jueves, 4 de noviembre de 2021

Cúrame

 

Sonya Gray. Sábado, 15 de febrero. 

— ¡Te veo mañana! 

—Claro, honey —dije separándome de la casa de Sabrina a zancadas. 

Había sido una de esas tardes imposibles de olvidar. Habíamos ido a comprar, luego a  casa de ella a ver un maratón de Fear Street con dos botes grandes de helado y muchas  risas. Que se nos acabaron con la primera puñalada de las películas. Nos lo habíamos pasado tan bien que se nos había ido el tiempo volando y antes de que  nos diéramos cuenta ya eran las una de la noche y sus padres me dijeron que ya era hora de que me fuera. 

No tenía problema. Mis padres estaban en la boda de una amiga y no sabrían que yo  había llegado a casa a esas horas.  Levanté la vista hacia el cielo estrellado. Era noche de luna nueva y hubiera estado muy  oscura de no ser por la tenue luz que emitían las farolas de la calle.  Las calles vacías y en silencio, las estrellas... Todo me daba una sensación de  tranquilidad que raras veces sentía. Caminé despacio. Disfrutaba del ambiente. Incluso tomé mis auriculares y puse una  canción de Olivia Rodrigo, la de 1 step forward and 3 steps back.  Called you on the phone today just to ask you how were... 

Calle tras calle, la canción se acabó y empezó otra. Me relajé por completo y pasé el resto del camino pensando en lo que iba a hacer cuando llegara a casa.  Me iba a dar un buen baño, de esos que duran más de una hora, hacerme unos brownies  al microondas y tumbarme en la cama a ver Anne with an E hasta que me diera sueño. 

Cruzo la última calle que queda hasta llegar a la mía y hay un grupo de personas  sentadas alrededor de un coche. 

Nada de qué preocuparse, era normal que hubiera gente de botellón a esas horas y, si no  iban muy borrachos, eran inofensivos. Tal vez uno o dos piropos desagradables, pero  nada grave.  Paso por delante de ellos incómoda, no me gustan sus actitudes. 

Oigo un silbido proveniente de un hombre sin camiseta que está sentado en el suelo.

— ¡Vaya virtudees!  Camino aun más rápido sin mirarlos. 

— ¿Damos una vuelta, preciosa?  Uno de ellos se acerca a mí. Mi puerta está al final de la calle, si tan solo...

— ¡No, gracias! 

— ¿Qué hace una tía tan buena aquí sola a estas horas?  Se están pasando ya. 

— Irme a mi maldita casa, si no os importa. 

— ¡Uuuuh!— se burlan — ¿Eres una chica difícil, eh? Cómo me ponen las tías así.

Quería cerrarles la boca de una vez y por eso hice la mayor estupidez que puede hacer  alguien.  Me planté en frente de ellos con los brazos en jarra. 

— Mirad, no soy ninguna perrita vuestra. Idle a molestar a vuestra madre. Y muy digna me giré para irme. 

Pero alguien me agarró de los brazos. 

— ¡Suéltame! —chillé retorciéndome. 

Giré la cabeza y era el hombre que iba sin camiseta. Huele a suciedad acumulada, y  cuando abrió la boca, a tabaco y alcohol. 

— Uy, no, cariño. Yo no te voy a soltar hasta que consiga de ti lo que yo quiero. 

Alarmas de pánico se desataron en mi cabeza. El hombre me soltó y los otros tres  caminaron entre risas ebrias hacia mí. 

Intenté salir corriendo, pero uno me puso la zancadilla y caí al suelo de boca. Los cuatro  se cernieron sobre mí. Abrí la boca para chillar y uno de ellos puso una mano mugrienta y  sudorosa sobre ella. Llorando ya de miedo, la mordí, y él me pegó un bofetón en la  mejilla. Dos me agarraron de brazos y piernas. 

Uno se quitó la camiseta, la enrolló y la usó para atarme la boca. Yo no podía más que  sollozar en silencio. Solté mi mano e intenté darle un puñetazo en la cara al que me había puesto la camiseta y él sacó algo de su bolsillo y me lo apoyó en la garganta.  Una navaja abierta. 

— Muy bien, gatita. Ahora estás quietecita y en silencio si no quieres que te meta esto en  el cuello y nos gocemos tu cadáver. 

Asentí entre convulsiones de miedo y de pánico. 

Dios mío, dios mío, por favor, ¿qué van a hacerme? 

—Lleváosla al coche.

NO NO NO NO NO, POR FAVOR, POR FAVOR. 

Ellos soltaron amplias risotadas y uno de ellos metió su mano bajo mi camiseta.

— ¡Eh, no vas a comer antes de nosotros! 

QUE ALGUIEN ME AYUDE, POR FAVOR. QUIERO MORIR, POR FAVOR, DIOS,  MÁTAME. 

Me levantaron del suelo y me llevaron al asiento trasero del coche. Me desataron y se  sentó uno de ellos a cada lado, el hombre de mi derecha con la navaja en el puño. Quiero decir que intenté escapar, que me defendí, pero tenía demasiado miedo. El de mi izquierda empezó a acercar su cabeza a mi cuello y yo cerré los ojos, esperando  no sentir nada si hacía eso mientras ése asqueroso pasaba la lengua por mi cuello.  El coche se detuvo frente a una casucha de un callejón de mala muerte. Me llevaron a  rastras dentro y una vez ahí, me tiraron en una cama.  Lloré, les supliqué que me dejaran ir, que les daría lo que quisieran, pero nadie me  escuchó. 

Se sentaron en la cama y comenzaron a arrancarme la ropa con manos crueles y  despiadadas, me dejaron en ropa interior y empezaron a manosearme, metiendo sus  asquerosas manos en lugares donde yo jamás había permitido el paso a ningún chico. Y cuando ellos se cernieron sobre mí con ojos cargados de lujuria y de desprecio, cerré  los ojos y todo a mi alrededor se volvió oscuridad. 

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Desperté en mitad de mi calle, toda desnuda y tapada con una sábana. A mi lado estaba  toda mi ropa.  Y recordé lo que había pasado y tapé mi boca con mis manos, sollozando con fuerza. Algo se había roto dentro de mí. Rebusqué en mi pantalón, que estaba arrugado a mi lado. Faltaba mi dinero y mi MP4,  pero mi llave sí estaba. Entré a mi casa y me tiré en el suelo, al lado de la puerta. Lloré a gritos, entre temblores y  dolor que recorría todo mi cuerpo. Nunca supe cuánto tiempo había pasado allí.  Me habían violado. 

Entré al baño, me miré al espejo. Tenía una marca roja por toda la mejilla, recuerdo del  guantazo de aquel desgraciado. Tenía señales así en mis pechos, mi abdomen, mis  nalgas y mis piernas. Desaparecerían tras un tiempo, pero las cicatrices que habían  dejado en mi alma tardarían mucho más. 

Me metí bajo la ducha, abrí la regadera y dejé resbalar el agua sobre mi cabeza,  observando el cómo caían gotas de sangre de entre mis piernas.  Me encerré en mi cuarto y lloré hasta quedarme dormida. Soñé que veía una película con  Sabrina y comíamos brownies de microondas. 

Sonya Gray 

Auriculares puestos.  Capucha subida.  Brazos cubiertos hasta las muñecas.  Y mucho maquillaje disimulando mis ojeras y recuerdos de los golpes. Así entré un mes más tarde al instituto.  He tirado todos mis tops de colores, todos mis shorts cortos y mi falda blanca.  He convertido mi armario en cinco sudaderas grises y negras y en pantalones anchos y  descoloridos.  Que ni una sola parte de mi cuerpo esté a la vista.

Porque me siento insegura cada vez que alguien pone su mirada en mi piel. Y cada vez  que mi psicóloga me coge la mano. Y hasta cuando mi padre me abraza.  He pasado un mes de mierda. 

Mis padres me encontraron hecha un ovillo y me llevaron al hospital corriendo. Tres días ingresada, escuchando informes de los daños y un largo etcétera. Me llevaron a casa y me negué a salir de ella.  Fueron a denunciar y cuando llegué a comisaría las descripciones de mierda que di no  ayudaron en nada.  Ah, y la culpa era mía según las preguntas de los agentes. 

¿Qué hacías sola a esas horas? 

¿Llevabas puesto algo indecente? 

¿Los provocaste de alguna forma? 

¿Te defendiste? 

Creí que me ayudarían, pero lo que hicieron fue empeorarlo todo.  Una semana más tarde llegaron los pensamientos.  Esos pensamientos tabúes para la sociedad, pero que están presentes en las mentes de  miles de personas. 

Acaba con esto. No puedes volver en el tiempo. En todo caso nadie te va a echar de menos. 

Estás contaminada, ya no eres nadie. Y sí, sí era tu culpa. 

No pedí ayuda. ¿Qué iba a decir?  Esto ya era asunto mío y nadie podía auxiliarme. 

Y creí que cortando en mis brazos cada día ayudaba a mitigarme. Creí que  concentrándome en el dolor que recorría mis brazos igual que la sangre que goteaba de  mis heridas, se disipaba el dolor que había anidado en mi mente.  Me equivocaba. 

Vendaba mis brazos y los tapaba con mangas largas, así nadie se daba cuenta. Y me iba deteriorando cada vez más.  Dejé de responderle a Sabrina y a Álvaro.  Borré todas mis fotos de Instagram y mis videos bailando en TikTok. Dejé de quedar, y de buscar excusas para salir. 

Dejé de hablar con chicos. Dejé de leer historias románticas. Sonya Gray dejó de existir. 

 Ahora yo solo era un fantasma que vivía encerrado en una habitación con una cuchilla de  sacapuntas como mejor compañera.  Mis padres se preocuparon mucho por mí. 

Y decidieron que ya debía volver a clases. Lloré, pataleé y grité, pero no sirvió de nada.  Al día siguiente me planté frente a la puerta del Instituto.  Y entré mirando al suelo para que no se fijara nadie en mí. Pero todo el mundo sabía lo que me había pasado.  Y no pude dar ni dos pasos sin escucharlos sobre los auriculares. 

Me llamaban, me decían palabras que no entendí.  Y yo seguí caminando hacia delante. Pero era obvio que alguien se acercaría a mí. 

—¿Tú eres la Sonya esa? Levanté la mirada y me encontré a una chica de la otra clase con la que no había hablado nunca. 

—¿Y tú quién eres? 

— Escúchame, tú eres la niña a la que han violado ¿verdad?  Una ola de frío me recorrió la espina dorsal. 

—¿Te importa?  La chica se iba a acercar más a mí, pero llegó alguien y se plantó en frente de ella.

— ¿Tú qué  haces? La otra persona era Sabrina. Mi mejor amiga, la última persona que había visto aquella  noche.  Ella me agarró del brazo, me llevó hacia el baño y cerró la puerta. Nos miramos. Y ella, sin decir nada, me dio lo que yo necesitaba. Me abrazó. Los muros que yo había estado intentando construir se derrumbaron.Comencé a sollozar sobre su hombro. Nos separamos y nos miramos a los ojos durante un rato. 

— Te he echado tanto de menos, Sonya. 

— Sabrina, Sabrina, he pasado semanas ignorándote a ti y a Álvaro, lo siento tanto,  hermana... 

— Y te entiendo, mi vida. Tenías que recuperarte. ¿Cómo estás? 

— Mejor. Sabrina, tengo miedo, me van a preguntar cosas y yo no quiero, y no quiero que se me acerquen los chicos. 

— Pues estás de suerte. Ayer se fueron todos los del último curso y hoy vienen los de  intercambio de Estados Unidos. Va a haber desconocidos en el instituto. Gente nueva que nadie sabe qué pueden estar ocultando. Sabrina no advierte mi expresión de terror. 

—Así seguro que la gente no se va a fijar tanto en lo tuyo cuando lleguen. —¿Cuándo llegan? 

— Mañana. Asiento y luego me acuerdo de alguien. 

— Oye, ¿Álvaro...? 

— Él lo sabe. Dice que va a estar contigo si le necesitas, pero no te quiere agobiar. —¿No se ha enfadado? 

—¿Por qué iba a enfadarse? 

—Bueno...

— Oye, tenemos que irnos antes de que se den cuenta los profesores de que no estamos. Me dispuse a irme pero Sabrina me agarró del brazo. Del que estaba vendado. Me envió  una ola de dolor por todo el cuerpo. 

— Quítate la capucha, Sonya. 

— No puedo. 

— Hija, pero si no quieres llamar la atención, así vas a conseguir todo lo contrario. — Es que no quiero. Ella se puso frente a mí y me bajó la capucha mirándome a los ojos. 

— No tienes que taparte la cara de esa forma, Sonya. Tranquila. Voy a estar contigo todo  el rato. La miré inquieta. 

— Vamos, vamos... Tu pelo es precioso, bebé, y tus ojos. No dejes que el mundo se  quede sin ellos—sonrió. Y dándome la mano, salimos juntas de allí. 

La gente dejó de acercarse. No de mirarme, pero sí de hablarme. Sabrina era una de las  chicas más populares del instituto, y no solo por lo guapa que era, si no porque sabía  hacerse valer entre todos y más de una vez le había pateado el trasero a quien la  molestara.  Con ella, me sentía a salvo. 

En el pasillo de clase, nos encontramos con un chico. Probablemente la segunda persona a la que había echado más de menos . Y era un chico, sí, pero era uno de mis lugares seguros. Y yo sabía que son muy pocos  los hombres de mierda que podían hacerle a una chica lo que me hicieron a mí, pero aún  son menos los que valen tanto como él. Y a pesar de eso, mi cuerpo se encogió automáticamente. 

— ¡Sonya! Has vuelto. 

— Anda. Vete a tu clase, Álvaro. 

—Tengo clase libre. 

— ¡Mentira, ahora te toca tecnología! 

— Eso, clase libre. Es que me han dicho que ha vuelto la diva, la potra, la perra...

—Álvaro... 

—Tú y yo tenemos que ponernos al día. Te vas a cagar con lo que me ha pasado. —Hazme el favor de irte . La amistad de Sabrina y Álvaro se basa en molestarse entre sí. 

Álvaro. Mi mejor amigo y vecino de enfrente desde los cinco años. Nos encontramos en  los columpios un día de lluvia en el que los dos nos habíamos escapado, yo para jugar  con el barro y él porque sus padres se estaban gritando. Intentó cortarle una trenza a  Sabrina cuando teníamos siete años y así la conocimos a ella. 

Los dos a lo largo de los años habíamos hecho un lazo entre nosotros que no se podía  romper ni con unas tijeras de titanio. Cuando sus padres peleaban en su casa, él se venía a la mía. Hicimos una casa del árbol a los 10 años y se nos cayó encima. Cuando yo  lloraba a los trece porque me sentía insuficiente e insegura, él me secaba las lágrimas; y  un día, a los quince años, él me contó que era bisexual. 

Y ese día, en mi cuarto, mirándonos a los ojos, me di cuenta de lo que éramos el uno  para el otro. Que él me había contado a mí un secreto que llevaba acarreando tanto  tiempo, que confiaba en mí igual que yo en él.Y mientras nos abrazábamos en silencio, me juré que nunca, jamás, me iba a separar de  él. Yo no sabía que él, al mismo tiempo, estaba pensando lo mismo.

Él me dirigió una mirada pícara antes de decirle a Sabrina que podía meterse la clase de  tecnología por donde quisiera. Y Sabrina reaccionó con una patada 

Y esa fue la razón de mi primera carcajada en un mes. Mis mejores amigos. Sabrina y Álvaro. Y la verdad, es que yo había entrado al instituto ese día angustiada, sola y muerta de  miedo, pero salí riendo, con Sabrina y Álvaro al lado. 

El primer día que yo había vuelto a clase, era el día más difícil. Era el día que "la niña que habían violado" iba a volver, que sería toda una novedad y que muchos la mirarían. Pero  me fui de ahí aliviada, porque supe que desde ese momento seguro que todo iría mejor. No sabía cuánto me equivocaba hasta que entré en mi casa. Porque en mi casa regresaban los pensamientos que me invadían cuando estaba en  completa soledad. Soledad. Es una palabra que puede significar muchas cosas. Hay gente que disfruta la soledad  cuando piensan en su lado positivo. Pero también puede ser muy dolorosa Me gustaría poder explicarlo. Pero… es difícil explicar lo que es la soledad cuando no tienes a nadie que te escuche.

                                                             Rim Halimi (3ºESO-A)

miércoles, 3 de noviembre de 2021

VAMT

La muchacha abrió los ojos desconcertada. No recordaba nada. Ni su nombre, ni su edad, ni sus señas. Su reloj marcaba las cuatro y media de la mañana y lo único que sabía es que veía borroso y que la luz de la farola le apuntaba directamente a la cara. Se puso en pie, se dio dos bofetadas en su propia cara para activarse un poco. Le dolía la cabeza, no recordaba lo que había pasado en esa noche aunque en su mente estaban grabadas las señas de ¨VAMT¨. Ella no sabía que significaba eso aunque empezó a recordar cosas básicas como por ejemplo que se llamaba Blanca, que vivía en el campo sola y que ese día salió de casa a las cuatro de la tarde.



La chica quería volver a su casa pero no sabía como, ya que vivía muy lejos y no tenia la menor idea de donde estaba su cartera. Por lo tanto no podía coger ningún medio de transporte como un taxi, el metro, el bus… Todavía seguía un poco aturdida, se encontraba muy mareada, con mal cuerpo y no sabía por qué estaba en esas condiciones. Las siglas no paraban de rondarle por la cabeza, pero ella no le dio importancia. Recordó que había salido con Marcos, Laura, Carlos y Eva. Recordaba que había salido con esas personas pero Blanca no les ponía cara, no tenia ni idea de quiénes eran esas cuatro personas; ella supuso que eran sus amigos ya que recordaba que estuvo con ellos gran parte del día.


Pasaba el tiempo y ella seguía con malestar en su cuerpo, por más que intentaba hacer memoria no recordaba ni un solo segundo de lo que paso el día anterior. 


Como la chica no sabia dónde estaba, ni recordaba nada, ni sabia qué hacer se puso a dar un pequeño paseo en el lugar donde estaba, el lugar era bastante bonito, un paseo al lado de la playa muy bonito, con muchas luces y con mucha vegetación. No había nadie pero pensó que era normal ya que eran casi las cinco de la mañana, su reloj, el cual no sabia como había llegado a su mano izquierda, ya que ella nunca usaba relojes marcaba la hora. Al cabo de un tiempo de estar caminando, el reloj empezó a vibrar de una manera muy extraña, así que y cuando lo giro estaba en el mismo sitio en el cual se había levantado, una roca solitaria y bastante lisa. Volvió a girar el bisel un poco hacia adelante y se encontraba en el mismo sitio donde le vibraba el reloj.


No sabia cómo era posible, las maquinas del tiempo no existían y ella perfectamente se había dado cuenta que había dado marcha atrás y adelante en el tiempo, estaba asustada, no sabía qué hacer con el reloj ya que cierto punto podría ser bastante peligroso si no estuviera en buenas manos. Se agobió tanto que dejo el reloj en el suelo durante unos 10 minutos y se puso a descansar un rato ya que todavía tenia la sensación de cansancio en el cuerpo.


La chica estaba muy dudosa y no sabia qué hacer así que cogió el reloj del suelo y se puso a investigar lo que había pasado la noche anterior.


Empezó el día bastante tranquilo cuando salieron de casa. Cogieron el bus todos, Blanca, Marcos, Laura, Carlos y Eva. Iba todo tranquilo hasta que se fueron a la fiesta. Cuando llegaron era todo un poco raro. Todo estaba muy oscuro, algo siniestro e incluso llegaba a dar algo de miedo aunque pasaron del tema y siguieron con lo suyo.


A lo largo de la noche, cada vez que Blanca se miraba el brazo tenia unos cortes muy raros. La cuarta vez que se miró el brazo estaba escrito con cortes en la piel las siglas ¨VAMT¨ que seguía sin saber lo que significaba. Al cabo de la noche estaban Blanca y sus amigos en una habitación solos, hablando de sus cosas y riéndose como siempre. Había un liquido rojizo en la sabana pero no le dieron mayor importancia, pensaron que era maquillaje y siguieron hablando.



Al cabo del tiempo de estar en la habitación, se empezaron a escuchar golpes muy fuertes y muy molestos, entraron seis hombres con cuchillos a por el grupo que estaba en la habitación y así fue como Blanca, Marcos, Laura, Carlos y Eva descubrieron que las siglas significaban ¨Vais a morir todos¨. Ella no recordaba nada porque estaba muerta y el reloj era una maquina del tiempo en la que podía ver sus últimos instantes de vida.


Alejandro Del Río López (3ºESO-F)

Una noche lo puede cambiar todo

Tras años de ausencia volvió a la ciudad en la que sucedió el accidente que durante tanto tiempo quiso olvidar. Laura debía recoger algunas cosas de su antiguo trabajo que necesitaba.  Todo era tal y como ella recordaba. Mientras caminaba por las calles podía verse a ella misma mucho tiempo atrás paseando felizmente por las aceras de su mano. Le venían los recuerdos de aquella noche, de cuando le tuvo que dejar ir. Y de repente, pasó por ese cruce, donde ocurrió el accidente. Todavía recordaba el aspecto del coche después de la tragedia: completamente destrozado. Aquella noche fue definitivamente la peor de su vida. Pablo era la única persona que le quedaba, y la había perdido. 


Pasó por la calle donde ellos vivían. Donde él le tocaba la guitarra muchas noches, donde se reían muchas veces viendo pelis en el sofá juntos…

Se le hizo muy difícil pasar por allí, pero su objetivo era recoger lo que necesitaba de la oficina y volver a su otra ciudad. Tampoco tenía una vida muy feliz allí, se sentía un poco sola y no tenía a nadie con quien pasar el rato o simplemente tener algún apoyo. 

Hacía muchos años ya que se había mudado a otra ciudad pero ella no encontraba nada que le pudiese llenar ese vacío.


Llegó a las oficinas y entró:

- Buenos días – le dijo a el recepcionista – he venido a recoger unos papeles de mi oficina, trabajé aquí hace varios años.

- Perfecto, dígame su nombre por favor.

- Laura Sánchez López.

- Sí, aquí esta. Voy a llamar a mi compañera para que suba con usted.

- Muchas gracias.

Vino la empleada, subieron las dos por el ascensor y llegaron a la oficina donde trabajaba.

- Le abro con la llave. Tiene suerte de que no haya entrado nadie a esta oficina con otro puesto de trabajo, si no los papeles no seguirían probablemente aquí.


Entraron y olía a cerrado y la habitación estaba oscura. Subieron las persianas y abrieron las ventanas. Allí seguía todo: la mesa con sus lapiceros y portapapeles, la estantería con muchísimos libros,  la silla donde pasaba muchísimas horas sentada trabajando, el perchero donde colgaba todas las mañanas su chaqueta... Laura buscó sus papeles y los cogió. Estaban exactamente en el mismo sitio.


- Ya los tengo, gracias.

- De nada. ¿Le acompaño a la salida?

- No, muchas gracias, ya bajo yo.


Bajó por las escaleras, le agobiaban mucho los ascensores. Cuando ya salió del edificio se le había hecho tarde, y a esa hora no habría trenes de vuelta, por lo tanto tenía que hacer noche ahí por mucho que le disgustara. Tenía las llaves de su antigua casa, pero ni por asomo se iba a quedar ahí, lo veía innecesario deprimirse más todavía, así que decidió ir a algún hotel de por allí y pasar la noche. 

Buscó por el móvil y encontró uno que estaba bastante cerca por lo tanto se dirigió a ese. Cuando llegó a la habitación no le disgustó. Estaba bien. Se fue a dormir enseguida porque estaba muy cansada.


A la mañana siguiente se despertó y recogió sus cosas para volverse.

Se puso a comprar su billete por internet y hasta las siete de la tarde no salía ningún tren en dirección a su destino.


- No me lo puedo creer, ¿que hago yo hasta las siete aquí? ¡Si son las once todavía!


De muy mal humor salió de la habitación, a las once y media tenía que estar fuera.

Decidió, por muy poco que le gustase, que tenía que irse por ahí a hacer tiempo antes de volverse.

Estuvo dando un paseo por la ciudad antes de buscar algún sitio para comer. Parecía que el tiempo no pasaba. Por fin llegó la hora de comer y se fue a uno de los bares donde ella solía comer, aunque cuando llegó y se le vinieron tantos recuerdos pensó que quizá no había sido tan buena idea. Pero ya no iba a irse a ningún lado, estaba cansada de andar y tenía mucha hambre. Se sentó en una mesa y se pidió un vaso de agua. Delante suya tenía a un chico que también estaba solo.


Pasó el rato y él se le acercó:

- ¿Te importa si como contigo? Es que no me gusta estar solo ahí sentado. Laura pensó al principio que que hacía aquel chico que no conocía de nada pidiéndole que si podían comer juntos, pero luego pensó que no tenía nada mejor que hacer y que tampoco le quería hacer ningún feo.

- Vale.

Se sentó en la silla que tenía delante.

- ¿Cómo te llamas?- le preguntó él.

- Laura, ¿y tú?

- Pablo.

Vaya por dios, pensó ella. Después de eso continuaron hablando y cuando se dio cuenta llevaban ahí dos horas charlando.

- Si quieres podemos ir a dar una vuelta y tomarnos un helado.

- Vale, pero a las seis y media me tengo que ir.

- Yo también, pero bueno pasamos un rato juntos.

Pasearon por la ciudad y llegó la hora de ir a la estación.

- Vaya, es la hora. - dijo Laura

- ¿Ya? Se me ha pasado muy rápido.

- A mi también, la verdad.

- Gracias por haberme regalado esta tarde, lo he pasado muy bien.

- Yo también. Debo irme o se me hará tarde. Encantada de haberte conocido Pablo.

-Igualmente Laura. Adiós.

- Adiós.


Él se fue andando y Laura cogió un taxi. Mientras estaba sentada tenía una sensación agridulce. Por un lado, estaba muy feliz de haberle conocido, pero por otro lado, no paraba de preguntarse porque no le había pedido su número o alguna forma de comunicarse con él. Igualmente, Laura no iba a volver nunca a esa ciudad, así que no lo volvería a ver. El taxi llegó a la estación y Laura se bajó del coche.

Cuando estaba sentada miraba por la ventana pensando en sus cosas.

- ¿Laura? - dijo alguien con una voz familiar.

Se dio la vuelta y ahí estaba el.

- ¿Pablo? ¿Qué haces aquí?

-Pues cogiendo un tren de vuelta a casa, me parece que lo mismo que tú.


Desde que ocurrió todo ha pasado un año. Laura ha vuelto a encontrar su lugar. Ha vuelto a encontrar a una persona que le ha llenado. Ella no se imaginaba que volvería a ser feliz, pero se ha dado cuenta de que estaba completamente equivocada. Aquí empezaba su nueva vida.


Claudia Panadero Alcántara (3ºESO-C)

La brújula que marcaba el Sur

Muchas veces creemos que más en nuestras deducciones que en los propios hechos, por esa razón yo sigo en Devon y no sobre las vías del tren de Exeter a Londres.

Pero ahora no os hablaré sobre mí, os hablaré de Richard Perkins, un expolicía y veterano de la segunda Guerra Mundial que reside al norte de Devon en una antigua Mansión de principios de siglo. Vive con su sirvienta Margaret Wilson y un par de perros de caza, sale poco y bebe mucho, por no decir que el alcohol constituye el setenta por ciento de su cuerpo.

Nos situamos en una tarde del verano de 1954, el señor Perkins estaba mirando unas fotos del accidente de 1952 en la estación de Devon. De repente, entró Margaret a la habitación y le dijo que no se hundiese en el pasado y que viviese el presente. Perkins dejó caer la instantánea, se levantó del sillón y le dijo a Margaret: ¨Usted tiene razón, quédese con la casa y el dinero que haya dentro, hoy mismo cogeré el primer tren hacia la estación de Devon City¨.

Tras años de ausencia volvió a la ciudad en la que sucedió el accidente que tanto quiso olvidar.

Dispuesto a averiguar la verdad, se dirigió a su antigua estación de policía donde preguntó por el accidente. El teniente Taylor se ofreció a ayudarle en su investigación. Comenzaron revisando los supervivientes y fallecidos, entre ellos se encontraba la unidad entera de policía de Perkins, todos muertos. No se encontraron restos humanos: una terrible explosión. Perkins empezó a contar la historia:

Un informante anónimo nos dijo que había cincuenta toneladas de explosivos bajo la estación de Devon City, ¿Usted sabe lo que puede hacer esa cantidad de explosivos? Por ese motivo fue todo el cuerpo. Yo iba con mi compañero Alan cuando vimos a un señor sospechoso con un detonador en la estación, le grité, pero no vino, así que fui a por él. Alan se quedó en la estación buscando los explosivos. Yo me dirigí hacia el sujeto, él salió huyendo de la estación y naturalmente, yo le seguí, cruzó un par de esquinas cerca de la plaza Regan y se esfumó. Dejó una nota en la que ponía una dirección, de inmediato fui a comunicarle el hallazgo a Alan, pero de camino explotó la estación llevándose la vida de 128 personas, entre ellos Alan y mi cuerpo de policía. Después de la explosión desperté en el hospital Ashcroft y les pregunté a los médicos qué había pasado y me respondieron que había tenido mucha suerte, que un trozo de hormigón del tamaño de un balón de fútbol me había dado en la cabeza. Entonces metí la mano en mi bolsillo para darme cuenta de que la dirección había desaparecido, solo recordé la calle Tower Street. Fue bastante extraño porque recordé haber visto aún hombre vestido con una gabardina beis a los pies de mi cama justo antes de desmayarme otra vez. Dos días después cuando me recuperé de la conmoción, me dirigí a la casa de Alan inicia a su mujer, Rose .Ella se echó a llorar en mi hombro, le prometí Y al asesino de su marido, ilusa de ella me creyó.

Cuando empecé la investigación Me asignaron un compañero llamado Harry, notoriamente lo primero hicimos fue ir casa por casa por aquella calle del diablo. La mitad de las casas estaban vacías, pero hubo una que nos llamó la atención: era una familia, la familia Wilson. Nos invitaron a entrar a la casa Entonces después nos dijeron que su hijo Steve se juntaba con exmilitares desertores, además nos contaron que su hijo llegó de Londres A la misma estación donde ocurrió el accidente.

Eso le bastó la policía para detenerlo a la soga, pero algo en mí decía que no era él. Después me mudé a una mansión alejada de todo aquello y seguí con mi vida.

El teniente Taylor, le miró Y le dijo: ¿Cuál era el nombre de la familia?

Perkins le respondió: Wilson

Entonces el teniente le dijo a Perkins: ¡Maldita sea¡, Wilson es el apellido de soltera de mi exmujer, Margaret Wilson, fue atropellada en el accidente, Fue un tren que iba directo a Londres.

En ese instante Perkings se quedó petrificado; me había descubierto. Rápidamente volvió a su mansión, solo para verla arder, pero en el suelo le dejé una nota: "Gracias por el dinero. Atentamente, Margaret Wilson".

Contraté a un actor y le especifiqué lo que tenía que hacer para escapar de Perkins; después fingí mi muerte sacándome sangre y colocándola en las vías junto a trozos de carne de cerdo. Después presenté mi currículum para trabajar de sirvienta en la mansión de Perkins. Coloqué una foto del accidente en su mesa y basándome en el sentido del honor de Perkins pude deducir que me dejaría su dinero porque no tendría pensado volver.

                                Jesús Tamayo Jurado (3ºESO-C)

                    

Verdad o reto

¡Riiiing¡¡Riiiing¡-Sonaba el depertador, y automáticamente me levanté como un resorte.

Os pongo en contexto: Me llamo Beth, hoy es mi primer día de universidad y la verdad estoy muy nerviosa, pero no porque tenga que trabajar más y me tenga que ir lejos de casa por mucho tiempo, a eso estoy acostumbrada, es más por el hecho de tener que compartir habitación con alguien. Resulta que yo soy una persona un poco… no sabría cómo decirlo pero me agobio muy fácilmente y que mi compañera de habitación fuese una persona molesta, no ayudaría.

Rápidamente me hice una coleta alta e hice un intento de maquillarme, y digo intento porque con toda la prisa que tenía no es que tuviese mucho tiempo para eso.

Bajé las escaleras intentando no caerme por la velocidad a la que iba, mi madre llegaría dentro de 15 minutos y todavía tenía que desayunar.

                                                     

Cuando llegamos a la Universidad (la cual estaba a unos 20 km más o menos de mi casa) mi madre lo primero que hizo, en vez de ayudarme a llevar las cosas fue correr hacia la habitación que me asignaron para ver si con suerte conseguía visualizar a mi compañera de habitación.

Con un poco de dificultad, conseguí cargar dos cajas en un solo viaje y no fue sino hasta que acomodé estas que pude divisar a tres personas en la habitación, una de ellas mi madre, con la boca abierta de par en par y sus ojos abiertos como platos, otra era una chica con un tatuaje que le llegaba del hombro hasta el codo (genial), y con múltiples piercings en la cara (más genial todavía) … y por último…allí estaba él con su mirada profunda. No sabía que cambiaría mi vida para siempre.

Estaba leyendo un libro cuya portada me resultaba familiar…espera, ¿está leyendo orgullo y prejuicio? Definitivamente tengo que hablar como sea con ese chico…

Estaba tan ocupada idealizando a ese chico cuyo nombre sigue siendo una incógnita hasta que la voz alarmada de mi madre me sacó de mis pensamientos abruptamente haciendo que de un pequeño brinco sobre el sitio debido a asombro.

-¡Nononono de ninguna manera, vamos a ir ahora mismo a reclamar a la universidad que te consiga una nueva habitación ahora mismo!-Exclamaba mi madre mientras jalaba de mi brazo con una fuerza que hasta ahora desconocía.

-Mamá, está bien, no les conocemos de nada, no está bien juzgarles -Mi madre me miraba incrédula con sus ojos azules que normalmente solían transmitirme

paz. - Mamá…- Continué -Dame 1 semana, si resultan ser tan “macarras” como aparentan serlo te juro que te llamaré y haremos todos los trámites que haya que hacer para cambiarme de habitación o incluso de universidad si es necesario.

La miraba de mi madre poco a poco se iba ablandado y la vena que estaba remarcada en su frente desapareciendo.

Sin decir alguna palabra más, se dirigió hacia el coche y me ayudó a descargar el resto de cajas. Quería quedarse a “acomodar la ropa pero sabía perfectamente que lo que quería era quedarse a vigilar a mi compañero cuyo nombre resulta ser, Tessa, y el del chico que la acompañaba era Paul.

Se hizo la noche y Tessa entró muy arreglada; con un vestido rojo vino que deja al descubierto una de sus morenas piernas , con sus ojos amarillos ámbar decorados con máscara de pestañas y un ligero tono rosa sobre sus párpados. Se acercó a mi y me dijo :

-Elisabeth arréglate ahora mismo que nos vamos a la fiesta de inauguración del primer año. -Soltó

-Uhmm pero no han anunciado nada sobre…-Antes de poder terminar la frase se adelantó a mis palabras y dijo:

-Nadie a dicho que la fiesta la organizase la universidad- Le dirigí una mirada incrédula y continuó- La fiesta va a ser en casa de unos colegas, y tú vas a venir porque me caes bien, y aparte si vamos a pasar tanto tiempo juntas tendremos que conocernos mejor. - Dijo guiñándome un ojo.

-Emm, está bien pero aún no he desempacado toda la ropa y no me a parecido sacar ningún vestido y aparte…-Iba a continuar diciendo que tenía que lavar toda la ropa pero nuevamente me interrumpió…

-No te preocupes por la ropa, tengo un vestido con brillos que te vas a caer muerta. – Afirmó y de su armario sacó un vestido grisáceo brillante de tirantes que siento que combinaría perfectamente con mis cabellos negros y mis ojos verdes. Tessa tenía una talla menos que yo lo cual era perfecto porque así el vestido podría ceñirse mejor a mi figura.

Conforme iba entrando, las miradas de todos en la sala se iban fijando en mí; bien sea por que nadie allí me conocía, porque iba acompañada de Tessa, la cual resulta ser bastante popular, o por lo grandiosa que me veía con ese vestido.

Sinceramente el lugar tenía un ambiente un tanto … macarra por así decirlo , o a lo mejor solo eran cosas mías al no haber ido nunca a una fiesta universitaria, la verdad es que se asemeja bastante a las de las películas.

Después de abrirnos paso entre la multitud, llegamos a lo que parece ser una sala de estar en la que pude distinguir a cierto chico rubio de metro ochenta sosteniendo en la mano lo que pude distinguir como un cigarro, ¿estaba fumando?, lo suponía, todo estaba siendo demasiado perfecto.

Su masculina voz me sacó de mis pensamientos cuando dijo:

-Ey…. ¿ Brittany?

-Betty - Corregí.

-Ahhh sí…Bueno a lo que iba, estamos jugando a verdad o reto, ¿te apuntas? -Su pregunta me pilló por sorpresa , pues no conocía a nadie más allí en la sala aparte de él y mi compañera de habitación , pero termine accediendo con un ligero asentimiento de cabeza sin saber porque, supongo que sería la emoción del momento.

- Está bien, parece segura de lo que está haciendo haciendo así que …¿qué tal si empiezas tú…Betty? – La mirada de la chica era desafiante pero ella no era lo que más me preocupaba , sino la clases de retos que me pondrían si escogía reto así que me decanté por verdad.

-De acuerdo, elijo verdad- Dije con más posible firmeza dirigiéndome hacia la hasta ahora desconocida .

-Está bien … ¿Alguna vez has tenido novio?.-Oh oh , me había pillado, para ser sincera nunca había tenido una relación mas allá de la que tuve con mi vecino cuando tenía 6 años , el cual curiosamente me dejó al día siguiente por mi prima. Recuerdo que intenté quemarle el triciclo que tenía pero para mí mala suerte no sabía encender un mechero…

-EHHH , pensándolo mejor elegiré reto…-Dije sin pensármelo dos veces. Error.

-Trinny no te vayas a pasar – Dijo Paul ,en vano puesto que el reto que se venía cambiaría mi vida por completo , creedme.

-Date un beso con Paul. – Dijo la que resultaba llamarse Trinny, por cierto no le pega, es un nombre de anciana. - Con lengua- La mirada de Paul parecía ser neutra , como si no le importase en absoluto.

Paul se levantó del sofá en el que segundos antes había estado sentado y se dirigió a mi , yo estaba estática en el sitio , no sabía que hacer ni cómo salir de allí sin parecer patética.

Su mirada hizo contacto con la mía mientras que mis mejillas se iban ruborizando.

Él se iba acercando mientras que yo seguía inmóvil sin saber como actuar hasta que de mi boca salió inconscientemente un “no pienso hacerlo” y me salí de allí lo más rápido que pude.

Llegué hasta lo que parece ser el jardín de la casa , allí había gente pero nada comparado con lo que había dentro . Paré a respirar hondo y relajar mis latidos lo suficiente como para poder ubicarme y volver a la universidad. Todo iba bien hasta que la voz de alguien me sacó de mi estado de paz.

-¿Qué te ha pasado ahí adentro?¿A sido por mi culpa?-Pregunta Paul a mis espaldas. Iba a contestarle justo cuando mi móvil empezó a vibrar: Mi madre

-Oye otro día hablamos sobre eso, tengo que cogerla-Dije señalando el móvil que estaba vibrando.

Al día siguiente…

La puerta está empezando a sonar … ¿quién demonios es ahora? Todavía es temprano no son ni las… ¡¿11 DE LA MAÑANA?¡ Oh por dios se suponía que hoy me harían un tour por la universidad AARGHH maldita fiesta.

Vuelven a tocar la puerta .

-¡VOOY¡ -Grito mientras intento ponerme los pantalones encima de las zapatillas, imposible .

10 minutos tardé en prepararme , tiempo en el cuál volvieron a tocar unas 5 veces más.

Cuando abrí casi me caigo de la impresión al ver allí a Paul unas llaves de coche en su dedo índice.

-Nos vamos.- Dijo , a lo que yo me limité a asentir y seguirle , total , a estas horas ya se habrá acabado el tour.

Paul estuvo conduciendo por unos 45 minutos en los que estuvimos conversando sobre sobre cosas cómo la carrera que estudiamos, a que nos queremos dedicar… etc, resulta que estudia psicología, no es que lo juzgue por su apariencia pero pensé que estudiaría algo menos serio…

Al rato llegamos a una especie de embarcadero junto a un río, la vista era bastante bonita era un lugar bastante reservado, no entiendo porque me trae aquí.

En los 15 minutos que llevamos aquí no hemos dicho nada , yo me permito apreciar mejor el paisaje y él de vez en cuando me mira con un semblante serio que a veces llega a incomodarme , sé en lo que está pensando a si que cuánto antes me lo pregunte , antes podré volver a la universidad.

-Adelante , suéltalo-Dije mientras tenía mi vista perdida en el río.

-¿Qué pasó?- Preguntó sin pelos en la lengua.

-Pues verás … no es que estés en la lista de las personas a las que les contaría esto pero… nunca he tenido novio, bueno no un novio cómo tal y bueno al no haber tenido novio tampoco he dado mi primer beso y….- Antes de que pudiese terminar la frase sus labios se fundieron con los míos en un dulce y tierno beso.

Podía sentir mis mejillas entornarse en un color carmesí. Todo estaba en silencio , pero no era un silencio incómodo , era algo agradable , pero este silencio fue interrumpido por su voz en el momento en el que dijo:

-¿Te apetece un helado?...

….

Han pasado casi dos meses desde Paul y yo somos… no sé lo que somos pero me gusta . Hoy me ha llevado a ver a su hermana , es parecida a él , tiene los ojos de un color gris y un lacio cabello rubio que ha sacado de su hermano , por la estatura que tiene , diría que no tiene más de siete años .Estuvimos hablando sobre una actuación que iban a organizar en su colegio y de que había una chica que no la dejaba ser cenicienta:

-Carmen , una chica de mi escuela , dijo que yo no podía ser cenicienta porque cenicienta tiene los ojos azules y los míos no son azules, Paul me dijo que le dijera que ella no podía ser una princesa porque está gorda y las princesas no son gordas.

-¿Le dijiste eso a Carmen?- Pregunté con asombro mientras le entregaba una mala mirada a Paul.

-Claro que nooo. Carmen no es gorda, se parece a cenicienta más que yo- Confesó con algo de tristeza-Paul dijo que podía cortarle el pelo si eso me hacía sentir mejor.

No pude aguantarlo más y estallé en risa.

Pasar tiempo con Paul se ha convertido de uno de mis pasatiempos favoritos , o mejor dicho en el único. Aún recuerdo un día de muchos otros en le que fuimos a ver el río en el que nos besamos la primera vez:

-Oye tengo algo que confesarte…- Me dijo mientras jugaba con sus manos

-¿Sí?

-Pues… verás se que llevamos mucho tiempo saliendo y…-Lo corté antes de que siguiese.

-Espera , ¿estamos saliendo? -Pregunté incrédula

-Ehh ¿sí?- preguntó algo dudoso-Yo solo me enrojecí, pero el continuó- Bueno a lo que iba , Beth , no soy bueno para ti, es decir , tengo malas juntas , fumo bebo , en cambio tu eres la perfección hecha mujer , es decir , tu notas no bajan del 9 , eres alegre , no fumas , ni bebes , y ayudas a los demás , y yo…-Dirigió su mirada al río.- Yo no soy nada de eso … y luego esta el echo de que ni si quiera le agrado a tu madre y…

Me permití acunar su suave rostro en mis manos y dejar un corto beso en sus rosados labios.

-No me importa, nada podrá cambiar lo que siento por ti.

-Te amo , mi querida Beth

Estábamos en mi dormitorio discutiendo sobre Darcy, personaje del libro "Orgullo y prejuicio", y sobre lo mal que trataba a Elizabeth , mientras que Paul observaba mis libros en las estanterías de espaldas a mí, cuando de repente su móvil se enciende debido a que le a llegado un mensaje de Trinny .No es que no confiase en él, pero por simple curiosidad leí el mensaje el cuál ponía :

-Esto está yendo demasiado lejos , tienes lejos , tienes que decírselo ya.

-Ven a las 19:00 al bar y lo hablamos.

No había entendido nada , supuso que no era nada malo a sí que decidí preguntarle a Paul quién seguía revisando mis libros.

-Oye Paul -Capté su atención y le enseñé el teléfono- ¿Qué es lo que está yendo demasiado lejos?.

El rostro de Paul empalideció de un segundo al otro , pero solo se limitó a coger el móvil , agarrar su chaqueta y soltar un “ya te lo explicaré” . Acto seguido abrió la puerta y desapareció de mi campo de visión.

“La curiosidad mató al gato” Quedensé con este refrán señores.

Entre por la puerta del bar en el que habían quedado Paul y Trinny y sorpresa mía cuando encontré allí a Tessa y a dos amigas más de Paul.

Trinny me regaló una mirada victoriosa y me dijo con una falsa sonrisa:

-Ven Betty , tengo que enseñarte algo que seguro que te va a gustar.

Me senté a su lado y justo en el momento en el que le dio play al vídeo , Paul apareció junto a uno de sus amigos , venía sonriente , pero en el momento en el que me vio, su sonrisa desvaneció por completo. El vídeo comenzó, y en él se podía ver que era de la misma fiesta de inauguración , es justo en el momento en el que yo salía de allí, se puede ver cómo sus amigos y la gente de alrededor se burlan de él por el hecho de haber rechazado su beso , todo parecía medianamente normal sino hasta que Paul dice:

-A Paul Scott nadie , le rechaza un beso , ¿Qué os apostáis a que consigo conquistarla antes de que acabe el año y luego le rompo el corazón?

Mis ojos comenzaron a humedecerse y mi vista se nubló .No quería continuar viendo el vídeo a si que salí a la puerta del local , necesitaba salir de allí cuanto antes , detrás de mí podía escuchar la voz de Paul diciendo que no era lo que

parecía . Cuando abrí la puerta me encontré que era de noche y estaba lloviendo muy fuertemente.

Perfecto , para darme más drama al asunto , pensé.

-Betty por favor escúchame -Me negué a mirarlo

-Dijiste que me amabas- Escupí

-Y lo hago-Dijo-Por favor Beth-Suplicó-, dijiste que nada podría cambiar lo que sentías por mí.

-Entonces supongo que los dos somos unos mentirosos.-Fue lo último de dije antes de salir corriendo en no se qué dirección , solo quería salir de ahí me daba igual a qué precio.

Todo estaba borroso , entre la lluvia … mis llantos , solo alcancé a ver lo que parecían ser unas luces de coche dirigiéndose a mi y escuché un último grito de Paul:

¡ELISABETH, CUIDADO!.

Y de repente todo se volvió negro

                                     Melany Leonor Martínez De las Heras  (3ºESO-C)           

martes, 2 de noviembre de 2021

As de picas

La muchacha abrió los ojos desconcertada. No recordaba nada. Ni su nombre, ni su edad, ni sus señas. No tenía cartera. Su reloj marcaba las 4:30, pero por la luz que la luna reflejaba sobre ella, pudo deducir que se había parado. La chica se encontraba en un precioso jardín lleno de flores, pero un infranqueable muro de ladrillos, de unos 4 metros de altura, se extendía hasta donde alcanzaba a ver, lo que le impedía salir de allí. Decidió andar en línea recta siguiendo aquel misterioso obstáculo. Caminó por varios minutos, incluso horas, pero su reloj, roto, no le permitía saberlo. A punto estuvo la chica de desistir, por más que avanzaba, todo eran flores y un interminable muro, pero en la lejanía divisó algo que le hizo continuar. Encontró una puerta de barrotes, como las que hay en muchas casas de campo. La puerta era extraña, decorada con motivos geométricos tales como círculos, corazones, cuadrados. Pero lo que más destacaba era una pica de póker muy grande en el centro. La muchacha se acercó a la puerta y empujó. Se le iluminaron los ojos al ver como esta puerta se abría poco a poco sin oponer resistencia, pero algo la hizo parar. En el suelo yacía una mera carta de póker, concretamente, un as de picas. La chica de golpe sintió un escalofrío y, aún teniendo la salida delante suya, se atemorizó tanto que perdió el conocimiento.


Era un martes cualquiera de octubre a las 11:24 de la mañana. No era ningún día especial. Yo me encontraba como siempre sentado en la mesa de mi despacho. Una mesa que no era demasiado grande, pero tenía el suficiente espacio para trabajar con tranquilidad. Tenía varios archivos bien ordenados alfabéticamente a la derecha, sobre distintos casos que habían sucedido recientemente. Me estaba tomando el café mientras hojeaba hojas sueltas, sin demasiado interés. Algo llamó mi atención. 

No soy más que un detective que trabaja en la policía, pero no soy nadie importante. Mi trabajo no se parece en nada a los detectives de las películas y series que detienen a grandes organizaciones y resuelven difíciles enigmas. Paso mis días resolviendo casos menores que no requieren de un gran intelecto para solucionarlos. Nadie sabe cómo me llamo, ni dónde vivo, ni mis gustos o aficiones, tampoco tengo grandes aspiraciones ni tengo una vida interesante. 

Pero cuando vi el resumen de aquel caso, me interesó tanto que no pude evitar leerlo entero. El archivo hablaba sobre unas recientes desapariciones. Eran gente ciertamente aleatoria pues no tenían nada en común: ni eran ricos, ni famosos, ni poderosos... 

Pero lo que me llamó la atención de aquel caso fue cómo, en las habitaciones de todos los desaparecidos, siempre se encontraba una única pista: una mera carta de póker, concretamente, un as de picas. No sé el porqué del interés que esto me generó, pero por primera vez desde que llegué a esa comisaría, me sentía motivado. 


Ese mismo martes por la noche, un joven universitario llamado Carlos se encontraba estudiando en su habitación, un pequeño cuarto que contaba con una cama al fondo y una mesa a la izquierda, justo al lado de una ventana. En la pared derecha se encontraba un armario empotrado, donde Carlos guardaba la poca ropa que usaba a diario y libros variados, pues le encantaba leer. Aquella noche, el compañero de piso de Carlos estaba fuera, así que el usual escándalo que la televisión del salón provocaba en todo el apartamento cuando su compañero de piso la veía, no se escuchaba. 

El único ruido que sonaba en la habitación de Carlos era el rítmico sonido de las agujas del reloj, que en algún momento, pararon. Carlos, que se había acostumbrado al sonido, se levantó extrañado a ver qué le sucedía al reloj. Las agujas marcaban las 10:43 de la noche. Miró su reloj de muñeca para poder ajustar la hora del de la pared correctamente. El reloj de muñeca estaba misteriosamente parado también, con las agujas marcando las 4:30. 

A la mañana siguiente, el compañero de piso de Carlos encontró en su escritorio una carta de póker, concretamente, un as de picas.


Al día siguiente me levanté temprano como siempre y bajé a desayunar. Vivo solo en una amplia casa de campo a 20 minutos de la ciudad. Es una casa de dos plantas con un gran salón, un comedor y una cocina en la planta baja y el baño, mi estudio y mi habitación en la planta alta.

Al terminar de desayunar, crucé el jardín y llegué hasta mi coche. 23 minutos exactos me toma llegar a la comisaría donde trabajo. Empiezo a trabajar a las 8 de la mañana usualmente pero ese día llegué algo más temprano, a las 7:40, así que decidí ir a hablar con el comisario sobre el caso del que había leído el día anterior.

No es muy difícil notar cuando el comisario está enfadado, y menos cuando está gritando histéricamente de un lado para otro. Cuando me acerqué a él se calmó un poco y entonces pude preguntarle sobre lo que pasaba.


-Ya van tres esta semana- exclamó. -Llevamos tres meses recibiendo constantes reportes de desapariciones y la única pista que tenemos son cartas de póker para parar un tren.


Le conté que estaba interesado en llevar a cabo la investigación de este caso y le pedí más información. Costó convencerle para que me ayudara, pero creo que mis evidentes ganas de trabajar en ello, le acabaron convenciendo. Me dio todos los detalles de las desapariciones y me entregó archivos más extensos que los que encontré en mi mesa el día anterior. Le dí las gracias y me marché rápidamente a mi escritorio, ansioso por leerlo todo.


Carlos se levantó sin recordar nada de lo que había sucedido, ni siquiera recordaba su nombre. No tenía nada encima, únicamente su reloj de muñeca, que se había parado marcando las 4:30. Se encontraba en un extenso jardín lleno de flores y rodeado por un alto muro de ladrillo que se extendía hasta donde alcanzaba a ver. Tras una larga caminata sin saber muy bien lo que estaba sucediendo, Carlos encontró a una muchacha rubia sentada al lado de unas margaritas mientras las miraba fijamente.


-¿Hola? -preguntó algo asustado Carlos.


La chica ni siquiera se giró a mirarle.


-¿Quién eres? -insistió.


-Ayúdame. Respondió sin dejar de mirar a las margaritas.


Carlos estaba a punto de articular una pregunta, pero perdió el conocimiento de repente.


Estuve dos horas leyendo documentos y comparándolos hasta que vi algo que me llamó la atención. La dirección de los padres de las víctimas. Parecía un detalle minúsculo que ni siquiera sé cómo llegué a notar, pero investigando descubrí que las direcciones que tenían los padres de las víctimas en sus DNIs no existían, pero todas tenían algo en común. La dirección de los padres de Carlos, el chico desaparecido la noche anterior, era: calle corazón, nº 7. La dirección de los padres de una chica desaparecida la noche anterior era: calle diamante, nº 5. 

Era evidente, no había ninguna calle en la ciudad que tuviera esos nombres, pero todos tenían en común que hacían referencia al póker. Encontré direcciones de la calle corazón, la calle pica, la calle diamante y la calle trébol.

Esto suponía un descubrimiento enorme, pues por fin había hallado un patrón entre las víctimas, así que inmediatamente me puse a investigar para descubrir cuál sería la siguiente víctima.


El reloj marcaba las 3:15 de la tarde cuando por fin encontré lo que buscaba. Muchas más personas tenían direcciones parecidas, todos tenían la calle de un palo distinto y un número que iba del 1 al 12. Examiné las direcciones de los padres de los desaparecidos en busca de un patrón, y lo averigüé. Cada persona desaparecida era el siguiente número impar (pues todos los pares ya habían desaparecido) y el siguiente palo, siguiendo un orden de: picas, diamantes, corazones y tréboles. Siguiendo este orden, sabía que la siguiente víctima sería alguien que viviese en la calle trébol, nº 9. Encontré una pareja cuya dirección correspondía a la señalada. Era un matrimonio bastante rico que llevaba una importante empresa de textiles. Tenían dos hijos, pero uno falleció en un accidente muchos años atrás. El restante se llamaba Lucas, y había heredado la empresa de sus padres. Entonces sabía quién era la víctima, pero no cuándo y dónde sería raptado. 


Le conté todo al comisario y aunque me costó convencerle, mandó agentes para que fuesen al domicilio de Lucas. El reloj marcaba las 4:54. Carlos volvió a despertar súbitamente en el mismo jardín en el que se desmayó, pero esta vez había alguien delante suya. Una mujer de unos 30 años trajeada, lo que le hacía imponer bastante, se encontraba delante de él. La mujer tenía el pelo corto y castaño, con los ojos del mismo color. Carlos se puso en pie y le preguntó qué sucedía. La mujer entonces le explicó su situación. Estaban completamente encerrados en aquel jardín que parecía un laberinto. Tenía una extensión abismal y un gran muro lo rodeaba todo. Además, si intentabas abrir la puerta que se encontraba en algún lugar de aquel infinito obstáculo que les impedía salir, se desmayaban sin motivo aparente. La mujer le explicó que llevaba allí dos semanas y recuerda poco más que su nombre. Despierta y se desmaya de forma arbitraria y, a veces, ve a más personas, pero casi nadie ha sido capaz de mantenerse cuerdo allí dentro. Además, nunca siente ni hambre ni sed, lo cual le parece muy extraño dado el tiempo que lleva allí.


Carlos se sintió atemorizado al no entender lo que estaba sucediendo, pero entonces la mujer continuó.

Recorriendo una kilométrica distancia hacia el centro del jardín, se encontraba una amplia casa de campo, una construcción de ladrillo decorada con símbolos de póker. La mujer explicó que una vez se acercó a la casa, pero al poner la mano en el pomo, perdió la conciencia y despertó de nuevo al lado del muro. Carlos seguía sin entender nada y la mujer lo notó. Rápidamente intentó cambiar de tema, y le preguntó por su nombre.


El reloj marcaba las 4:26 cuando Lucas se encontraba recogiendo su despacho para irse a comer. Lucas era un joven de veinte pocos años que había heredado una importante empresa textil tras la muerte de sus padres. Tenía el pelo rubio y los ojos marrones. Era un chico alto y delgado, y su poca masa muscular le hacía parecer incluso más joven de lo que era en realidad. Sobre él cargaba una gran responsabilidad, pero nunca le había preocupado, era una persona muy organizada e inteligente. Tras terminar de guardar todas sus pertenencias en una antigua bolsa de cuero, se dirigió hacia abajo por las escaleras, despidió a la recepcionista de su empresa y se fue a su casa. Se subió en el lujoso coche que su alto sueldo le permitía poseer, y lo arrancó. Miró su reloj, que marcaba las 4:30. Se quiso dar prisa, pues a las 5:00 había quedado con sus amigos para ver un partido de tenis, deporte del que era gran aficionado.  Al cabo de un rato, agobiado por el tráfico, miró su reloj para ver si tenía tiempo para llegar a su casa, dejar las cosas y marcharse a ver el partido. El reloj seguía marcando las 4:30, por lo que rápidamente entendió que se había parado, pero no le dio mayor importancia.


Cuando la policía llegó al domicilio de Lucas, a las 5:10 aproximadamente, encontraron la puerta abierta y su teléfono móvil encima de la mesa del salón, el cual empezó a sonar. Cuando descolgaron la llamada, un grupo de jóvenes preguntaban por el chico argumentando que era su amigo y que había quedado a las 5:00 pero no había llegado. Entonces un compañero del agente que atendía la llamada señaló al suelo, impactado. Allí se encontraba una mera carta de póker, concretamente, un as de picas.


Carlos tomó la decisión de investigar la casa sobre la que aquella chica, de nombre Laura, le había hablado. Se despidió de su nueva amiga y echó a andar hacia el centro del jardín. Tardó aproximadamente una hora en llegar a una gran casa llena de decoraciones de póker. Las persianas de la casa estaban echadas y no veía ninguna forma de entrar. Pasó un rato dando vueltas alrededor, cuando de golpe, vio una silueta que le observaba en silencio desde una ventana abierta en la planta baja. No llegaba a distinguirla muy bien, solo era capaz de ver sus ojos, profundamente negros. Luego la silueta desapareció y a los 30 segundos, se abrió la puerta de la casa. Una persona se asomó pero antes de que pudiera verla, perdió la conciencia.


A las 6:00 de la tarde, recibí una llamada del comisario, alertando sobre la desaparición de Lucas. Rápidamente, dejé todo lo que estaba haciendo y salí por la puerta. Llegué hasta mi coche y arranque para ir a comisaría. Cuando llegué, el comisario me explicó lo sucedido y me dijo que debía encontrar a la siguiente víctima, porque por fin sabíamos el patrón de las desapariciones y podríamos capturar al culpable de todo. Fui a mis archivos y busqué el nº11 de la calle pica. 


Cuando Carlos volvió a despertar, estaba en un lugar completamente distinto al jardín. Era un precioso salón con una decoración muy clásica y un gran piano en el centro. Por los grandes ventanales que daban al exterior, supo que era de noche, pero la habitación estaba iluminada por una ornamentada lámpara de techo y una vieja chimenea. Carlos estaba sentado en un sillón, pero era incapaz de moverse, su cuerpo no reaccionaba. Delante de él se encontraba la figura de un hombre alto y con ojos negros. El pelo corto y despeinado, del mismo color que los ojos. Sin embargo, tenía la vista muy nublada y era incapaz de discernir su cara. Antes de que Carlos pudiera preguntar nada, el hombre habló.

-Sé que no sabes dónde estás.- dijo una profunda voz. -Bienvenido a mi casa. Soy un humilde señor sin identidad que vive aquí apartado de todos. 


-¿Qué quieres de mí? -preguntó Carlos al borde de las lágrimas. 


-¿No recuerdas nada? -se extrañó aquel hombre. -Estamos en el nº 1 de la calle pica, ¿te suena de algo?


Entonces Carlos súbitamente sintió un escalofrío. Cuando él era pequeño, sus padres vivían en una urbanización de casas apartadas de la ciudad. Eran viviendas muy caras que sus padres pudieron costear porque eran gente influyente en aquella época. Era una urbanización creada por un multimillonario que solía jugar al póker. Entre sus muchos proyectos de inversión, creó aquellas 48 casas.

Un día, una familia muy modesta llegó a aquella urbanización. Eran amigos del dueño de las casas, y ante los problemas económicos que tenían los padres, decidió dejarles vivir en una mansión que nadie había comprado, la nº 1 de la calle pica, hasta que fuesen capaces de costearse otro lugar. 

Los ricos que allí vivían, vieron ofensivo que una familia con tan bajos recursos pudieran vivir cerca de ellos, que se sentían privilegiados por las casas que tenían. Ante este rechazo, la familia se vio enormemente rechazada por sus vecinos. Un día, mientras el niño de la familia jugaba al balón, golpeó sin querer el coche de uno de los ricos que vivían en su calle, destrozando completamente el parabrisas y abollando el capó. Tal fue la soberbia que sentían los vecinos hacia esa familia, que una noche tomaron medidas drásticas.


Era un día cualquiera de octubre a las 4:30 de la mañana cuando la casa nº 1 de la calle pica empezó a arder. Después de aquel incidente, y debido a la enorme influencia de aquellas familias, la policía hizo la vista gorda y se derrumbó toda la urbanización para no dejar rastro de lo sucedido. De aquella familia de pobres no sobrevivió nadie, o eso se creía, porque el hombre que se encontraba delante de Carlos era aquel niño que un día, jugando con él y otros niños de la urbanización, destrozó el coche de sus padres.

Después de aquel incidente, todos los padres murieron por accidentes y enfermedades y ya solo quedaban los hijos, que eran las únicas personas que sabían lo que allí sucedió realmente.


-Veo que por fin recuerdas. -dijo el hombre.


-Es imposible, tú deberías estar muerto. - exclamó Carlos aterrorizado.


El hombre se levantó de su asiento y le dio la espalda a Carlos. Entonces habló.


-Una persona puede morir, pero las ganas de venganza y el dolor que hay en ella, no.


La aparición del cadáver de Carlos, el chico que desapareció dos días antes, fue el colmo del asunto. Se encontró el cuerpo de aquel joven tirado en medio de la calle, cerca de la comisaría. No tenía ninguna herida externa y tampoco se le detectó veneno en la sangre. Es como si sencillamente se hubiese dormido. Entonces el comisario estalló. El tema se ponía cada vez más serio, y por si no fuera poco todo lo que estaba pasando, ese día desapareció otra persona más. El patrón había cambiado y no era la persona que se esperaba. Todo el cuerpo de policía buscó a las personas cuyos padres vivían en las calles indicadas para protegerlas y encontrar al culpable, al as de picas, que así habían bautizado por su modus operandi. 


Pasó un mes y seguían sucediéndose desapariciones. Aún con todo el cuerpo de policía volcado el caso, las cartas de póker seguían apareciendo y los hijos de los ricos seguían desapareciendo. En todas las casas, se descubrió que los relojes se habían parado a una hora muy concreta, las 4:30 de la madrugada.

Pero concentrado en el caso, el comisario olvidó un detalle. Aquel detective que un día le contó el patrón que seguían aquellas desapariciones. No recordaba ni su nombre, ni su cara. Todos los hijos de los ricos acabaron uno a uno en aquel hermoso jardín, y todos aquellos que descubrieron más de la cuenta, se encontraron muertos. Pero la policía no era capaz de encontrar al culpable. Yo no volví a aparecer por la comisaría desde aquel día.


Y nunca descubrirían quién fue, porque como suele pasar, nadie se acordaba ni de mi cara, ni de mi nombre, ni saben que vivo en una gran casa de campo a 20 minutos de la ciudad, decorada con símbolos de póker y con un enorme jardín. Nadie lo recordaba porque no era interesante, porque la gente tiende a olvidar y rechazar lo que no consideran importante, hasta que se arrepienten. Nadie sabría nunca nada de mí, y el que lo hiciese acabaría vagando entre mis flores para la eternidad y el único rastro que quedaría de él sería una mera carta de póker, concretamente, un as de picas.

                                                                
Mario Alcázar Palacios (3ºESO-F)