miércoles, 2 de noviembre de 2022

Álbum


No escuchas nada. No ves nada. Tratas de abrir los ojos desconcertado, y dejas de ver negro para observar que todo lo que hay a tu alrededor es blanco, menos una bombilla cuyo cable es infinito, una manta, una puerta y un portátil.

Te incorporas y lo primero que te llama la atención es como vas vestido.

-Pantalones cortos con rayas y tirantes negros-. Van a juego con el oscuro color de tu pelo corto.

-No hace frío ni hace calor-.

Es cierto, pero no parece lo suficientemente importante como para preocuparte, de hecho parece que ya estás familiarizado con el entorno en el que te acabas de despertar.

Dejas de ver aquel extenso blanco, que parece no tener final, por un momento para comenzar a investigar los objetos de los que dispones, después de todo son lo único a lo que le puedes dar forma en ese vacío que te rodea.

Primero la manta, después el portátil, que parecía no funcionar, y acto seguido...

-Una puerta blanca-.

Efectivamente, aquel trozo blanco de madera con un redondo pomo es lo que más llama tu atención.

-¿Una puerta blanca?-.

Tras observarla durante unos momentos, te dispones a ir hacia ella dejándolo todo atrás.

Tocas el pomo, y en el instante en el que lo haces te quedas petrificado. No quieres dejar aquel extraño y curioso mundo en el que estabas, pero, ¿y si lo que hay tras la puerta es mejor?

Aquel razonamiento te basta para girar el pomo con determinación y cerrar los ojos antes de pasar por debajo del marco y empezar a escuchar una alegre melodía.

...

La melodía se intensifica mientras tus ojos se acostumbran a ver un enorme cúmulo de colores.

Logras distinguir tres voces familiares que te dan una cálida bienvenida a ese nuevo espacio que había tras la puerta, y parece que el episodio de neutralidad de hace apenas unos minutos es contrastado con emociones de todo tipo.

Tras la puerta hay un cielo de noche clara con estrellas, pero a la vez es una habitación con relojes, flores, y juguetes diversos, como si fuese la habitación de algún niño pequeño.

Las voces proceden de tres niños, que aparentan unos doce años cada uno, menos el más alto, que parece ser algo más mayor. Te hacen señales con los brazos extendidos.

A medida que te acercas, escuchas como hablan entre si, casi a gritos.

-Chicos, ¡Nero ha vuelto!-. Dice el niño más bajito, que parece llevar una camiseta mal cosida de cuadros. Su pelo llama la atención por ser muy despeinado, marrón y de longitud media.

-¿Nero? Menos mal, me comenzaba a preocupar por él-. Contesta inmediatamente el chico mayor. Este resalta por ser notablemente más alto que los otros 2 y tener el pelo bastante más corto, a pesar de ser del mismo color que el anterior chaval. Este modela una especie de pijama de rayas azules claro.

-Pff, ¡por mí como si no hubiese venido nunca!-. Termina de rematar una chica mientras se ajusta el lazo rosa de su largo pelo negro con aires de superioridad. En sus ojos se refleja que en verdad sí esta emocionada por el retorno del chico.

No encajas nada con este lugar, ni tu ropa, ni tu personalidad, ni tú, pero decides darle otra oportunidad.

Te acercas a ellos tratando de levantar la mano para hacer una acción parecida a la de un saludo, pero no lo consigues, y cuando ya estás a punto de llegar a tu destino, el niño de la camiseta a cuadros salta encima tuya, haciendo que caigas instantáneamente.

-¡Venganza por no haber venido antes a visitarnos!-. Ríe mientras te aplasta contra el suelo, dejándote ver el precioso cielo estrellado con más detalle.

-KEL, no le hagas eso a Nero, no creo que sea lo más educado cuando llevamos 2 años sin vernos-. Reclama el más alto.

¿2 años? Eso es mucho más de lo que recuerdo.

Bueno, realmente no recuerdas nada antes del espacio en blanco.

-Venga ya HERO, ¡seguimos siendo amigos de la infancia!-. Resopla KEL, aunque al final cede y se levanta para volver a tirarse a 2 cm de ti.

Cada cosa te resulta más confusa que la anterior.

-Callaros los 2, recordad que aún falta BIANCO por venir para que estemos todos-. Salta la niña del lazo en medio de la pelea entre los dos chicos.

-Oh, ELI tiene razón, Nero, ¿recuerdas a BIANCO?-. HERO te lanza la pregunta directamente, esperando una respuesta por tu parte.

Mueves la cabeza hacia abajo y la subes rápidamente, como para confirmar que recuerdas a BIANCO, aunque realmente no eres capaz de imaginar su cara, solo un vago recuerdo de su personalidad.

Tras responder la pregunta de HERO, miras que un poco más atrás de él se encuentra una oscura puerta, totalmente opuesta a de la que habías salido. Al venirte este pensamiento de similitud, giras hacia la pared detrás de ti, pero no encuentras nada parecido a una puerta. Solo un papel pintado color morado que rodea la habitación.

Logras fusionarte con el ambiente por un par de horas, aunque gracias al contraste entre personalidades, resultas ser bastante invisible en esa habitación, simplemente eres distinto.

-Hmm, ya llevamos aquí un rato, BIANCO debería llegar en no much...-. Suenan 3 toques suaves mientras HERO termina su frase.

-Vaya, eso no me lo esperaba, ¡Ábrele la puerta, ELI!-. KEL, estando aún tirado señala la puerta e inmediatamente ELI deja pasar al desconocido tras de ella.

Tu mirada se desvía inmediatamente a la preciosa corona de flores que rodea la cabeza de aquel chico, los colores rojo y rosa de las plantas combinan muy bien con su pelo rubio. Tiene 2 pequeños mechones que caen en el lugar de las patillas, sin embargo, en la zona de la nuca y parte trasera de la cabeza tiene un simétrico corte, que hace que estos resalten aún más.

Otro dato que te hace desviar la mirada a más abajo es el álbum de fotos que carga consigo, que parece estar bastante lleno.

-BIANCO, ¡mira quién está aquí hoy para acompañarnos!-. Saluda ELI tras cerrar la puerta, señalándote.

BIANCO se ve muy calmado y distraído al entrar, tanto que no parece notar tu presencia, y como es normal cuando llegas a un lugar, saluda a todos los allí presentes con una sonrisa que mueve su cara de forma que casi no se le ven los ojos.

Hasta que llega a ti.

Su cara pasa de ser feliz y calmada a una mezcla entre sonrisa nerviosa y preocupación.

-¿N-Nero...?-. Retrocede un paso, pero sigue con su intento de saludo nervioso.

No entiendes el porqué de esas emociones, pero sí que te fijas en que intenta esconder su álbum de fotos todo lo posible.

-Entonces, ya que estamos todos, ¿podemos comenzar a ver el álbum de BIANCO?-. Dice HERO en el momento más oportuno, logrando cortar un poco de tensión sin darse cuenta.

-C-Creo que he no deberíamos ha-hacerlo... E-es decir, no lo he ordenado antes de venir-. Otra mentira algo difícil de creer, sigues desconcertado con la situación.

-Que más da, como si no fuésemos nosotros los que salimos en las fotos, ¡JA!-. Remata KEL, haciendo que el plan inicial se mantenga a pesar de la sugerencia de BIANCO.

BIANCO parece aceptar su derrota, y decide ir junto a todos a la mesa de una de las esquinas de la habitación. Desafortunadamente, la única silla que quedaba libre era la de tu derecha, obligándole así a sentarse junto a ti.

Una vez el álbum está encima de la mesa, y todos estáis reunidos, comienzas a sentir algo de malestar, pero no dices nada y comienzan a abrir el libro de fotos.

Pasan las páginas.

Todos comienzan a reírse, señalan con el dedo diversos lugares mientras explican anécdotas.

Todos parecen estar pasándolo bien.

Menos tú. Tú y BIANCO.

Tu malestar va aumentando a medida que las páginas pasan. No entiendes nada.

Todas las páginas son negras.

Te levantas rápidamente, los chicos parecen no notarlo pero tu corres hacia una esquina y te quedas paralizado un tiempo.

De repente notas a alguien detrás de ti.

¿Bianco?

-¿Tú también las ves así, Nero?-. Su cara sigue siendo de preocupación, de fobia, de ansiedad, pero a la vez notas que hay algo que le reconforta.

No está solo. No es el único que no ve nada en esas páginas.

Levantas la cabeza y te giras hacia él, ¿puedes intentar preguntarle?, que va, no has dicho una sola palabra hasta ahora, se te dificulta decir apenas una vocal.

Poco a poco la leve música que sonaba de fondo va subiendo de volúmen, el cielo deja de ser estrellado y se convierte en negro, los juguetes desaparecen poco a poco, pero los chicos siguen sentados en la mesa, riendo como si no ocurriese nada.

El malestar sigue aumentando, logras identificar otro sentimiento que ha estado en ti desde que cruzaste la puerta, pero que ha ido incrementando con el tiempo.

El sentimiento de soledad

La única persona que parece sentir lo mismo, algo parecido, una pequeña similitud, es BIANCO.

Pero mientras estabas absorto en tus pensamientos y sentimientos, BIANCO ha llegado hasta la puerta negra por la que había entrado, y estaba a punto de salir.

Hay una última frase que BIANCO alcanza a decirte antes de cruzar la puerta.

-Es difícil explicar lo que es la soledad cuando no tienes a nadie que te escuche, ¿no?-.

BIANCO deja la puerta cerrarse mientras avanza.

Tu cabeza comienza a ver colores en todos lados, no logras identificar nada, ni dónde, ni cuando, ni porqué.

Te acabas desmayando.

...

Cuando despiertas...

No escuchas nada. No ves nada. Tratas de abrir los ojos desconcertado, y dejas de ver negro para observar que todo lo que hay a tu alrededor es blanco, menos una bombilla cuyo cable es infinito, una manta, una puerta y un portátil.

                                                                                        Alfonse Rodríguez Morales 3ºESO-A

El descendiente restringido

Varias semanas estuvo la carta sobre la mesa hasta que por fin me decidí a abrirla. Estaba dentro de un sobre color café, y en su esquina había un sello bastante raro, nunca lo había visto. Al parecer, la carta fue escrita en el sur de Escocia por un anónimo. “Voy a por tí, no trates de esconderte”.

Esa oración me dejó pensativo durante varios minutos. Al principio pensé que sería una broma, pero esa extraña caligrafía y ese sello tan poco habitual, me hacía dudar sobre la intención de este individuo. En el hipotético caso de que esta carta sea real, ¿cuál es la razón que hace a esa persona escribirme tan agresivamente? Justo este último mes ha sido el más tranquilo del año y en ningún momento he tenido problema con algo o alguien. A no ser que… pero no, eso era muy poco probable. No pude sacar conclusión alguna, así que guardé la carta bajo llave y salí afuera a tomar el sol y relajarme un poco.

Todo me volvió a quebrar la mente, Londres, la ciudad más importante del Reino Unido, tan poblada y ruidosa, no tenía ninguna posibilidad de transmitir un profundo silencio. Parecía que todo el mundo había acordado permanecer en casa ese día.

Ya por tercera vez en menos de veinticuatro horas, me asusté de nuevo. Un hombre alto, joven y misterioso permanecía quieto y de pie en la esquina más cercana de donde yo me situaba. Él iba vestido con un traje de chaqueta gris y una elegante corbata burdeos. De repente, empezó a andar hacia mí, y paró a medio metro de distancia, permaneció diez segundos en puro silencio. De cerca, parecía incluso mucho más atractivo y llamativo, poseía unos ojos marrones color café, al igual que el sobre de esa carta…

“¿Perdóneme usted, esto le pertenece?”, fue lo que primero hizo salir de sus labios, luego, sacó de sus bolsillos aquel sobre que yo mismo había guardado bajo llave hacía ya un rato. Quedé asombrado, ¿cómo era esto posible? "Sí, eso es mío", fue lo que respondí. El hombre me dio en las manos la carta y empezó a caminar en dirección contraria. Apenas dobló la esquina, eché a correr hacia casa para volver a meter la carta en el cajón.

Decidí permanecer en casa, aquel día estaba resultando bastante raro. De haber sabido que cosas extrañas iban a suceder, no habría abierto la carta. Unas horas después pensé, ¿y si voy a la oficina de policía e informo lo que me está pasando? Pero de repente un mensaje de texto llegó a mi móvil que decía: "No te vayas demasiado lejos, ya estoy cerca". Entré en pánico, qué es lo que yo había hecho.

Diez segundos después de haber leído el mensaje, me asomé a la ventana y vi otra vez a aquel hombre. Permanecía quieto al otro lado de la calle con una enorme mochila, parecía estar enfadado. Empezó a caminar hasta la puerta de la entrada, en cuanto llegó, gritó: "¡ABRA USTED LA PUERTA WILLIAM BRUCE!" Él sabía mi nombre a la perfección, osea que probablemente ya le habrían hablado de mí y de mi familia…

"¡NO ME OBLIGUE A TIRAR LA PUERTA ABAJO!", gritó. Ni se me ocurriría la idea de dejar pasar a mi casa a ese hombre, ahora mismo parecía estar realmente loco. Fui corriendo hasta la habitación para poder esconderme, y desde allí grité: "¡¿QUÉ ES LO QUE USTED QUIERE DE MÍ!?" Esperé a una respuesta clara y concreta, y así fue, porque lo que este señor quería de mí era acabar con todos los Bruce que quedábamos en el país.

Mi familia paterna, hace varias décadas era una familia muy importante en el Reino Unido. Poseía una de las empresas más notables en el mundo, y tenía una gran relación con la familia real británica. Por ello, mi padre, mi tío y mi abuelo, quisieron hacerse con el poder absoluto en el territorio para hacerse dueños del país. Fallaron, aquel golpe de estado hizo que el resto de la familia debiera ocultar su verdadera identidad para no ser capturados. El país entero nos ve como una amenaza que debe ser censurada y tratan de buscarnos para condenar aquel intento de toma de poder. 

Hace varios años que vivo en Londres y he conseguido falsificar mi nombre, cambiar mi número de teléfono, cambiar el pasaporte por si me viese obligado a salir del país, y he conseguido un trabajo como bibliotecario en una zona algo más apartada de la ciudad. Pero finalmente me han encontrado.

Me parece injusto que por culpa de familiares tengan que venir a por mí y condenarme por el simple hecho de ser un descendiente de este asqueroso apellido. 

"¡SEÑOR WILLIAM BRUCE, ES LA ÚLTIMA VEZ QUE SE LO VOY A REPETIR, ABRA LA PUERTA Y DÉJEME PASAR!" Al parecer no iba a abandonar. Tras unos segundos de un tenso silencio, se escuchó como una bomba reventó la puerta y partes de las paredes, las ventanas y la decoración interior.

El señor entró, me obligó a salir de mi hogar y a subirme a la furgoneta negra que permanecía aparcada en el callejón de al lado de mi casa. Tenía que idealizar un plan para poder escapar o me condenarían a cadena perpetua. 

Sin tener más que elegir, ahorqué y maté a este señor de chaqueta gris. Me puse al volante y volví hacia mi casa para recoger mis posesiones más fundamentales e importantes, entre ellas la carta para no dejar rastro, y dirigirme hacia el aeropuerto.

Allí cogí un vuelo hacia Austria y ya por fin me liberé de la policía de este maldito país. Decidí construir un nuevo estilo de vida, aunque me llevó bastante tiempo poder volver a cambiarme el nombre, hacer un nuevo pasaporte y conseguir un trabajo simple y humilde.

Me fue bastante bien durante un tiempo, espero no volver a tener otro problema relacionado con el pasado de mi asquerosa familia.

                                                                            José Lozano García 3ºESO-B

La carta misteriosa

Al anochecer decidí entrar en aquella casa abandonada. Jamás imaginé que en el polvoriento cajón de la mesa encontraría un sobre cerrado. Tras la desaparición de mi hermano hace tres años, me dijeron que viniese a esta casa porque dejarían un sobre con pistas para saber donde se encontraba mi hermano. La casa estaba abandonada, estaba en mitad del bosque, solo tenía árboles alrededor. Por fuera, se podía observar que en las ventanas había agujeros como si alguien hubiese lanzado piedras o algo parecido y algunas otras tenían el cristal roto completamente, la pintura era horrible y estaba llena de humedad. La casa por dentro tenía muebles, sofás, sillas y mesas rotas, las escaleras crujían al subir y la barandilla de la escalera estaba rota. Quise abrir la carta donde encontraría pistas para encontrar a mi hermano pero no estaba segura de si abrirla o no, Después de unas semanas volví a la casa abandonada decidida a abrir el sobre y buscar a mi hermano. Pero la carta ya no estaba allí. Busqué por todas las partes de la casa, desesperada por encontrar la carta. Después de estar buscando la carta durante una hora, no encontré nada. Volví a mi casa y en el cajón de la mesa de mi habitación encontré una carta, fui corriendo a abrirla, y en la carta decía: “Si has encontrado esta carta es porque la otra la dejaste sobre la mesa y al no querer abrirla la escondimos en otro lugar, ahora con esta otra carta vas a tener que buscar la otra donde están las pista para encontrar a tu hermano. La pista para encontrar la otra carta es la siguiente: Todos los bosques son poderosos, algunos son temibles por profundos, por misteriosos, otros por oscuros y siniestros”.

Me di cuenta que lo que me quería decir la carta es que la otra carta no estaba escondida en la casa abandonada, estaba escondida en los árboles que la rodeaban. Fui en busca de la carta y la encontré entre dos ramas de un árbol justo al lado de la casa abandonada, la abrí y la carta decía: “Si has encontrado la carta, esto quiere decir que has resuelto la pista. Te queda poco para volver a ver a tu hermano, te dejo las pistas para encontrarlo: 1- Dentro de la casa hay unas escaleras y debajo una puerta pequeña, entra por ahí. 2- Después te encontrarás con unas escaleras que bajan a un sótano y allí habrá otra puerta, ábrela”.
 
Entré en la casa y abrí la puerta que había debajo de las escaleras pero tras esa puerta había otra que tenía una contraseña para poder abrirla y en la puerta ponía escrito “Mira abajo”, miré y me encontré con otro sobre, que decía: “Tienes un teléfono antiguo a la izquierda, cógelo pero no marques ningún número, solo escucha”. Miré a la izquierda y allí lo vi, un teléfono que nunca había visto antes, era negro y muy antiguo con una ruedecilla para marcar números, nunca había usado uno de esos pero no debía marcar ningún número así que, lo cogí e hice lo que ponía en la carta, escuchar. No se escuchaba nada pero al cabo de unos segundos escuché una especie de voz que decía: “Abre el cajón de la mesa y encontrarás pintado al revés el código de la puerta” y la voz dejó de hablar. Hice lo que me dijo y el código de la puerta era: 723651, lo puse en la puerta y se abrió, cuando iba a bajar elteléfono sonó y yo lo cogí, escuché la misma voz que decía: “No cometas el mismo error que yo, rompe el cable del teléfono y coge el auricular solamente y llénalo de tierra y cuando bajes mantente a la izquierda de la puerta, y cuando él baje, mátalo”. “¿Quién es el?” Le pregunté. Y la voz me respondió:” el secuestrador, que va detrás tuya a matarte para que no salves a tu hermano”. Le pregunté de nuevo: “¿Dónde está mi hermano? Y la voz me respondió: “hay una alcantarilla, está ahí escondido, ábrela y sácalo”. Y el teléfono se cortó.

Hice lo que me dijo, corte el cable, cogí el auricular y lo llené de arena. Cuando abrí la puerta se encendió la luz, una luz que parpadeaba, las escaleras crujían al bajar y las paredes del alrededor estaban llenas de humedad, cuando llegué abajo había otra puerta de metal, no se escuchaba nada al otro lado de la puerta y en cuanto la abrí, me escondí a la izquierda de la puerta y después de unos segundos, escuché unos pasos bajando por las escaleras. Apareció el secuestrador con una máscara y entero de negro con un hacha, me intentó dar, pero la esquivé y el hacha se le quedo clavada en la pared y yo le di en la cabeza con el auricular del teléfono lleno de arena, lo maté.
 
Después fui a la alcantarilla del suelo para ver si mi hermano estaba allí escondido y allí estaba él con su mirada profunda. No sabía que cambiaría mi vida para siempre. Llevaba tres años sin verme y en cuanto me vio le cambió la cara por completo, se puso a llorar dándome un abrazo y diciéndome: “sabía que volverías a por mí, te quiero”.
 
Tras años de ausencia volvió a la ciudad en la que sucedió el accidente que durante tanto tiempo quiso olvidar. Mi hermano no podía aguantar más tiempo allí donde estaba y nunca iba a olvidar como hace tres años una furgoneta negra se paró y lo metió dentro de ella, ni tampoco el lugar donde estuvo viviendo durante tres años y al secuestrador bajando una vez a la semana para darle algo de comida para que mi hermano aguantara vivo hasta que yo llegara a intentar rescatarle. Mi hermano estará conmigo ahora, pero nunca olvidará esos tres años que estuvo allí.

                                                                             María Catalán Márquez 3ºESO-B                                                    


Las tres gemas y el bosque

 


Varias semanas estuvo la carta sobre la mesa hasta que por fin me decidí a abrirla… Haelly llevaba desaparecida alrededor de dos meses. Recuerdo perfectamente que me dio aquella carta en mi cumpleaños, dos días antes de que ella desapareciera. La carta un tanto rugosa y húmeda por el frío, seguía intacta en mi mesita de noche junto a los demás regalos; simplemente me empezó a susurrar mientras se acercaba:

“Guarda bien la carta, ni se te ocurra abrirla ahora, solamente cuando estés en tu peor momento. Bajo ninguna circunstancia, se te ocurra mostrar a alguna otra persona lo que hay escrito en ella”

Sin duda después de aquello, me asuste. No le di mucha importancia y continuamos con la fiesta.

“Cada mañana veo la carta cogiendo cada vez más polvo y más suciedad, yo ya sé que ella no aparecerá, fácil; solo quiero olvidarme de todo esto, por eso leeré la dichosa carta y la tiraré” Pensé furiosa mientras daba vueltas alrededor de toda mi habitación.

Al abrir la carta, note como de aquel papel tan débil se desprendían diminutos trozos de papel, así que intente sacarla con más cuidado del sobre. Finalmente conseguí sacarla, pero algunas letras parecían mal escritas, como si lo hubiera escrito un niño de cinco años. Observe que había demasiadas abreviaturas que jamás use con ella o había leído en cualquier libro, en esta ponía:

Querida Amy, probablemente estés leyendo esto demasiado tarde, para ese entonces ya me habré ido. ¿Recuerdas que de pequeñas siempre nos daba miedo aquella casita de la señora Ride? La pequeña con moho escondida por el bosque cruzando para ir a Dallas. Siento que tú también estás en peligro, y aún más escribiéndote todo esto, pero era lo más sencillo para las dos. L3GM, dirígete hacía aquella casita, ya no somos tan pequeñas para que nos de miedo, 3GEDDC ¿o si? Cuando estés cerca de la casa lo entenderás todo, y lo único que te pido es que no me acabes odiando, siento haberte metido en todo esto. SOS

Tras leer aquello, pasarón miles de preguntas sobre mi cabeza. ¿Por qué tengo que ir a aquella casa? ¿Será aquel lugar donde esté desaparecida? ¿Por qué me dice que estoy en peligro? ¿Por qué habrá escrito dos veces el tres y aquellas letras en mayúscula? Y sobre todo, ¿Por qué me pide ayuda con: SOS? 

Sentada en mi cama rompiendo la hoja sin entender nada de lo que estaba sucediendo, logré ponerme en pie. Cogí mi mochila y en ella eche; un saco de dormir que me llevaba al campo, ropa limpia, un botiquín por si me hacía heridas en el campo, una botella de agua y mucha comida. Bajando las escaleras a toda velocidad me aproxime a la cocina, cogí un bolígrafo y un papel y escribí lo siguiente:

“Mamá estaré en casa de una amiga unos días, estarán allí sus padres, no te preocupes por mí, estaré bien”.


Me encontraba bajando la calle principal para llegar al bus y que me dejara lo más cerca posible del camino hacia la casita. Al llegar a la parada, me senté en aquel banco tan incómodo lleno de chicles pegados a los lados. 

A lo lejos vi como se iba acercando el autobús medio vacío, mientras más se acercaba más se escuchaba un chirrido insoportable. Al pararse en frente mía, el conductor se dirigió hacia mí con voz ronca:

- Señorita ¿Va a entrar o se queda?- dijo con exigencia-.

- Emm.. si, sí- contesté tras haberme distraído-.


Al caminar hacia el fondo del autobús me fijé en dos señoras, estaban sentadas chismorreando. Al fijarme bien en ellas, una señora llevaba el pelo gris; con muchas sortijas envueltas en él, una rebeca marrón y una falda negra. Sin embargo la otra mujer tenía el pelo rubio; unas gafas cuadradas de color negro, una nariz larga y caída, una chaqueta larga de color rosa pastel y una falda del mismo color que le llegaba hasta las rodillas. 

Pasé a unos centímetros de ellas para poder sentarme al final del todo, pero mi gran intriga no pudo pararse al escuchar a aquellas señoras de ochenta años. 

- ¿Has leído lo que ponía esta mañana en el periódico Margaret?- dijo la señora del pelo gris asustada-.

- No he tenido tiempo a penas de tomarme mi café,Miriam ¿Qué es lo que ponía?- contestó intrigada-.

- La señora Ride se ha escapado de aquel centro- decía la señora susurrando-. 

- ¿QUÉ?-.

Tras aquel grito se me quedaron observando un par de minutos, pero actué como si no hubiera escuchado nada y me volví a colocar bien los auriculares.

“Próxima parada…”

Me levanté del asiento y caminé hacia la puerta de salida; por la ventana empecé a notar como estaba haciéndose de noche. 

Al bajarme por fin del autobús tras un largo viaje de una hora, comencé a caminar por aquel camino que me conduciría a la casa abandonada que mencionó Haelly. Todo iba normal hasta que oí un ruido que me desconcertó en cierta forma, sonaba como una pequeña campana o como si chocaran pequeños trozos de metal entre sí. Me paré en seco en medio de dos árboles frondosos para escuchar mejor de dónde venía aquel sonido, mirase a dónde mirase no encontraba nada raro, por eso seguí con mi ruta hacia delante. Me encontraba demasiado cansada y me aparté del camino, me senté en una roca un poco más alta que mis rodillas y entonces fué cuando lo ví. Ví como una especie de color azu neón se escondía en un pino, ahí fue cuando sabía que no estaba sola. Un tanto asustada me decidí a preguntar en alto:

- ¿Hay alguien ahí?-.


Pero solo se escuchaban los latidos de mi corazón cada vez más fuerte. Como aquella luz seguía intacta detrás de aquel árbol, continué con mi camino. 

Ya más adelante, casi al llegar a la casa, a lo lejos vi que se encontraba en el suelo como una especie de pañuelo, tipo de camuflaje. Comencé a correr en aquella dirección hasta llegar a agacharme para descubrir lo que se encontraba tras aquel pañuelo. Hasta que una criatura diminuta se interpuso antes de levantar el pañuelo. 

Ahora si que estaba realmente aterrada, nunca había visto nada igual, no podría llegar a saber si podía hacerme daño o alguna otra cosa del estilo. La criatura desprendía de ella aquel color azul neón, el sonido de los cascabeles y un olor a tierra húmeda. Nos quedamos unos minutos en completo silencio el uno con el otro, la  criatura se elevaba de arriba hacia abajo y era completamente de color negro, parecía un mini fantasma, ya que se podia ver a través de el, pero los ojos eran de color blanco. Al intentar decir una palabra, la criatura empezó a dar vueltas como si fuera un tornado, de lado a lado y de arriba hacia abajo. Mientras hacía aquellos giros, de fondo sonaba muchísimos cascabeles, como si estuvieran chocando entre ellos. Cuando terminó aquel espectáculo me hizo una reverencia y simplemente se apartó hacia la derecha, haciéndome ver que podía por fin sacar el pañuelo. 

Cuidadosamente lo aparté y lo que se podía apreciar era una caja de color rojo oscuro, en la abertura para poder abrir la caja, se podía ver; un corazón enorme que envolvía la zona de la llave para  poder abrirla. Entonces dije:

- Por casualidad no tendrás una llave, ¿verdad?-.

-....

Y cuando menos me lo esperé vi a la criatura en forma de fantasma sentarse encima de aquella caja. Inmediatamente de apartarse se abrió de golpe. 

-Gracias-. le dije entusiasmada-.



No me lo podía creer, en aquella caja se encontraba tres gemas; una era de color azul, otra roja y la tercera morada. Al intentar tocar la gema de color morado se elevó hacia arriba y vino directa a mi antebrazo izquierdo. Cuando abrí los ojos tras haberlos cerrado por la impresión que me dio, observe que esta, estaba incrustada en mi piel. Intenté quitarla de encima mía, pero lo único que conseguí fue hacerme sangre.

Me sentía muy cansada así que decidí seguir adelante y pararme a descansar en la casa de la señora Ride. En el camino de ida, se fueron alineando poco a poco los árboles de la zona, haciendo ver un largo camino de pinos, por fin logré ver aquella casa a lo lejos, lo único que quería era llegar y sentarme de una vez para poder asimilar todo lo que estaba sucediendo. Me paré en frente de la pequeña casa de madera, ensimismada ante aquello, observaba como la hiedra había acaparado la mitad de la entrada de la casa. En sí por fuera, esta, era pequeña y un tanto amplia; le rodeaba por encima la hiedra y demasiado musgo en las esquinas; superiores e inferiores. A los lados de la casa solo se lograba ver un gran ventanal sucio y comido por el polvo, claro, la señora Ride la internaron en aquel centro psiquiátrico hará unos años.

Por fuera de la casa en la zona derecha, se encontraba un montón de troncos cortados y apilados perfectamente. Pero en la zona izquierda, se observaba una mesa amplia de plástico blanco comido por los bichos, y unas sillas de madera no más bajas de la cadera. 

Me acerqué a la puerta para poder entrar, pero no estaba segura si podría conseguirlo, me daba mucho asco cualquier tipo de insecto que pudiera trepar por las paredes. Sin haber tocado nada, la puerta se abrió de golpe y la pequeña criatura se escondió detrás mía del susto. Me aproxime a entrar y lo primero que vi fue una casa reluciente, sorprendentemente estaba demasiado limpia, parecía como si hubiera estado yendo alguien a limpiar el interior de la casa.

En el centro de todo se encontraba una enorme mesa de madera relativamente grande. La casa no tenía más habitaciones, solo era un cuadrado grande espacioso. 

No había ni televisión ni nada que tuviera que ver con la tecnología. En la derecha de la mesa, pegado a la pared con el gran ventanal, se encuentra una cocina, pero sin frigorífico, solo un congelador sustituyendo. Al fondo de la pared en todo lo ancho, se encontraba una fila de unas estanterías con muchos libros, todos ellos seccionados en colores como el morado, verde, azul, rojo y negro. Me aproximé a la mesa de todo el centro, ya que me percaté de que se encontraba una hoja con algo escrito:

“ Hola querida, supongo que te habrás encontrado con mi pequeño amiguito, en todo caso de que no tengas lo que venía con él, lárgate, este no es tu lugar. 

Ahora si Haelly, supongo que tendrás demasiadas dudas de lo que está pasando, de cómo se tu nombre y de como se que estarás leyendo todo esto. Ahora bien, te explico qué son esas gemas. Dependiendo de que gema hayas escogido pasará lo siguiente; La azul simboliza el agua o el viento, todo depende de cómo sea tu aura o lo que más prefieras en tu interior, esta, hará que puedas manejar el control del agua tanto creando como controlando su forma. En cambio, si no es el agua es el viento, esta, hace que puedas controlarlo haciendo rafagas de viento; huracanes o simples ventiscas. La roja simboliza el fuego, puedes llegar hasta teletransportarte a Infernatia, donde todos los seres místicos del fuego podrán ayudarte en tu emprendimiento con tu poder. La verde es de la naturaleza, pero supongo que no la habrás encontrado en la caja, es otro punto al que quería llegar, durante tu camino encontrarás a más gente como tú, confía en ellos o no lo hagas, simplemente ten cuidado en que tu gema no se apague. La morada es sumamente importante, si la llegas a tener es porque eres la más indicada para esta aventura. Esta gema si no tienes un buen control sobre ella, pueden suceder cosas muy malas y ya sabes que no queremos llegar a ese extremo. 

Lo que hace es tener el control de todas las gemas incluyendo otras magias no descubiertas, esta gema la han intentado capturar gente insensata que no han podido lograr tenerla. Si tú has llegado a conseguirla, enhorabuena, eres una de las miles de personas en años intentando hacerse con esa gema.

Ahora mismo estarás en shock, así que no te preocupes, tómate todo el tiempo que necesites hasta poder entenderlo todo y decidir qué es lo que vas a hacer y en qué tipo de persona te vas a convertir. En cuánto lo tengas decidido, dile a mi pequeño amigo Shie, lo siguiente: 1gempunperindicade. En cuánto lo hagas, automáticamente estaré junto a ti para poder enseñarte todo lo que debes saber. Por último y lo más importante; NO hagas tonterías, saludos la sr Ride.”


Me senté en un sofá que se encontraba cerca de la mesa. En cuánto pude sentarme, me acomodé y empecé a marearme, no entendía nada. Entonces fue cuando me di cuenta de que mi historia estaba apunto de comenzar.     


                                                                                    Irene García Pérez 3ºESO-A 



Desconcierto

 

 La muchacha abrió los ojos desconcertada. No recordaba nada. Ni su nombre, ni su edad, ni sus señas. No tenía cartera. Su reloj marcaba las 4:30. Estaba en un autobús. Notó la mirada del conductor sobre ella.
—Hemos llegado al final de la ruta— el conductor habló mientras ella se frotaba los ojos, la luz de una farola le estaba dando en la cara.

—¿Cómo he llegado hasta aquí? — preguntó ella.
El conductor desvió la mirada hacia el frente, de nuevo mirando a la carretera.
—Tiene que bajarse aquí.
La chica se levantó, notando un dolor que le subió por las piernas. El conductor abrió la puerta y ella bajó del autobús. Miró a su alrededor mientras oía el vehículo detrás suya arrancar y dar la vuelta, dejándola completamente sola. Estaba en una calle iluminada por farolas, aunque dos de ellas parpadeaban. Había poca luz más que eso, salvo un cartel de farmacia que producía una luz verde que indicaba la hora. 4:35am. Palpó sus bolsillos para encontrar un móvil algo viejo y completamente apagado. Al encenderlo, vió que solo tenía un 10% de batería, por lo que se apresuró a entrar en la aplicación teléfono, ya que no había muchas más aparte de esa. Sin embargo, no había llamadas recientes desde hacía más de un año, y el único nombre que aparecía en su lista de contactos era “Adam”. Marcó el número, pero nadie respondió. Levantó la vista hacia la farmacia una vez más. “Debería intentar averiguar dónde estoy.” Se acercó a la puerta, y encontró a una chica de unos 20 años. Por su cara, no esperaba ver a nadie llegar a esa hora.

—Hola...¿Puedo ayudarte en algo?
—¿Podrías decirme donde estoy, por favor? —La chica la miró con una cara extraña, y notó como analizaba su rostro. Instintivamente, llevó una mano a su mejilla para encontrar una venda.
—Estás en la calle 567—Pero al notar la mueca que hizo la chica, la farmacéutica añadió—En ... ¿Madrid?
—Ah. Gracias...
La chica salió de la farmacia. ¿Madrid? Un recuerdo le vino a la mente al oír el nombre de aquella ciudad. Ella misma haciendo las maletas, preguntándose por qué tenía que irse justo ahora, una despedida y el sonido del tren. Un sonido llenó el silencio de la noche. El móvil empezó a vibrar en su bolsillo trasero. Lo sacó y vio el nombre de Adam en la pantalla iluminada. Descolgó y
llevó el móvil a su oído. No dijo nada hasta que en la otra línea se escuchó:
—¿Iris?
...

Adam estaba durmiendo cuando un sonido lo despertó. Abrió los ojos. No podía haber sido la alarma, ya que todavía estaba oscuro. Encendió el móvil y vio que tenía una llamada perdida. Entrecerró los ojos para ver mejor el nombre. Iris. Adam se quedó paralizado. Llevaba sin saber nada de Iris más de un año. Ella le dijo que se iba a Barcelona por el trabajo de sus padres. Prometieron llamarse, pero Iris nunca le devolvió las llamadas. Unos meses después le llegó un sobre. No tenía nada escrito salvo el nombre de Iris. La carta estuvo varias semanas sobre la mesa, no se atrevía a abrirla. Sin embargo, acabó abriéndola para encontrar una nota de Iris en la que decía que estaba a salvo, y que no se preocupara por ella. Aún así, Adam se asustó, extrañándole que Iris no hubiera dicho nada más ni
la hubiera llamado.
Adam intentó contactar con Iris de diferentes formas, pero no había ni rastro de ella. Contactó con la policía después de eso, y se abrió una investigación, pero cerraron el caso al poco tiempo por falta de pruebas. Ahora lo estaba llamando. ¿Sería ella realmente? Cogió su teléfono y le devolvió la llamada. Fuera quien fuera que estaba en la otra línea no dijo nada,
por lo que preguntó.
—¿Iris? ¿Eres tú?
—¿Adam?
—Si, soy yo. ¿Dónde estás? — Adam escuchó como Iris le decía una dirección
a unas calles de donde él estaba —Voy para allá, quédate ahí.
...
Iris se despertó en una habitación que no reconoció. Agudizó el oído y escuchó pitidos y murmullo que venía de detrás de la puerta de la habitación. Estaba en un hospital. Intentó levantarse, pero solo consiguió marearse. Trató de no hacer ningún ruido, pero no debió de conseguirlo, ya que segundos después una enfermera entró a la habitación.
—¡Hola! ¿Te encuentras mejor? Ahora mismo es posible que estés un poco desorientada, pero se te pasará pronto. ¿Te acuerdas de algo? Iris intentó hacer memoria. Lo último que recordaba es haber colgado el teléfono, esperar hasta que un coche apareció por la esquina de la calle. Un chico de unos 19 años bajó del coche y la miró. Por su expresión, parecía que no había pensado verla realmente allí. El chico empezó a avanzar hacia ella, cuando empezó a marearse. No recordaba nada más después de eso.
—¿Me desmayé? —preguntó. La enfermera asintió y murmuró algo que Iris no entendió. Salió de la habitación y regresó con el mismo chico que se había bajado del coche.

...

Cuando se hizo de día, Adam estaba hablando con la enfermera sobre Iris cuando un ruido se escuchó dentro de la habitación. La enfermera le dijo que esperara allí mientras ella iba a revisar que todo estaba bien. Cuando salió, le hizo una seña silenciosa para que pasara. Iris estaba sentada en la cama.
Nadie dijo nada hasta que la enfermera llenó el silencio.
—Creo que sería mejor dejar a Iris descansar hasta que se encuentre mejor.
Podéis hablar unos minutos, pero volveré dentro de poco—con esto, dio media vuelta y salió de la habitación.
—No...No me acuerdo de mucho. Pero creo que empecé a acordarme de ti ayer. ¿Qué es lo que me ha pasado?
—Éramos mejores amigos... Un día me dijiste que tenías que irte por tus padres, pero cuando te fuiste nunca volví a saber nada más de ti. No... bueno, tus padres siempre habían sido muy estrictos contigo, aunque teníamos un teléfono para que pudieras contactar conmigo mientras no estabas, pero nunca
llamaste. No sé qué te pasó—la mirada de Iris pasó de la cara de Adam a sus brazos, llenos de vendas recién cambiadas—Los médicos han dicho que tienes amnesia post-traumática, y que te irás acordando de todo poco a poco.
— ¿Qué les ha pasado a mis padres?
—No lo sé. Es—Adam fue interrumpido por la puerta abriéndose de nuevo, la enfermera se asomó.
—Lo siento, me gustaría daros más tiempo, pero la policía ha venido para hacer algunas preguntas.
Adam dejó la habitación.
...
Unas horas después, la policía seguía interrogando a Iris. Estaba sentado en la sala de espera cuando lo llamaron para ir a testificar. Adam no entendía que podía saber él, pero no hizo preguntas. Los siguió hasta una sala vacía.
—¿Conocías a los padres de Iris? —preguntó uno de ellos.
—No mucho, creo que los vi un par de veces, ¿que ha pasado con ellos? —
Los dos policías se intercambiaron una mirada antes de que el otro contestara.
—El padre de Iris está arrestado por distintos delitos de robo, suplantación de identidad y encubrimiento. Se ha sabido hace poco que su familia estaba relacionada con una de las redes de atracadores y estafadores más grandes de España. Estamos intentando averiguar si Iris sabía esto—Adam no sabía que decir después de esto. ¿Iris lo sabía? Conocía a Iris desde hacía años, era su
mejor amiga, al principio le había resultado extraño no saber mucho de sus padres, pero con los años dejó de importarle. Solo cuando Iris le dijo que se iban por el trabajo de sus padres volvió a replanteárselo, pero ya era tarde para preguntar.
—¿Qué ha pasado con su madre?
—Su madre ha muerto de un disparo. Todavía estamos intentando saber que pasó exactamente, pero por el testimonio de su padre podríamos decir que ambos intentaron traicionar a su jefe y no salió como esperaban. Creemos que Iris fue testigo de todo esto, y que al intentar defender a su madre salió herida,
hubo un forcejeo y al final salió huyendo. Después de eso, Adam les contó lo poco que sabía y le dejaron solo con sus pensamientos.
...

 

Después de eternas horas de interrogatorio, Iris cayó rendida en la cama de su habitación. Había muchas cosas que había empezado a recordar, pero el recuerdo de la muerte de su madre le afectó de nuevo. Los policías prometieron volver al día siguiente y la dejaron descansar. Ahora que había
recuperado parte de sus recuerdos, tenía mucho en qué pensar. Los policías le habían dicho que su teoría era que sus dos padres habían querido traicionar a su jefe, pero lo cierto es que no fue así. Su padre había empezado a subir dentro de la jerarquía de la red, y se le estaba empezando a subir a la cabeza.

A causa de estos ascensos, tuvieron que mudarse a Barcelona, más cerca de la costa en caso de tener que huir. A su madre esto no le parecía bien, y ellas dos tenían planes de escapar a otro país. Fue entonces cuando le mandó la carta a Adam, pues no podían correr el riesgo de volver a Madrid después de huir, y quería que supiera que estaba bien. Sin embargo, su padre se enteró de sus planes y, cegado por el poder, las delató. Iris no podía pensar en otra cosa que no fuera eso. Su padre podría haberlas dejado ir, su madre intentó explicarle que no iban a delatarlos, simplemente querían una vida mas
tranquila, pero su padre no se arriesgó. Iris vió con sus propios ojos la ejecución de su madre. Al ver eso, Iris delató la red y al poco rato, hubo una redada. Cuando se dieron cuenta de lo que Iris había hecho, los hombres de su padre intentaron matarla a ella también. Tras un forcejeo, consiguió escapar.
¿Qué iba a pasar con ella ahora? Ya era mayor de edad legalmente, el Estado no iba a hacerse cargo de ella. Pensó en retomar los estudios, y casi se ríe al pensar en ella en la Universidad como si nada. Tal vez debería preguntarle a Adam si podía quedarse en su casa por un tiempo. Pensó en Adam. Se sentía
culpable por no haberle llamado, aunque sabía que no podía hacerlo. No quería ponerlo en peligro más de lo que lo hizo al ser su amiga. Mientras pensaba en su futuro, se quedó dormida. Tal vez, ahora que todo había acabado, podría vivir una vida tranquila como su madre habría querido.

                                                                                                    Carmen Padilla Sánchez 3ºESO-A

De nuevo en la ciudad

Tras años de ausencia, volvió a la ciudad en la que sucedió el accidente que durante tanto tiempo quiso olvidar. Durante este tiempo, ha estado luchando por descubrir quién fue el asesino del doctor Quiroga, un gran médico e investigador que por seguir con su último trabajo le llegó la muerte…

Al llegar de nuevo para investigar el caso, todo estaba cambiado, las calles, nuevas urbanizaciones, vecinos, pero lo que siempre estaba ahí era la cafetería Berlín, con su agradable olor a café recién hecho. Siempre estaba el señor Alberto para atender a los clientes.

-¡Hola! Buenos días, ¿Cómo está? Me alegro de volver a verle.

-Bien chaval, tú estás muy cambiado, ¿Qué tal por la ciudad de nuevo?

-De vacaciones descansando.

-Qué bien, pues disfruta del momento, amigo.

-Gracias, Alberto.

 

Después de saludar al señor Alberto, me fui al lugar del accidente… quería olvidar todo y aclarar de una vez lo que ocurrió. Según el mapa, tenía que ir a pie hasta llegar a la casa del Doctor Quiroga, un camino lleno de bosque abandonado, ya que nadie quería ir allí, porque según las malas lenguas estaba presente las noches del día 5, que fue la noche del accidente.La mochila pesaba y me detuve a beber agua, de pronto escuché un sonido que llegaba no muy lejos de la zona, fui allí y unos arbustos se movían sin parar, avancé…y zas! tropecé con alguien, la caída fue hacia atrás y mi sorpresa fue que era un niño de unos 12 años aproximadamente.

 

 -¿Estás bien, chico? El chico estaba asustado, lleno de barro, descalzo y        creo que días sin comer.

-¿Hola? No te voy a hacer daño,

-¿Cómo te llamas?

-Andrés dijo muy bajito…

-bien guay, yo me llamo Javier.

 

Abrí mi mochila y le ofrecí mi bocata y una botella de agua, rápidamente lo cogió pero no se lo comió.

-¿Por qué no te lo comes?

-No es para mí, mi madre necesita ayuda, por favor,

-¿Puede ayudarme?

-Claro, dime donde es el lugar y vamos. El niño parecía volar, cada vez que me adentraba en el bosque parecía que no era la ciudad que yo había visitado, sino una zona mágica…

Cuando llegamos, estaba muy cansado y lo que ví fue triste, una pobre mujer en el suelo con herida de arma blanca, no era profunda pero podía ser grave. Me armé de valor y le hice abrir al niño el botiquín para realizar con rapidez la cura de la herida.A la hora, ya estaba todo estabilizado y cerca había como una señal de fuego.Pregunté a Andrés si había casas cerca, pero por la cara de terror que puso, mi mente se puso en alerta.

- Señora ¿Quién le ha hecho esto? la mujer abría y cerraba los ojos, empezó a hablar algo que no se entendía.

-Por favor ¿Puede repetir? En ese momento me dio un papel con un símbolo… eran unas serpientes.

-¿Qué quiere decir esto? La cosa se está poniendo interesante.

 

 Llevé a la mujer al hospital como pude, fui a la comisaría y denuncié el caso, Andrés se lo llevaron para que descansara hasta el día siguiente. El caso del accidente estaba relacionado con el papel que me dio la mujer aquella noche. No dejaba de pensar en el dibujo. Quedaban un par de horas para amanecer y no quise perder tiempo. Me fui a la casa del doctor Quiroga, aquello estaba muy abandonado, la puerta de entrada no existía. De pequeño me encantaba estar en la biblioteca, había tantos libros, un mundo enorme que descubrir. Con mi linterna empecé a investigar la zona, había mucho polvo, de pronto en una moldura de una esquina empieza a girar una puerta y… había un pasadizo enorme, muy oscuro; allí no se veía nada. Seguía avanzando y cuál fue mi sorpresa cuando vi un interruptor. Pulsé y se encendió la habitación ¡que era un gran laboratorio del doctor! Aquello era alucinante, miles de pruebas, proyectos y avances médicos de un gran hombre al que le quitaron la vida. Aunque algo no encajaba, el dibujo de las serpientes….

Me fui a la zona superior de la casa, vi que no había cobertura en el móvil para consultar qué quiere decir el símbolo para buscar pistas y si está relacionado. Cuando me iba a marchar de la casa, vi que en la zona superior de la casa había una buhardilla con una puerta extraña, la observé por lo rara que era y cuál fue mi sorpresa que en lo alto de la puerta estaban las serpientes pintadas sobre la madera…. Intenté abrir la puerta, sin éxito, ya que necesitaba una combinación de números, volví a mirar la puerta por si había una pista y de nuevo el papel con el dibujo. Estaba amaneciendo y la luz entraba por las ventanas rotas de la izquierda, llegándome a los ojos. El papel como lo tenía en la mano hacia arriba se trasparenta algo por detrás y eran ¡números! estaban en forma de triángulo eran los siguientes: 804 y la puerta se abrió lentamente. Allí había utensilios extraños, animales en jaulas pero muertos, como unas especie de pócimas… en fin pero todavía había algo más, una especie de sala donde había algo de ruido, avancé despacio, escuché y desenfundé la pistola, seguía el ruido más fuerte como respiración agitada,! Alguien estaba allí encerrado! La puerta no era compleja, con un clip hice lo posible para hacer llegar al interior del pomo e hice girarlo. Lo que vi fue espantoso, un hombre anciano, sucio, sin luz, comida podrida…no sabía quién era, pero tenía que salir aquel pobre hombre de allí y hacer saber a mis compañeros lo que había descubierto. Cuando conseguí salir de allí no podía creer lo que estaba viendo, ¡era el doctor Quiroga! sus ojos eran los de siempre, astutos, inteligentes…

-Doctor ¿Cómo ha estado tanto tiempo aquí?

-Chico listo, te dije que serías un buen policía, sonrío y anduvo con dificultad.       -Tienes que sacarme de aquí con urgencia, nadie puede verme con vida,hasta que consiga hacer público mi ultimo experimento que cura un virus letal para la humanidad, pero no conviene a mucha gente, por eso el accidente, el encierro, solo he tenido contacto con una chica que mandaban con la comida.

-Ya me estaba cuadrando todo,la mujer herida,el dibujo de las serpientes…       

        -¿Quién es la chica?

-Es mi hija dijo el doctor.

-Bien entonces he visto también a un niño…

 -Sí, es mi nieto, y los dos corren peligro.

-No debe preocuparse, están a salvo le dije al buen hombre ya le contaré   con mas detalle lo que ha ocurrido,de momento vamos a mi coche y le llevaré a zona segura.

 -!A la policía no! Hay mucha gente infiltrada y debes de llevarme lejos y luego llevar a mi familia conmigo.

-Estupendo le dije, es mediodía y debe de estar en el maletero un tiempo.

-Vale, no te preocupes, estoy acostumbrado.

 

El viaje fue sin complicaciones,me despedí de Alberto, compré comida para despistar y llegamos a destino desconocido. Tres meses después, el doctor Quiroga se reunió con su familia con identidades distintas para una vida nueva y yo con un caso resuelto más y por fin conseguí olvidar un accidente que nunca llego a existir.


Marco Tamaral Monzón 3ºESO-B