatillas, imposible .

10 minutos tardé en prepararme , tiempo en el cuál volvieron a tocar unas 5 veces más.

Cuando abrí casi me caigo de la impresión al ver allí a Paul unas llaves de coche en su dedo índice.

-Nos vamos.- Dijo , a lo que yo me limité a asentir y seguirle , total , a estas horas ya se habrá acabado el tour.

Paul estuvo conduciendo por unos 45 minutos en los que estuvimos conversando sobre sobre cosas cómo la carrera que estudiamos, a que nos queremos dedicar… etc, resulta que estudia psicología, no es que lo juzgue por su apariencia pero pensé que estudiaría algo menos serio…

Al rato llegamos a una especie de embarcadero junto a un río, la vista era bastante bonita era un lugar bastante reservado, no entiendo porque me trae aquí.

En los 15 minutos que llevamos aquí no hemos dicho nada , yo me permito apreciar mejor el paisaje y él de vez en cuando me mira con un semblante serio que a veces llega a incomodarme , sé en lo que está pensando a si que cuánto antes me lo pregunte , antes podré volver a la universidad.

-Adelante , suéltalo-Dije mientras tenía mi vista perdida en el río.

-¿Qué pasó?- Preguntó sin pelos en la lengua.

-Pues verás … no es que estés en la lista de las personas a las que les contaría esto pero… nunca he tenido novio, bueno no un novio cómo tal y bueno al no haber tenido novio tampoco he dado mi primer beso y….- Antes de que pudiese terminar la frase sus labios se fundieron con los míos en un dulce y tierno beso.

Podía sentir mis mejillas entornarse en un color carmesí. Todo estaba en silencio , pero no era un silencio incómodo , era algo agradable , pero este silencio fue interrumpido por su voz en el momento en el que dijo:

-¿Te apetece un helado?...

….

Han pasado casi dos meses desde Paul y yo somos… no sé lo que somos pero me gusta . Hoy me ha llevado a ver a su hermana , es parecida a él , tiene los ojos de un color gris y un lacio cabello rubio que ha sacado de su hermano , por la estatura que tiene , diría que no tiene más de siete años .Estuvimos hablando sobre una actuación que iban a organizar en su colegio y de que había una chica que no la dejaba ser cenicienta:

-Carmen , una chica de mi escuela , dijo que yo no podía ser cenicienta porque cenicienta tiene los ojos azules y los míos no son azules, Paul me dijo que le dijera que ella no podía ser una princesa porque está gorda y las princesas no son gordas.

-¿Le dijiste eso a Carmen?- Pregunté con asombro mientras le entregaba una mala mirada a Paul.

-Claro que nooo. Carmen no es gorda, se parece a cenicienta más que yo- Confesó con algo de tristeza-Paul dijo que podía cortarle el pelo si eso me hacía sentir mejor.

No pude aguantarlo más y estallé en risa.

Pasar tiempo con Paul se ha convertido de uno de mis pasatiempos favoritos , o mejor dicho en el único. Aún recuerdo un día de muchos otros en le que fuimos a ver el río en el que nos besamos la primera vez:

-Oye tengo algo que confesarte…- Me dijo mientras jugaba con sus manos

-¿Sí?

-Pues… verás se que llevamos mucho tiempo saliendo y…-Lo corté antes de que siguiese.

-Espera , ¿estamos saliendo? -Pregunté incrédula

-Ehh ¿sí?- preguntó algo dudoso-Yo solo me enrojecí, pero el continuó- Bueno a lo que iba , Beth , no soy bueno para ti, es decir , tengo malas juntas , fumo bebo , en cambio tu eres la perfección hecha mujer , es decir , tu notas no bajan del 9 , eres alegre , no fumas , ni bebes , y ayudas a los demás , y yo…-Dirigió su mirada al río.- Yo no soy nada de eso … y luego esta el echo de que ni si quiera le agrado a tu madre y…

Me permití acunar su suave rostro en mis manos y dejar un corto beso en sus rosados labios.

-No me importa, nada podrá cambiar lo que siento por ti.

-Te amo , mi querida Beth

Estábamos en mi dormitorio discutiendo sobre Darcy, personaje del libro "Orgullo y prejuicio", y sobre lo mal que trataba a Elizabeth , mientras que Paul observaba mis libros en las estanterías de espaldas a mí, cuando de repente su móvil se enciende debido a que le a llegado un mensaje de Trinny .No es que no confiase en él, pero por simple curiosidad leí el mensaje el cuál ponía :

-Esto está yendo demasiado lejos , tienes lejos , tienes que decírselo ya.

-Ven a las 19:00 al bar y lo hablamos.

No había entendido nada , supuso que no era nada malo a sí que decidí preguntarle a Paul quién seguía revisando mis libros.

-Oye Paul -Capté su atención y le enseñé el teléfono- ¿Qué es lo que está yendo demasiado lejos?.

El rostro de Paul empalideció de un segundo al otro , pero solo se limitó a coger el móvil , agarrar su chaqueta y soltar un “ya te lo explicaré” . Acto seguido abrió la puerta y desapareció de mi campo de visión.

“La curiosidad mató al gato” Quedensé con este refrán señores.

Entre por la puerta del bar en el que habían quedado Paul y Trinny y sorpresa mía cuando encontré allí a Tessa y a dos amigas más de Paul.

Trinny me regaló una mirada victoriosa y me dijo con una falsa sonrisa:

-Ven Betty , tengo que enseñarte algo que seguro que te va a gustar.

Me senté a su lado y justo en el momento en el que le dio play al vídeo , Paul apareció junto a uno de sus amigos , venía sonriente , pero en el momento en el que me vio, su sonrisa desvaneció por completo. El vídeo comenzó, y en él se podía ver que era de la misma fiesta de inauguración , es justo en el momento en el que yo salía de allí, se puede ver cómo sus amigos y la gente de alrededor se burlan de él por el hecho de haber rechazado su beso , todo parecía medianamente normal sino hasta que Paul dice:

-A Paul Scott nadie , le rechaza un beso , ¿Qué os apostáis a que consigo conquistarla antes de que acabe el año y luego le rompo el corazón?

Mis ojos comenzaron a humedecerse y mi vista se nubló .No quería continuar viendo el vídeo a si que salí a la puerta del local , necesitaba salir de allí cuanto antes , detrás de mí podía escuchar la voz de Paul diciendo que no era lo que

parecía . Cuando abrí la puerta me encontré que era de noche y estaba lloviendo muy fuertemente.

Perfecto , para darme más drama al asunto , pensé.

-Betty por favor escúchame -Me negué a mirarlo

-Dijiste que me amabas- Escupí

-Y lo hago-Dijo-Por favor Beth-Suplicó-, dijiste que nada podría cambiar lo que sentías por mí.

-Entonces supongo que los dos somos unos mentirosos.-Fue lo último de dije antes de salir corriendo en no se qué dirección , solo quería salir de ahí me daba igual a qué precio.

Todo estaba borroso , entre la lluvia … mis llantos , solo alcancé a ver lo que parecían ser unas luces de coche dirigiéndose a mi y escuché un último grito de Paul:

¡ELISABETH, CUIDADO!.

Y de repente todo se volvió negro

                                     Melany Leonor Martínez De las Heras  (3ºESO-C)           

martes, 2 de noviembre de 2021

As de picas

La muchacha abrió los ojos desconcertada. No recordaba nada. Ni su nombre, ni su edad, ni sus señas. No tenía cartera. Su reloj marcaba las 4:30, pero por la luz que la luna reflejaba sobre ella, pudo deducir que se había parado. La chica se encontraba en un precioso jardín lleno de flores, pero un infranqueable muro de ladrillos, de unos 4 metros de altura, se extendía hasta donde alcanzaba a ver, lo que le impedía salir de allí. Decidió andar en línea recta siguiendo aquel misterioso obstáculo. Caminó por varios minutos, incluso horas, pero su reloj, roto, no le permitía saberlo. A punto estuvo la chica de desistir, por más que avanzaba, todo eran flores y un interminable muro, pero en la lejanía divisó algo que le hizo continuar. Encontró una puerta de barrotes, como las que hay en muchas casas de campo. La puerta era extraña, decorada con motivos geométricos tales como círculos, corazones, cuadrados. Pero lo que más destacaba era una pica de póker muy grande en el centro. La muchacha se acercó a la puerta y empujó. Se le iluminaron los ojos al ver como esta puerta se abría poco a poco sin oponer resistencia, pero algo la hizo parar. En el suelo yacía una mera carta de póker, concretamente, un as de picas. La chica de golpe sintió un escalofrío y, aún teniendo la salida delante suya, se atemorizó tanto que perdió el conocimiento.


Era un martes cualquiera de octubre a las 11:24 de la mañana. No era ningún día especial. Yo me encontraba como siempre sentado en la mesa de mi despacho. Una mesa que no era demasiado grande, pero tenía el suficiente espacio para trabajar con tranquilidad. Tenía varios archivos bien ordenados alfabéticamente a la derecha, sobre distintos casos que habían sucedido recientemente. Me estaba tomando el café mientras hojeaba hojas sueltas, sin demasiado interés. Algo llamó mi atención. 

No soy más que un detective que trabaja en la policía, pero no soy nadie importante. Mi trabajo no se parece en nada a los detectives de las películas y series que detienen a grandes organizaciones y resuelven difíciles enigmas. Paso mis días resolviendo casos menores que no requieren de un gran intelecto para solucionarlos. Nadie sabe cómo me llamo, ni dónde vivo, ni mis gustos o aficiones, tampoco tengo grandes aspiraciones ni tengo una vida interesante. 

Pero cuando vi el resumen de aquel caso, me interesó tanto que no pude evitar leerlo entero. El archivo hablaba sobre unas recientes desapariciones. Eran gente ciertamente aleatoria pues no tenían nada en común: ni eran ricos, ni famosos, ni poderosos... 

Pero lo que me llamó la atención de aquel caso fue cómo, en las habitaciones de todos los desaparecidos, siempre se encontraba una única pista: una mera carta de póker, concretamente, un as de picas. No sé el porqué del interés que esto me generó, pero por primera vez desde que llegué a esa comisaría, me sentía motivado. 


Ese mismo martes por la noche, un joven universitario llamado Carlos se encontraba estudiando en su habitación, un pequeño cuarto que contaba con una cama al fondo y una mesa a la izquierda, justo al lado de una ventana. En la pared derecha se encontraba un armario empotrado, donde Carlos guardaba la poca ropa que usaba a diario y libros variados, pues le encantaba leer. Aquella noche, el compañero de piso de Carlos estaba fuera, así que el usual escándalo que la televisión del salón provocaba en todo el apartamento cuando su compañero de piso la veía, no se escuchaba. 

El único ruido que sonaba en la habitación de Carlos era el rítmico sonido de las agujas del reloj, que en algún momento, pararon. Carlos, que se había acostumbrado al sonido, se levantó extrañado a ver qué le sucedía al reloj. Las agujas marcaban las 10:43 de la noche. Miró su reloj de muñeca para poder ajustar la hora del de la pared correctamente. El reloj de muñeca estaba misteriosamente parado también, con las agujas marcando las 4:30. 

A la mañana siguiente, el compañero de piso de Carlos encontró en su escritorio una carta de póker, concretamente, un as de picas.


Al día siguiente me levanté temprano como siempre y bajé a desayunar. Vivo solo en una amplia casa de campo a 20 minutos de la ciudad. Es una casa de dos plantas con un gran salón, un comedor y una cocina en la planta baja y el baño, mi estudio y mi habitación en la planta alta.

Al terminar de desayunar, crucé el jardín y llegué hasta mi coche. 23 minutos exactos me toma llegar a la comisaría donde trabajo. Empiezo a trabajar a las 8 de la mañana usualmente pero ese día llegué algo más temprano, a las 7:40, así que decidí ir a hablar con el comisario sobre el caso del que había leído el día anterior.

No es muy difícil notar cuando el comisario está enfadado, y menos cuando está gritando histéricamente de un lado para otro. Cuando me acerqué a él se calmó un poco y entonces pude preguntarle sobre lo que pasaba.


-Ya van tres esta semana- exclamó. -Llevamos tres meses recibiendo constantes reportes de desapariciones y la única pista que tenemos son cartas de póker para parar un tren.


Le conté que estaba interesado en llevar a cabo la investigación de este caso y le pedí más información. Costó convencerle para que me ayudara, pero creo que mis evidentes ganas de trabajar en ello, le acabaron convenciendo. Me dio todos los detalles de las desapariciones y me entregó archivos más extensos que los que encontré en mi mesa el día anterior. Le dí las gracias y me marché rápidamente a mi escritorio, ansioso por leerlo todo.


Carlos se levantó sin recordar nada de lo que había sucedido, ni siquiera recordaba su nombre. No tenía nada encima, únicamente su reloj de muñeca, que se había parado marcando las 4:30. Se encontraba en un extenso jardín lleno de flores y rodeado por un alto muro de ladrillo que se extendía hasta donde alcanzaba a ver. Tras una larga caminata sin saber muy bien lo que estaba sucediendo, Carlos encontró a una muchacha rubia sentada al lado de unas margaritas mientras las miraba fijamente.


-¿Hola? -preguntó algo asustado Carlos.


La chica ni siquiera se giró a mirarle.


-¿Quién eres? -insistió.


-Ayúdame. Respondió sin dejar de mirar a las margaritas.


Carlos estaba a punto de articular una pregunta, pero perdió el conocimiento de repente.


Estuve dos horas leyendo documentos y comparándolos hasta que vi algo que me llamó la atención. La dirección de los padres de las víctimas. Parecía un detalle minúsculo que ni siquiera sé cómo llegué a notar, pero investigando descubrí que las direcciones que tenían los padres de las víctimas en sus DNIs no existían, pero todas tenían algo en común. La dirección de los padres de Carlos, el chico desaparecido la noche anterior, era: calle corazón, nº 7. La dirección de los padres de una chica desaparecida la noche anterior era: calle diamante, nº 5. 

Era evidente, no había ninguna calle en la ciudad que tuviera esos nombres, pero todos tenían en común que hacían referencia al póker. Encontré direcciones de la calle corazón, la calle pica, la calle diamante y la calle trébol.

Esto suponía un descubrimiento enorme, pues por fin había hallado un patrón entre las víctimas, así que inmediatamente me puse a investigar para descubrir cuál sería la siguiente víctima.


El reloj marcaba las 3:15 de la tarde cuando por fin encontré lo que buscaba. Muchas más personas tenían direcciones parecidas, todos tenían la calle de un palo distinto y un número que iba del 1 al 12. Examiné las direcciones de los padres de los desaparecidos en busca de un patrón, y lo averigüé. Cada persona desaparecida era el siguiente número impar (pues todos los pares ya habían desaparecido) y el siguiente palo, siguiendo un orden de: picas, diamantes, corazones y tréboles. Siguiendo este orden, sabía que la siguiente víctima sería alguien que viviese en la calle trébol, nº 9. Encontré una pareja cuya dirección correspondía a la señalada. Era un matrimonio bastante rico que llevaba una importante empresa de textiles. Tenían dos hijos, pero uno falleció en un accidente muchos años atrás. El restante se llamaba Lucas, y había heredado la empresa de sus padres. Entonces sabía quién era la víctima, pero no cuándo y dónde sería raptado. 


Le conté todo al comisario y aunque me costó convencerle, mandó agentes para que fuesen al domicilio de Lucas. El reloj marcaba las 4:54. Carlos volvió a despertar súbitamente en el mismo jardín en el que se desmayó, pero esta vez había alguien delante suya. Una mujer de unos 30 años trajeada, lo que le hacía imponer bastante, se encontraba delante de él. La mujer tenía el pelo corto y castaño, con los ojos del mismo color. Carlos se puso en pie y le preguntó qué sucedía. La mujer entonces le explicó su situación. Estaban completamente encerrados en aquel jardín que parecía un laberinto. Tenía una extensión abismal y un gran muro lo rodeaba todo. Además, si intentabas abrir la puerta que se encontraba en algún lugar de aquel infinito obstáculo que les impedía salir, se desmayaban sin motivo aparente. La mujer le explicó que llevaba allí dos semanas y recuerda poco más que su nombre. Despierta y se desmaya de forma arbitraria y, a veces, ve a más personas, pero casi nadie ha sido capaz de mantenerse cuerdo allí dentro. Además, nunca siente ni hambre ni sed, lo cual le parece muy extraño dado el tiempo que lleva allí.


Carlos se sintió atemorizado al no entender lo que estaba sucediendo, pero entonces la mujer continuó.

Recorriendo una kilométrica distancia hacia el centro del jardín, se encontraba una amplia casa de campo, una construcción de ladrillo decorada con símbolos de póker. La mujer explicó que una vez se acercó a la casa, pero al poner la mano en el pomo, perdió la conciencia y despertó de nuevo al lado del muro. Carlos seguía sin entender nada y la mujer lo notó. Rápidamente intentó cambiar de tema, y le preguntó por su nombre.


El reloj marcaba las 4:26 cuando Lucas se encontraba recogiendo su despacho para irse a comer. Lucas era un joven de veinte pocos años que había heredado una importante empresa textil tras la muerte de sus padres. Tenía el pelo rubio y los ojos marrones. Era un chico alto y delgado, y su poca masa muscular le hacía parecer incluso más joven de lo que era en realidad. Sobre él cargaba una gran responsabilidad, pero nunca le había preocupado, era una persona muy organizada e inteligente. Tras terminar de guardar todas sus pertenencias en una antigua bolsa de cuero, se dirigió hacia abajo por las escaleras, despidió a la recepcionista de su empresa y se fue a su casa. Se subió en el lujoso coche que su alto sueldo le permitía poseer, y lo arrancó. Miró su reloj, que marcaba las 4:30. Se quiso dar prisa, pues a las 5:00 había quedado con sus amigos para ver un partido de tenis, deporte del que era gran aficionado.  Al cabo de un rato, agobiado por el tráfico, miró su reloj para ver si tenía tiempo para llegar a su casa, dejar las cosas y marcharse a ver el partido. El reloj seguía marcando las 4:30, por lo que rápidamente entendió que se había parado, pero no le dio mayor importancia.


Cuando la policía llegó al domicilio de Lucas, a las 5:10 aproximadamente, encontraron la puerta abierta y su teléfono móvil encima de la mesa del salón, el cual empezó a sonar. Cuando descolgaron la llamada, un grupo de jóvenes preguntaban por el chico argumentando que era su amigo y que había quedado a las 5:00 pero no había llegado. Entonces un compañero del agente que atendía la llamada señaló al suelo, impactado. Allí se encontraba una mera carta de póker, concretamente, un as de picas.


Carlos tomó la decisión de investigar la casa sobre la que aquella chica, de nombre Laura, le había hablado. Se despidió de su nueva amiga y echó a andar hacia el centro del jardín. Tardó aproximadamente una hora en llegar a una gran casa llena de decoraciones de póker. Las persianas de la casa estaban echadas y no veía ninguna forma de entrar. Pasó un rato dando vueltas alrededor, cuando de golpe, vio una silueta que le observaba en silencio desde una ventana abierta en la planta baja. No llegaba a distinguirla muy bien, solo era capaz de ver sus ojos, profundamente negros. Luego la silueta desapareció y a los 30 segundos, se abrió la puerta de la casa. Una persona se asomó pero antes de que pudiera verla, perdió la conciencia.


A las 6:00 de la tarde, recibí una llamada del comisario, alertando sobre la desaparición de Lucas. Rápidamente, dejé todo lo que estaba haciendo y salí por la puerta. Llegué hasta mi coche y arranque para ir a comisaría. Cuando llegué, el comisario me explicó lo sucedido y me dijo que debía encontrar a la siguiente víctima, porque por fin sabíamos el patrón de las desapariciones y podríamos capturar al culpable de todo. Fui a mis archivos y busqué el nº11 de la calle pica. 


Cuando Carlos volvió a despertar, estaba en un lugar completamente distinto al jardín. Era un precioso salón con una decoración muy clásica y un gran piano en el centro. Por los grandes ventanales que daban al exterior, supo que era de noche, pero la habitación estaba iluminada por una ornamentada lámpara de techo y una vieja chimenea. Carlos estaba sentado en un sillón, pero era incapaz de moverse, su cuerpo no reaccionaba. Delante de él se encontraba la figura de un hombre alto y con ojos negros. El pelo corto y despeinado, del mismo color que los ojos. Sin embargo, tenía la vista muy nublada y era incapaz de discernir su cara. Antes de que Carlos pudiera preguntar nada, el hombre habló.

-Sé que no sabes dónde estás.- dijo una profunda voz. -Bienvenido a mi casa. Soy un humilde señor sin identidad que vive aquí apartado de todos. 


-¿Qué quieres de mí? -preguntó Carlos al borde de las lágrimas. 


-¿No recuerdas nada? -se extrañó aquel hombre. -Estamos en el nº 1 de la calle pica, ¿te suena de algo?


Entonces Carlos súbitamente sintió un escalofrío. Cuando él era pequeño, sus padres vivían en una urbanización de casas apartadas de la ciudad. Eran viviendas muy caras que sus padres pudieron costear porque eran gente influyente en aquella época. Era una urbanización creada por un multimillonario que solía jugar al póker. Entre sus muchos proyectos de inversión, creó aquellas 48 casas.

Un día, una familia muy modesta llegó a aquella urbanización. Eran amigos del dueño de las casas, y ante los problemas económicos que tenían los padres, decidió dejarles vivir en una mansión que nadie había comprado, la nº 1 de la calle pica, hasta que fuesen capaces de costearse otro lugar. 

Los ricos que allí vivían, vieron ofensivo que una familia con tan bajos recursos pudieran vivir cerca de ellos, que se sentían privilegiados por las casas que tenían. Ante este rechazo, la familia se vio enormemente rechazada por sus vecinos. Un día, mientras el niño de la familia jugaba al balón, golpeó sin querer el coche de uno de los ricos que vivían en su calle, destrozando completamente el parabrisas y abollando el capó. Tal fue la soberbia que sentían los vecinos hacia esa familia, que una noche tomaron medidas drásticas.


Era un día cualquiera de octubre a las 4:30 de la mañana cuando la casa nº 1 de la calle pica empezó a arder. Después de aquel incidente, y debido a la enorme influencia de aquellas familias, la policía hizo la vista gorda y se derrumbó toda la urbanización para no dejar rastro de lo sucedido. De aquella familia de pobres no sobrevivió nadie, o eso se creía, porque el hombre que se encontraba delante de Carlos era aquel niño que un día, jugando con él y otros niños de la urbanización, destrozó el coche de sus padres.

Después de aquel incidente, todos los padres murieron por accidentes y enfermedades y ya solo quedaban los hijos, que eran las únicas personas que sabían lo que allí sucedió realmente.


-Veo que por fin recuerdas. -dijo el hombre.


-Es imposible, tú deberías estar muerto. - exclamó Carlos aterrorizado.


El hombre se levantó de su asiento y le dio la espalda a Carlos. Entonces habló.


-Una persona puede morir, pero las ganas de venganza y el dolor que hay en ella, no.


La aparición del cadáver de Carlos, el chico que desapareció dos días antes, fue el colmo del asunto. Se encontró el cuerpo de aquel joven tirado en medio de la calle, cerca de la comisaría. No tenía ninguna herida externa y tampoco se le detectó veneno en la sangre. Es como si sencillamente se hubiese dormido. Entonces el comisario estalló. El tema se ponía cada vez más serio, y por si no fuera poco todo lo que estaba pasando, ese día desapareció otra persona más. El patrón había cambiado y no era la persona que se esperaba. Todo el cuerpo de policía buscó a las personas cuyos padres vivían en las calles indicadas para protegerlas y encontrar al culpable, al as de picas, que así habían bautizado por su modus operandi. 


Pasó un mes y seguían sucediéndose desapariciones. Aún con todo el cuerpo de policía volcado el caso, las cartas de póker seguían apareciendo y los hijos de los ricos seguían desapareciendo. En todas las casas, se descubrió que los relojes se habían parado a una hora muy concreta, las 4:30 de la madrugada.

Pero concentrado en el caso, el comisario olvidó un detalle. Aquel detective que un día le contó el patrón que seguían aquellas desapariciones. No recordaba ni su nombre, ni su cara. Todos los hijos de los ricos acabaron uno a uno en aquel hermoso jardín, y todos aquellos que descubrieron más de la cuenta, se encontraron muertos. Pero la policía no era capaz de encontrar al culpable. Yo no volví a aparecer por la comisaría desde aquel día.


Y nunca descubrirían quién fue, porque como suele pasar, nadie se acordaba ni de mi cara, ni de mi nombre, ni saben que vivo en una gran casa de campo a 20 minutos de la ciudad, decorada con símbolos de póker y con un enorme jardín. Nadie lo recordaba porque no era interesante, porque la gente tiende a olvidar y rechazar lo que no consideran importante, hasta que se arrepienten. Nadie sabría nunca nada de mí, y el que lo hiciese acabaría vagando entre mis flores para la eternidad y el único rastro que quedaría de él sería una mera carta de póker, concretamente, un as de picas.

                                                                
Mario Alcázar Palacios (3ºESO-F)

lunes, 1 de noviembre de 2021

Aquella caja


Al día siguiente, me despertó el sonido de mi alarma. Estaba muy cansada por la noche anterior; era sábado por la mañana y tenía ganas de abrir la caja. De repente sonó el timbre, me sorprendí ya que no esperaba visitas, bajé las escaleras y abrí la puerta. Una chica que no sabía quién era me saludó y me preguntó si podía entrar para hablar sobre un tema muy importante. Se llamaba Olivia y me dijo que me había visto salir de la casa la noche anterior. Por un momento me asusté y ella lo notó. Me dijo que estuviera tranquila, que esa casa llevaba ya tiempo abandonada, y a veces la gente hacía fiestas allí. En ese momento pensé que la caja que recogí solo era una caja de botellas de alcohol de adolescentes, pero se me pasó ese pensamiento cuando recordé el ruido que escuché anoche. Pensé que no podría ser solo eso y le quise preguntar pero, antes de yo decir nada, sacó un papel de su bolsillo y un lápiz, apuntó una serie de números:

-Toma mi número por si acaso, dijo con una sonrisa. Se levantó y se marchó por donde había entrado

 Empezaba a tener muchas dudas, sabía que había cogido esa caja, por que entro sin sentido alguno y parecía que me tenía que decir algo importante. No quise torturarme con extraños pensamientos. Me levanté de la mesa y me puse a hacer un café, como todas las mañanas. Después decidí ordenar toda la casa  y cuando me acerqué a la habitación, me paralizó el miedo y no quise entrar. Me armé de valor y finalment lo hice. No se había movido nada de su sitio. Me quedé muy sorprendida. Ayer se escucharon dos golpes en esa habitación. Decidí hacer un experimento. Antes de abrir la caja, la cogí y la cambié de habitación.

Esperé a la noche. Fui directa a esa habitación, abrí la puerta sin pensar en lo que podría encontrar. Sorprendentemente encontré la ventana abierta y me quedé, como si fuera una loca, quieta en la habitación parada en frente de la ventana viendo si había alguien cerca. Pude ver una figura pero era un gato, o eso pensé al principio. Por fin me decidí a abrir la caja pero alguien tiró una piedra a mi ventana. Me asusté mucho, fui corriendo a la ventana, pero la persona que tiro la piedra era más rápida que yo, así que solo cogí la piedra y vi que tenía una nota: “no abras esa caja es peligrosa”.  Me asusté por un momento y me puse a pensar de nuevo, qué de peligroso podría tener una simple caja, una caja de madera. Quise abrirla, pero algo me decía que mejor no, me bloqueé y me tuve que ir de la habitación.

  Como no podía dormir, me fui a ver la televisión. Había una película que hacía tiempo no veía y sin darme cuenta  me dormí. A la mañana siguiente, me desperté, pero esta vez no por mi teléfono, sino por un ruido en la habitación. Estaba ya cansada y por eso me acerqué lentamente a la habitación. Se escuchaba a alguien tras la puerta, me asusté y pensé en llamar a la policía, pero no había tiempo. Abrí la puerta de golpe y me sorprendí al ver a un chico más o menos de mi edad, más alto que yo, intentando abrir la caja, pero no podía. El chico también se quedó quieto sin decir nada, se acercó y le pregunté que si fue el de la piedra.  Me dijo que sí. Me comentó que la caja era muy peligrosa, pero dependía de en qué manos cayese y que tenía un gran poder para dominar a todos.  Pensé que era broma.

Aún me pregunto para qué quería en verdad la caja, qué tiene de bueno dominar a la gente; no podría caer en manos de cualquiera. No dijo nada más. Le insistí en que tendría que irse de mi casa o llamaría a la policía. Vi cómo se asustó y se fue rápidamente. Volví a la habitación, cerré la ventana, y me quedé en silencio mirando esa caja…  

                                                                    Lola Prieto Crespón (3ºESO-A)

Los secretos del arte

 Alberto no podía apartar los ojos del arma que lo apuntaba. Tampoco podía hablar.Estaba realmente asustado. No sabía qué hacer pero se tomó unos segundos para observar; su atacante llevaba la cara tapada por una especie de máscara un tanto abrumadora. Iba vestido todo de negro, algo desarreglado y, por su físico, podía intuir que era una mujer.

                                     

Echó un vistazo rápido al sitio donde estaba: era una casa vieja. No alcanzó a ver más porque las ventanas se encontraban tapadas con lo que podían ser trozos de madera y un único rayo que salía de entre unas maderas rotas le permitía saber que era de día. No recordaba mucho sobre sí mismo más que cosas básicas, menos aún sabía porqué estaba allí. Lo único que tenía claro era que tenía que actuar o moriría.

Pensó palabra por palabra qué decir y finalmente consiguió formular una pregunta:

- ¿Qué quiere de mí?

Su enemiga no pareció sorprenderse y tajantemente le dijo que él no era su objetivo. Eso le sorprendió y a la vez le alivió. Si él no estaba en el punto de mira de lo que estuviera ocurriendo, no le harían daño. Pero de pronto, un sentimiento de culpabilidad y preocupación le llenó por completo, ya que eso quería decir que había alguien más en peligro. De repente, sonó un golpe contundente, posiblemente de madera rompiéndose. Gracias a eso la mujer se sobresaltó girándose levemente en dirección a la puerta, dejando a Alberto su oportunidad perfecta y, como si recobrara la vida, se lanzó impulsivamente hacia ella, consiguiendo arrebatarle el arma.

Como si ya fuera libre corrió para salir fuera de la casa, le sorprendió no ver seguridad, nadie más para detenerlo y todas las puertas abiertas. Tras atravesar un par de pasillo salió al extrerior. Era todo vegetación, una casa en medio de una selva, pero no se detuvo a pensar y siguió corriendo. No tardó en cansarse y se paró apoyado en un árbol. Aparentemente nadie le seguía y ya había recorrido un largo trayecto, se giró a su derecha y para su sorpresa lo que vio fue como el cielo se fundía con el mar. Una cantidad impresionante de preguntas le golpeaban en la cabeza, sobre todo porque él no vivía en una zona de costa ¿a dónde le habían llevado?

Preso de la desesperación corrió hacia la costa para ver si encontraba a alguien. Con la mirada al frente no pudo ver una leve hondonada que había y cayó a trompicones hasta la suave arena. Dolorido, se levantó y se acercó al agua; no había nadie, tampoco barcos. En ese momento se dio cuenta de que no le sería tan fácil salir de allí, se encontraba en una isla. Ya no sabía qué hacer pero no le dio tiempo a pensar, de repente, una sombra apareció detrás de él, le agarró y durmió con un paño con una especie de anestesiante.

Se despertó en una habitación, tirado en el frío suelo y solo, posiblemente se encontraba en la misma casa. Esta habitación no tenía ventanas, pero la luz de las lámparas iluminaba la estancia. En ella había tan solo una gran mesa llena de papeles, no quiso pararse a mirarlos, fue directamente a la puerta harto de esta situación. Sin parar de pensar qué había hecho a quién más tenían raptado. La puerta no se abría y empezó a gritar, pero parecía que sus gritos se expandían en la inmensidad de la isla sin que nadie le escuchara. Por curiosidad fue a analizar los papeles, encontró fotos, contratos, mapas etc. En las fotos aparecían cuadros y él en compañía de otras personas. Por fin le vinieron imágenes a su mente, quién era y qué había hecho. De repente se sintió fatal e inmóvil, lo recordó todo.

Un mes antes su amigo Manolo le llamó para tomar algo en su casa. Allí vio un cuadro que le atrajo ya que él era coleccionista y Alberto empezó a analizarlo, puesto que él era un amante y entendido del arte, aunque su trabajo era de administrativo. Después de muchas pruebas su hipótesis era correcta y el cuadro que a su amigo tan barato le había costado valía millones. Alberto sin ninguna mala intención se lo contó a su compañera de trabajo, que también compartía su amor por el arte.

Ahora, por culpa de ese comentario, allí se encontraba secuestrado por su amiga, pero ¿Cómo podía haber planeado todo esto ella sola y porqué? Enfadado empezó a aporrear la puerta y a gritar su nombre, Enma, así se llamaba. La puerta se abrió de golpe y Alberto cayó al suelo. Allí apareció ella, que momentos atrás le estaba apuntando, pero ambos estaban desarmados ya que él despertó sin el arma que había conseguido. Ella se quitó la máscara y, en efecto, era su amiga, a la que al parecer no conocía tan bien. Ella se excusó y explicó que pertenecía a una banda que robaba obras y objetos valiosos y los vendían por precios inimaginables. Su trabajo de administrativo era una simple tapadera pues casi todo el dinero que conseguía era a través de los robos y al contarle Alberto lo del cuadro, informó a su banda y planearon el secuestro.

Tras explicarle ésto ella se dispuso a salir de la sala pero antes él le preguntó qué estaban haciendo con su amigo y qué harían con ellos. Como si no le hubiera escuchado desapareció tras un portazo. No entendió la situación, lo único que ahora podía hacer era intentar salir y ver cómo se encontraba Manolo. Trató de nuevo forzar la puerta, pero no era lo suficientemente fuerte para eso. Se detuvo de nuevo a observar los papeles, esta vez leyó todos los documentos apoyándose en las imágenes encontró varios errores en lo que había escrito, todo era acerca de la época, técnica, precio y ubicación del cuadro. Su fallo fue balbucear todo lo que iba pensando y separar los documentos erróneos de los acertados.

De repente, la luz se hizo más potente y la puerta se abrió. Apareció otra persona vestida igual que Enma, pero esta vez parecía un hombre y venía aplaudiendo. Alberto asustado se aferró a la mesa mientras el otro hombre se quitó la máscara. Era más o menos de su misma edad y un poco más alto que él, de pelo oscuro y venía sonriendo. Le dijo que habían escuchado todo lo que había dicho y gracias a él habían descubierto lo que les hacía falta y que les había dado la información que su amigo estaba guardándose y todo el análisis que no podían conseguir al no tener un experto de arte.

Alberto no daba crédito, había ayudado a esta banda y posiblemente condenado a su amigo. El hombre ahora con un tono más serio le dijo que se llamaba Carlos, que era el líder de esta misión y que tenía autoridad suficiente para hacerle esta propuesta. Se detuvo un segundo y extendió su mano hacia él preguntándole si se quería unir a ellos. Alberto retrocedió rápidamente para alejarse del hombre, y sin pararse siquiera a pensarlo, le gritó que no se uniría a ellos.

Carlos asintió y se fue dejando la puerta abierta. Alberto oyó unos gritos y salió corriendo a ver qué ocurría. Era su amigo, lo llevaban arrastrando otras dos personas enmascaradas. Manolo estaba herido por todas partes pero no parecía de gravedad y lo sacaron hasta una furgoneta negra y grande aparcada en la puerta de la casa. Una vez soltaron a Manolo, todas las personas enmascaradas se reunieron en la misma sala donde estaba Alberto, menos tres que custodiaban a su amigo. Entonces pudo contar y analizar que las personas involucradas en esta misión eran diez. Pasaron unos segundos y cuatro de ellos se quitaron las máscaras, entre ellos Enma y Carlos y dos desconocidos que al parecer ostentaban los puestos más altos. Se dirigieron a Alberto y le informaron que no llevaban mucho tiempo en el ámbito del arte y que las otras veces que habían preparado un golpe no se habían tenido que exponer tanto pero que ahora que lo habían hecho, enseñando sus caras y explicándolo todo, tenían que matarlos a ambos.

A Alberto no le había dado tiempo a reaccionar cuando ya lo tenían rodeado y lo llevaban a la furgoneta donde estaba su amigo. Los tenían atados pero podían hablar. Se contaron lo que ambos sabían y cómo podrían escapar. Acordaron que cuando abrieran las puertas atacarían a los enmascarados, pero no les dio tiempo. De repente el vehículo volcó. No se hicieron mucho daño pero estaban algo conmocionados. Las puertas se abrieron y apareció uno de sus atacantes herido, se quitó rápidamente la máscara y les dijo que los ayudaría a salir de allí. Sin mayor explicación comprendieron que tenían un aliado dentro de la banda. Esta vez era un chico joven, más bajito que ellos y pelirrojo, del accidente que él provocó quedó malherido de un brazo y se le veía bastante indefenso frente a sus compañeros, eso fue lo que pensaron Alberto y su amigo.

Y así a los pocos segundos de volcar apareció otra furgoneta donde los metieron y ataron a los tres, los dos amigos y su aliado. El joven empezó a llorar, lo único que pudo decir entre sollozos es que él no quería matar a nadie y que tenía que estar en la banda para conseguir dinero y repetidamente decía que los sacaría de allí. Alberto estaba desesperado, lo que podía haber sido su escapatoria ahora lo ataba a ellos si bien ya eran más para poder defenderse de los secuestradores. Le contaron su estrategia, aunque el joven no les escuchó inmerso en un llanto desconsolado

La furgoneta paró, las puertas se abrieron y frente a ellos había dos enmascarados, para su suerte no iban armados. Era su momento, intentaron lanzarse sobre ellos pero no estaban sincronizados y al estar los tres atados dificultó la maniobra; por lo que no consiguieron hacer nada. Ahora se encontraban en la costa frente a un pequeño barco, del cual se bajaron dos enmascarados pero vestidos algo diferentes y ellos sí iban armados. Alberto ya veía su fin, se acabó, sus cuerpos acabarían en el fondo del mar y su historia finalizaría con esta pesadilla. Los hombres que salieron del barco se acercaron rápidamente a ellos y apartaron a Alberto y sus amigos apuntando a los enmascarados, sus supuestos compañeros. Él no podía creer lo que estaba ocurriendo, miró al joven que estaba atado a él y que había dejado de llorar y sonreía. Alberto por fin comprendió que lo habían salvado, pero ¿quién?

Los que bajaron del barco esposaron a los secuestradores y se quitaron las máscaras. Eran un hombre y una mujer, altos y fuertes, que al parecer eran policías. Un segundo más tarde aparecieron más agentes con el resto de los enmascarados detenidos. Alberto pudo observar cómo tenían a Enma esposada junta a otras personas. Pasados unos minutos llegaron varios helicópteros que se llevaron a los detenidos y a ellos. Entre toda esta euforia y alivio el joven les dijo que se llamaba Francisco y que nada más entrar en la banda y ver lo que realmente hacían se arrepintió pero ya no podía salir de ahí, así que informó a la policía e hizo de topo para ellos durante esta misión y por suerte todo había salido bien.

Alberto y Manolo salieron sanos y salvos gracias a Francisco y la policía. La banda fue desarticulada tras ser todos detenidos.

                                                                               Carmen Morillo Muñoz (3ºESO-A)

¿Te quedas a ver las estrellas?

"Nunca he creído en los finales felices”, o eso decía ella antes de que él apareciera en su vida... Diana había tenido muchos momentos difíciles en su vida, pero el que más le rompió fue la muerte de su padre, hombre con el que había vivido momentos de los más felices de su vida y de los que ahora, sólo quedaba el recuerdo. Ella, tenía 16 años cuando eso sucedió, desde entonces han pasado ya dos años y quién siempre estuvo ahí para ella fue su madre y hermana, quiénes después de todo lo sucedido fueron las personas que le sacaron alguna que otra sonrisa, pero no volvió a ser la misma. Diana solía ser muy risueña y alegre, salía con sus amigas y hacía reír a los demás, era y es querida por muchos, pero ella tiene la sensación de que nadie volverá a hacerla tan feliz como su padre.

Bueno, todo empezó cuando Diana salió a dar un paseo allá por las seis de la tarde por las calles de un pequeño pueblo en Italia, de tanto andar se encontró con un gran prado cubierto de flores en lo alto de un pequeño monte donde revoloteaban los pájaros y se divertían las mariposas. Le llamó mucho la atención aquel sitio y se quedó quieta por unos minutos, asombrada por la belleza de ese lugar. Con curiosidad y sin pensárselo dos veces se adentró en el prado.

A la derecha había un columpio de madera que parecía viejo, pero todavía lo suficientemente resistente como para mantenerse en pie, a la izquierda una pequeña mesa, también de madera y un poco más adelante una fuente de agua cristalina y una pequeña casa para pájaros. Diana se sentó en el columpio y cerró los ojos, enredada en la brisa marina y el olor a flores silvestres.

Al abrirlos allí estaba él con su mirada profunda... no sabía que cambiaría su vida para siempre. Era un chico de ojos verdes y rizos castaños que se encontraba sentado en el suelo del prado al lado de ella. Él estaba mirándola con delicadeza y cuando Diana vio sus ojos verdes esmeralda por primera vez quedó impresionada. Ella no sentía miedo o nerviosismo porque un extraño se encontrara sentado a su lado, sino que, sentía algo bueno... no sabía qué era lo que sentía en realidad, pero estaba segura de que era algo bueno.

Diana se quedó observándolo un momento. El chico vestía un jersey de color marrón claro, unos jeans negros y unas botas también en marrón, sus rizos se movían desordenados por la brisa y estaba levemente sentado hacía atrás con las piernas extendidas. Su piel era delicada y tenía un hoyuelo en la mejilla izquierda, sus labios eran de un rojo pálido, su mandíbula estaba perfectamente estructurada y tenía varios anillos en las manos.

Diana creía que ese chico era la perfección en persona y que sus ojos eran del verde más bonito que jamás había visto, pero la pregunta aquí es: ¿por qué ese chico se había sentado a su lado así de la nada?

De repente el chico preguntó: “¿Te quedas a ver las estrellas?”, Diana estaba confusa pero aun así asintió. Así que, juntos se tumbaron en el suelo de aquel prado. Ya era de noche, Diana no sabía cuánto tiempo llevaba en aquel lugar, pero tampoco le preocupaba. Mientras veían las estrellas, ella le dijo al chico: “No me has dicho tu nombre todavía”, él le contestó: “soy Mateo, y tú tampoco me has dicho el tuyo” dijo él con un tono divertido, ella sonrió al escuchar su voz, era grave, pero a la vez, dulce y cálida y respondió: “Soy Diana... encantada”.

Después de eso, se quedaron en silencio, Diana de vez en cuando, giraba la cabeza para verlo de perfil mirando al cielo con una expresión tranquila y cuando ella no miraba, era él quién la miraba a ella. Ambos sentían como si, en ese momento, fueran las únicas personas despiertas en el mundo, como si no hubiera o importara nada más. Minutos después Mateo se levantó y antes de irse se giró y con una sonrisa le dijo a Diana: “espero volverte a ver” y tras eso desapareció entre la noche estrellada. Ella sonrió, aunque le pareció raro que él se fuera así de la nada y se quedó sola en aquel prado, escuchando las olas del mar… poco después Diana oyó las campanas de la iglesia que había en el pueblo, lo que significaba que eran los doce de la noche y rápidamente se levantó y se dirigió a casa. En el camino, sintió la necesidad de volver a ver a aquel chico y pensó que mañana volvería al prado y ver si lo encontraría allí.

Al día siguiente se dirigió al prado esperando volverlo a ver y al llegar lo encontró allí, sentado en el columpio como ella estaba el día anterior.

-“¡Hola!” - dijo Diana feliz al verlo

-“Hola, te estaba esperando” - respondió el chico con una sonrisa al ver a Diana.

-“¿Como sabías que iba a venir?” - preguntó ella confusa

-“No sé, solo tenía el presentimiento” - dijo Mateo.

Pasadas unas horas, volvieron a tumbarse en el suelo del prado como la noche anterior... y así hicieron durante más y más días, a Diana le encantaba pasar los días en el prado con Mateo y... Mateo con ella, aunque ella no lo sabía. Todas las noches conocían algo nuevo de cada uno, Diana descubrió que, en muy poco tiempo, él se había vuelto alguien importante para ella, no sabía cómo ni por qué, pero, probablemente porque le hacía sentir muy feliz y ella aún no se había dado cuenta.

Mateo logró hacer sonreír a Diana otra vez, algo que ella no había hecho desde la muerte de su padre. Él le hacía bromas, la llevaba a descubrir sitios del pueblo que ella no conocía, le ponía flores en el pelo...

A Mateo le encantaba verla sonreír, le encantaban sus pecas, su pelo, su risa, sus ojos... él pensaba que ella era perfecta y aunque no se lo decía, se lo demostraba con pequeños detalles. Una de las noches, Mateo le llevó a Diana una cinta de música con una nota, que ponía: “Creo que te he estado buscando toda mi vida sin siquiera saberlo”, Diana al leerlo miró a Mateo y le dijo con lágrimas en los ojos:

- Sabes... siempre he pensado que desde la muerte de mi padre nadie volvería a hacerme tan feliz como él... pero llegaste tú Mateo, cambiaste toda mi vida... Desde el momento en el que te vi a mi lado, sentí algo que jamás había sentido con nadie y sin conocerte aún. Has sido tú quien me ha vuelto a sacar sonrisas y a escuchar mi risa; eres tú quien me ha abrazado cuando me sentía mal; has sido tú quien me ha dado la mano y se ha sentado conmigo en la oscuridad sin la necesidad de arreglarme como intentan todos... fuiste un giro inesperado de la historia, Mateo

Mateo también había pasado por muchos momentos oscuros en su vida y estaba roto... pero todo el mundo intentaba arreglarlo. A veces, no todo se soluciona arreglando lo que no se puede, sino, sentándose en esa misma oscuridad con alguien y ese alguien para él era Diana. Tras esto Mateo le dijo a ella:

-Pensaba que éramos muy diferentes, pero a medida que iba pasando los días a tu lado me di cuenta de que en verdad... somos almas muy diferentes Diana... En realidad, no sé por qué ese día me senté a tu lado, solo sé que fue un impulso de mi corazón y que lo hice sin dudar. A lo largo de mi vida han pasado muchas personas, pero con nadie he sentido lo mismo que contigo... Nunca he sentido la necesidad de tener a alguien a mi lado para ser feliz, pero eso cambió cuando te conocí. Gracias, Diana, por dejarme entrar en tu vida tan de repente, por derramar mis lágrimas en ti y tú en mí, por confiar en mí en todo momento y por no dejarme nunca... Eres ese destello de luz que no sabía que aparecería...

Diana con lágrimas rodando por sus mejillas se lanzó a abrazarlo. En ese instante sintió la calidez de los brazos de Mateo, ella le miró a los ojos y dijo:

-Veo un para siempre en tus ojos.

Y así se quedaron durante unos minutos, fundidos en un abrazo que los convertía en un solo ser.

Cuando llegó la noche, juntos se tumbaron en el prado como hicieron el primer día que se conocieron y Diana le dijo: “Eres ese final feliz que siempre creí que no existía” ... Mateo tras escuchar sus palabras sonrió y le dijo: “Somos ese final feliz que ambos creíamos que no existía Diana”

Al final ambos se dieron cuenta de que sólo eran dos extraños atraídos por lo rotos que estaban, pero, él tenía el trozo que la complementaba y ella el suyo...

                                                                          Rocío Merino Del Río (3ºESO-A)     

martes, 9 de octubre de 2012

Lo inalcanzable



Un recuerdo con palabras de una fotografía en esa oscura habitación que acariciaba con estos brazos y el aliento procedente del espejo vacío. Descubrí una misteriosa emoción que ocultaba el suave silencio en la memoria de aquella sombra.

                                                                                                                  Joaquín Muñoz Guzmán 4ºB